La Emergencia Malaya (1948-1960): Colonialismo, etnicismo y socialismo

(The Malayan Emergency (1948-1960): Colonialism, Ethnicity and Socialism)

 

Raúl Ramírez Ruíz

Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, España

 

Recibido: 07/11/2021; Aceptado: 26/12/2021;

 

 

 

Resumen

 

Con el nombre de Emergencia Malaya, el poder colonial británico y las élites económicas de los “asentamientos del Estrecho” camuflaron la insurrección comunista que, entre 1948 y 1960, pretendía conseguir la independencia y establecer un estado socialista en el territorio de las colonias británicas del Estrecho de Malaca. En presente artículo describirá como dicho conflicto transcendió dicho marco temporal, a través de la represión de la oposición izquierdista en Singapur y la frustración de la unión de Malasia y Singapur en 1965. En realidad, como demostraremos, la configuraron de los estados malasio y singapurense, se debe a la combinación tres factores histórico-sociales: colonialismo, socialismo y etnicismo.

 

Palabras clave

 

Emergencia Malaya – Plan Briggs - Malaysia – Partido de Acción Popular - Organización Nacional de Unidad Malaya – Malasia - Singapur

 

Abstract

 

Under the name of the Malayan Emergency, British colonial power and the economic elites of the "Straits Settlements" camouflaged the communist insurgency that, between 1948 and 1960, sought to achieve independence and establish a socialist state in the territory of the British colonies in the Straits of Malacca. This article will describe how this conflict transcended this timeframe, through the repression of the leftist opposition in Singapore and the frustration of the union of Malaysia and Singapore in 1965. In reality, as we will show, the configuration of the Malaysian and Singaporean states is due to a combination of three social-historical factors: colonialism, socialism and ethnicism.

 

Keywords

 

Malayan Emergency - Briggs Plan - Malaysia - People's Action Party - Malayan National Unity Organisation - Malaysia - Singapore

 

 

Introducción

España ha renunciado a una proyección internacional digna de mención ello lleva aparejado un abandono, o debilidad extrema, de las investigaciones académicas de la política e historia del países y áreas del extranjero. En consecuencia, temas como el de la “Emergencia Malaya” son desconocidos, no solo a nivel general, sino incluso en el ámbito académico.

La bibliografía española sobre el asunto es muy escasa porque en España, de hecho, son pocas las obras dedicadas a la historia de Asia en general, como Historia de Asia contemporánea y actual de Ramírez Ruiz et ali., o el clásico Asia contemporánea de Lucien Bianco. Si, nos referimos a las historias concretas de Malasia y Singapur, prácticamente tenemos que remitirnos a obras de divulgación o centradas en la economía, casi siempre relacionados con China y el conjunto del Asia actual.

En este artículo se va a tratar el conflicto bélico llamado la “La Emergencia Malaya” y, en torno a él, veremos cómo se configuraron los estados malasio y singapurense, proceso en el que tuvo un peso definitorio el colonialismo, el etnicismo y el socialismo.

El dibujante Sonny Liew, en su obra la “El Arte de Charlie Chan Hock Chye” es, posiblemente, el que mejor ha definido de manera plástica la “tormenta histórica” que arrasó las tierras malayas desde que se inició el declive del poder colonial británico hasta la configuración de dos estados independientes. La clave, de todo aquel periodo, fue la “confianza” que se pedía a los pueblos del estrecho de Malaca. Confía:

 

 

 

“¿En el hombre blanco, que huye en cuanto llega la guerra?

¿En los soldados [japoneses] que renunciaron a su humanidad para seguir órdenes de disparar y matar?¿O en el comunista que justifica cada acto oscuro en nombre de la revolución?¡Malasia 1950! ¡En el Pueblo nuevo vives tras alambradas de espino y bajo un estricto toque de queda! […] ¡Tal vez, después de todo, da igual en quien confíes! Solo eres un insignificante insecto arrastrado por los vientos de la historia … solo un insecto más, atrapado tras las rejas…” (Liew, 2017:93).

 

A la Sombra de Britannia

Los estados independientes que conocemos como Malasia, Singapur y Brunei son construcciones artificiales que se formaron a través de la unión de los distintos recortes coloniales que el imperio británico fue ocupando en diversos lances históricos para controlar el estrecho de Malaca, punto de vital importancia hoy como ayer. Para contextualizar su importancia debemos señalar que hoy el 70% del comercio Mundial pasa a través de él. Su valor estratégico es tal, que hoy en día es uno de los revulsivos de China para construir su gran proyecto del siglo XXI: One Belt, One Route (OBOR). China con su gran programa de la Nueva de la Ruta de la Seda trata de sortear el bloqueo marítimo que EEUU con Japón, la India, la ayuda de Singapur y la indiferencia de Indonesia, podrían imponerle al cortar el estrecho de Malaca y, con ello, asfixiar la economía china. Ese posicionamiento estratégico clave ya era palpable para los británicos en el siglo XVIII (Ramírez, 2017: 100-101) y por ello buscaron distintas maneras de controlar el Estrecho de Malaca. De sus Straits Settlements, surgirá este estado artificial llamado Malasia, un Estado federal y multiétnico. Esta última característica es la clave fundamental para entender su historia y realidad. Mientras la pujanza del “socialismo real” en plena Guerra Fría actuará como configurador final de sus fronteras y régimen político. Provocando la exclusión de sus fronteras de los otros dos estados mencionados: Singapur y Brunei. Ninguno de los cuales puede ser llamado Estado-nación desde parámetros eurocéntricos.

La existencia de estos tres estados se debe exclusivamente a su sometimiento al Imperio Británico. Éste les separó de los otros pueblos malayos de la Indonesia Holandesa; su actividad hizo que las migraciones desde China e India cambiarán su configuración étnica, lo que imposibilitará la permanencia de Singapur, en la Federación Malaya; y, además, los intereses estratégicos y económicos británicos, cuando el imperio ya se encontraba en retirada, serán la causa final de la segregación de Brunei (Ramírez, 2017: 169-178).

 

Marco histórico: Malaca y Borneo

La prueba más antigua de presencia humana en estos territorios es un cráneo de 40.000 años de antigüedad hallado en las cuevas Niah de Sarawak. Estos primeros pobladores están relacionados con los primitivos habitantes de Nueva Guinea y Australia. En la Península de Malaca los restos más antiguos corresponden al Hombre de Perak, un esqueleto de hace 13.000 años del tipo étnico del “negrito”. Al sustrato “negrito” se sumó la primera oleada inmigratoria, los senoi, que procedentes del sur de Tailandia trajeron a la zona la agricultura. En la tercera oleada de inmigrantes llegaron a la región los proto-malayos procedentes del archipiélago polinesio (1500-500 a. C.).

Hacia el siglo II d. C. la cultura malaya ya había establecido contacto con el exterior, especialmente con la India. Los comerciantes indostánicos acudían a Malaca en busca de oro, estaño y maderas de lujo.  Este contacto trasformó las sociedades malayas, con ellos llegaron, el hinduismo, el budismo y el concepto de Estado.

Al dominio cultural hindú le siguió el dominio político del reino Srivijaya de Sumatra y que rigió en el área entre los siglos VIII y XIII. Era un imperio budista que basaba su poder en el control del estrecho de Malaca, Java y el sur de Borneo.

El primer Estado poderoso puramente autóctono de Malaca fue fundado por Parameswara, un príncipe hindú de Sumatra, que declaró la independencia del Imperio Majapahit de Java. Sin embargo, fue derrotado por los javaneses y Parameswara huyó a Temasek (actual Singapur), donde fue acogido por el jefe local. Ocho días más tarde mató a su anfitrión y se declaró soberano.

Temasek-Singapur era una dependencia del Imperio Tailandés, Parameswara prosperó obviando la soberanía thai y con un ejército de piratas se hizo con el control del comercio en el paso de los estrechos. El Imperio Tailandés no podía permitir esa situación y envió un poderoso ejército para combatir la piratería. Parameswara huyó otra vez y pasó a Malaca y en el año 1400 se asentó en un minúsculo pueblecito pesquero. Inquieto, y temiendo el poder tailandés envió emisarios a la China de los Ming para ofrecerles tributo a cambio de protección. Los Ming acababan de iniciar su política marítima en busca de una ruta comercial a occidente y de esta maneara Malaca se convirtió en un puerto de escala de los navíos chinos en ruta hacia la India (Villiers, 1976: 15-49).

El Islam llegó en el siglo XIV desde la India utilizando, precisamente, esas rutas comerciales. Para el siglo XV el tercer gobernante de Malaca, el marajá Mohammed Shah (1424-1444), ya se había convertido, su hijo se declararía Sultán y llamaría a su estado “islámico”. La nueva religión influyó positivamente en el ya importante papel comercial de Malaca. Los indios musulmanes prefirieron sus puertos a los de Sumatra, convirtiendo a la península en el foco de expansión de la Fe islámica por las islas. Esta fuerza le permitió repeler por primera vez a los ataques tailandeses y el idioma malayo se convirtió en la lengua franca de la región.

Mientras, Brunei se iba convirtiendo en el puerto rival de Malaca. En el siglo XVI, ya como un Estado islámico, viviría su edad de oro sometiendo bajo su soberanía todo Borneo y hasta el Sur de Filipinas donde los españoles lo detuvieron. Porque al principio del siglo XVI aparecieron los ibéricos. Primero, los portugueses por el Oeste. Inmediatamente después, los castellanos por el Este. En 1509 los portugueses fueron recibidos por el Sultán de Malaca que, tras comprobar sus intenciones, decidió destruir sus naves. Fue el casus belli que el imperio luso esperaba. En 1511 Alfonso de Alburquerque al mando de una flota de 18 naves destruyó en un solo mes el Estado de Malaca. El sultán y su corte huyeron. Se inició así un periodo de 130 años de dominio portugués en medio de una hostilidad generalizada pues, los Estados nativos, no sólo temían su predominio comercial sino también su proselitismo.

El poder luso no se derrumbaría hasta la separación de Portugal de la Monarquía Hispánica. En 1641 los holandeses se aliaron con los sultanes de Johore y atacaron Malaca. Tras unos meses de asedio arrebataron el territorio a Portugal. Johore dejó todo el comercio en manos neerlandesas y a cambio estos protegieron a dicho sultanado. En consecuencia, a finales el siglo XVII, Johore se había convertido en la mayor potencia asiática del área. Los holandeses controlaron la ciudad de Malaca durante 150 años, pero nunca la potenciaron en medida de las posibilidades estratégicas pues sus intereses estaban en Batavia (Yakarta) (Villiers, 1976: 217-253).

 

El colonialismo británico

Ese interés estratégico si fue valorado por los británicos en su camino hacia China. En 1786, la empresa británica Jourdain, Sulivan y De Souza, con sede en Madrás (India), envió a Francis Light para negociar un tratado con el sultán de Kedah a fin de crear un asentamiento comercial en las islas de Penang. Después de diversas incidencias, el Sultán aceptó la propuesta inglesa a cambio de una renta anual y personal de 6000 pesos españoles. Light hizo prosperar el asentamiento de las Penang como puerto franco frente a los monopolios lusos y neerlandeses. Cuando Napoleón invadió Holanda, los ingleses ocuparon la península de Malaca y Java (1795). En 1818 el Reino Unido devolvió sus territorios a Holanda, pero no de buena gana y no todos.

En 1819 Stamford Raffles, que había sido gobernador británico de Java durante la ocupación napoleónica, aprovechó las disputas dinásticas del Sultanato de Johore para desembarcar en Singapur. En 1824 consiguió que el nuevo Sultán, Tengku Hussein, coronado gracias a las intrigas británicas, cediese a perpetuidad la isla de Singapur a cambio de una pensión vitalicia para el Sultán de turno. Como el propio Raffles afirmó, el Imperio Británico se acababa de hacer con “el ombligo de los países malayos”.

Los holandeses no estaban en condiciones de resistir el empuje británico y se vieron obligados a firmar el conocido como Tratado anglo-holandés de 1824 que dividía en dos zonas el área malaya. Los holandeses se quedaban con la actual Indonesia y los británicos con Malaca y Singapur. Dos años más tarde, unieron sus colonias (Malasia, Penang, Malaca y Singapur) bajo una única administración, creando así las Colonias del Estrecho o Asentamientos de los Estrechos (Ramírez, 2017: 170-171).

Los territorios británicos en aquella área se redondearon con dos grandes gestas colonialistas. De un lado la creación “la isla del León” de una ciudad comercial dinámica y, de otra, la inclusión del “salvaje” Borneo, a través de una aventura personal. La población inicial de Singapur a la hora de la imposición británica era de 150 pescadores y unos cuantos agricultores chinos. Se multiplicó inmediatamente con la afluencia de chinos, malayos e indonesios atraídos por su condición de puerto franco. Hacia 1821 ya eran más de 10.000. Los británicos, y Raffles en particular, construyeron una ciudad a la europea, con plazas, mercados, fortalezas, iglesias e incluso un jardín botánico. Además, introdujeron la costumbre de la administración separada según la raza, de tal manera que europeos, chinos, indios y malayos vivían y trabajaban en barrios separados (Palacios y Ramírez, 2011: 370-371).

Los británicos no incluyeron Borneo en su acuerdo con los holandeses, estaba demasiado alejado de las rutas importantes. Ello dio la oportunidad de probar fortuna a un aventurero. James Brooke, nacido en Benarés, joven oficial de la Compañía de Indias Orientales, decidió invertir la fortuna heredada a la muerte de su padre en 1835 para botar una goleta con la que intentar imitar a Raffles –fundador de Singapur- y poder ganar su propio “reino”. Mientras navegaba sin rumbo cerca de Borneo, tuvo noticias de la apurada situación del Sultán de Brunei, que luchaba contra un levantamiento de los nativos no musulmanes, dayak, y de los malayos de Sarawak. Se ofreció, al Sultán Muda Hassim, para sofocar la rebelión a cambio de ser nombrado rajá de Sarawak. Lo consiguió y se convirtió en Rajá de Sarawak con capital en Kuching. Pronto, el Sultán se arrepintió, pero Brooke llamó en su ayuda a la Royal Navy, con lo que consiguió consolidar su situación. Con amenazas y dádivas a los jefes nativos, fue ampliando su territorio a costa del sultán de Brunei. Acabó con la piratería y con las guerras tribales, estableciendo una dinastía de rajás que duraría hasta 1946. Sarawak y Brunei quedaban así bajo la órbita británica.

La adquisición de Sabah fue menos romántica. En 1865 el cónsul norteamericano en Brunei convenció al Sultán para que le cediera Sabah a cambio de una renta vitalicia. La concesión pasó después a un inglés, Alfred Dent y este acudió al gobierno británico para crear una Compañía Británica del Norte de Borneo en 1881 para la administración de la nueva colonia. Brunei pasó, oficialmente, a ser protectorado británico en 1888.

 

La Malasia británica se configura definitivamente

El territorio de Malasia se iría redondeando en lo que quedaba de siglo gracias al papel arbitral de los colonizadores británicos en las diputas dinásticas y entre los sultanatos de la península de Malaca. Los británicos tomaron como norma respetar la soberanía aparente del sultán –importante para el pueblo- pero incorporaban sus, estados económica y militarmente, al imperio. Poco a poco fue apareciendo el término de “Malasia Británica”. Johore y Terengganu fueron los últimos sultanatos malayos en aceptar la protección británica en fechas tan tardías como 1914 y 1919.

Los británicos desarrollaron el territorio, crearon infraestructuras y le dieron coherencia. Al mismo tiempo fomentaron la inmigración de chinos para el trabajo en minas, de indios hindúes para las plantaciones de caucho y sijs para la policía. Los malayos pronto empezaron a sentirse minoría en su propio país. Para 1931 ya había en el país 1,7 millones de chinos frente a 1,6 millones de malayos, más indios y europeos (Díaz Larrea, 2013: 123-129).

 

 

 

La Segunda Guerra Mundial

los japoneses que desembarcaron en el nordeste de la península de Malaca y ocuparon toda Malasia en los primeros meses de 1942. En un mes tomaron Kuala Lumpur y en otro estaban ante las puertas de Singapur. La fortaleza británica estaba preparada para un ataque por mar, allí apuntaba su artillería, pero no por tierra. En marzo de 1942 cayó, para humillación de los británicos que la consideraban inexpugnable. Los japoneses establecieron un cuartel general para el control del área. El territorio malayo quedó dividido en ocho provincias y al frente de cada una de ellas se colocó a un gobernador japonés. Singapur cambió de nombre y con el de Syonan (luz del Sur) pasó a ser la nueva capital malaya. Junto al gobernador nipón se estableció un sultán musulmán con el cargo de vicepresidente. El gobernador general Yamshita encarceló a todos los europeos en la cárcel-presidio de Changi y persiguió a los intelectuales, comunistas y nacionalistas chinos que habían protestado contra la agresión japonesa a China (Ramírez, 2017: 85-88). En ese marco de represión anti china las tropas niponas, entre el 18 de febrero y el 4 de marzo, llevaron a cabo la Operación Sook Ching (“purgar a través de la limpieza”) tras la conquista japonesa de Singapur en 1942 (18 de febrero y 4 de marzo), por la cual 50.000 hombres chinos, de entre 18 y 50 años, fueron seleccionados al azar para ser ejecutados, como castigo la comunidad china de Singapur por haber apoyado la campaña bélica antijaponesa en Manchuria y Malaca (Geok Boi , 2005: 231-240).

La opresión nipona sirvió para extender un movimiento de solidaridad inter-étnico (malayos, chinos e indios). Los malayos como auxiliares de los británicos se opusieron a la conquista con hechos heroicos como la batalla de la “Colina del Opio” (Bukit Chandu), librada los días 13 y 14 de febrero de 1942, justo antes de la caída de Singapur. Aunque los japoneses los superaban considerablemente en número, el teniente Adnan Saidi y los hombres de la Compañía C de la 1ª Brigada malaya mantuvieron firmes durante casi dos días, antes de ser vencidos. Al mismo tiempo, los británicos organizaron la Fuerza 136, una organización de inteligencia puesta en marcha en 1940 en los territorios del lejano oriente para organizar la resistencia anti-japonesa a través del apoyo a operaciones de información, sabotaje y guerrilla. En Malasia, su comandante en jefe fue Freddie Spencer Chapman y la mayoría de sus reclutas fueron chinos de Malaya simpatizantes o afiliados al Guomindang. Consumada la derrota, rápidamente se organizó la resistencia. Los combatientes del llamado Escuadrón 136 trabajaron con el ejército Antijaponés del Pueblo Malayo (MPAJA), pero la guerra se ganó antes de que se llevara a cabo ninguna operación conjunta a gran escala con el Escuadrón 136 (Chong Tee, 2007).

Cuando lo japoneses conquistaron Malasia y Singapur se organizó la Unión antijaponesa que pasó a denominarse Unión Antijaponesa del Pueblo Malayo (AMALIA, en inglés) que llevaba como insignia tres estrellas en representación de cada una de las razas (malayos, chinos e indios). En 1943 el Ejercito Antijaponés del Pueblo Malayo se oculta en la selva, obtiene la ayuda de las poblaciones del área Controlada por los comunistas, en febrero de dicho año formuló un programa político en nueve puntos centrados alrededor de las siguientes ideas: liberación nacional de los japoneses y de los británicos; establecimiento de una Repú­blica en la que estaban representadas todas las nacionalidades; libertades democráticas; industrialización y, finalmente, enseñanza gratuita en las diferentes lenguas nacionales. El mismo año estableció con­tacto con las fuerzas británicas de la India que aprovisionaron a las guerrillas de armas y en dinero.

En el momento de la capitulación del Japón, en agosto de 1945, los guerrilleros salieron de la selva y se presentaron en las ciudades como liberadores adelantándose a las tropas británicas, y fueron aclamados como héroes. Con la autoridad que ello les otorgaba, organizaron la persecución de los colaboracionistas de los japoneses e “imparten justicia”. Crearon los sindicatos para exigir mejores sueldos y condiciones laborales. Pero, rápidamente cuando la realidad política frustra sus ambiciones políticas, giraron hacia la lucha armada, volviendo a la selva y reiniciado la guerra.

 

Causas. La compleja configuración del Estado Malayo post-colonial

Pese a la aparente victoria temprana de las fuerzas nacionalistas, Malasia sería el último país de Asia sudoriental en conseguir la independencia. Esta se obtendría, como Federación Malaya en 1957 mientras, Singapur, tendría que esperar a 1963.

Este retraso se debió a causas estratégicas, económicas y políticas. Las razones estratégicas se centraban en que Malasia era esencial para que el Imperio británico conservara abierta la ruta marítima hacia Australia. Singapur es la llave de la ruta que une el Océano Indico con el Pacífico, el paso necesario que va de la India al Extremo Oriente: el estrecho de Malaca. Por si fuera poco, tras la retirada francesa de Vietnam y la firma del tratado de Asia Sudoriental (SEATO), los británicos pretendían convertir Malaca en una “retaguardia” para la Tailandia y, si ésta cayera, retener la posibilidad de “bloquear” Malasia, cortando la península por el istmo de Kra. Las razones económicas que retrasaron la independencia de Malasia se basaban en los grandes beneficios que reportaban al imperio británico el caucho y el estaño malayos, claves, en aquellos años, para mantener el equilibrio de la libra esterlina. Por último, las causas políticas que retrasaron la independencia de los territorios malayos se debían a las múltiples divisiones de las poblaciones nativas. El Reino Unido no se enfrentó a un movimiento nacionalista fuerte y homogéneo. La administración colonial había mantenido las divisiones territoriales y políticas de los principados malayos. Territorialmente, bajo el gobierno colonial existían tres tipos de administración. En primer lugar, las Colonias de la Corona, que era los Establecimientos de los Estrechos, que comprendían Singapur, Malaca y Penang. En segundo lugar, los Estados federados, que eran los más antiguos protectorados: Perak, Selangor, Negri Sembilan y Pahang, incorporados al imperio entre 1874 y 1888. Y, finalmente, los Estados no federados: Kedah, Perlis, Kelantan, Trengganu (incorporados en 1909) y Johore (anexionado en 1914). Existían tantas “nacionalidades”, es decir, “pasaportes” malayos, como Estados, es decir, nueve (Ramírez, 2017: 172).

Y por debajo de todo ello, se encontraban las diferencias raciales entre malayos, chinos e indios. La composición étnica de los territorios añadía una nueva capa de complejidad a este puzle colonial: en 1947, los malayos no eran más que el 43% de la población total (incluida la de Singapur), frente al 45% de chinos y al 10% de indios. Singapur era una ciudad china al 90% (Bianco, 2009: 150).

Acabada la guerra, el gobierno laborista de Attle preveía la autonomía de Malasia, dividida en dos entidades: la Unión Malaya y Singa­pur. En la Unión Malaya, la ciudadanía se concedía libremente a toda persona na­cida en Malasia o que residiese allí desde hacía cinco años. Con dicha ciudadanía se podía acceder a todos los cargos públicos sin discriminación racial. Esta propuesta fue rápidamente rechazada por la aristocracia malaya que financió una gran campaña contra dicho pro­yecto constitucional británico. Esta movilización de las élites malayas tomó forma como partido político con la fundación de la Organización Nacional de Unidad Malaya (UMNO, en inglés), a raíz de una conferencia celebrada en Kuala Lumpur, el 1 de marzo de 1946, de numerosas organizaciones políticas malayas contra la propuesta constitucional, liberal e integradora de las minorías étnicas que hacían los colonialistas británicos.

Dicha presión tuvo éxito y el 1 de febrero de 1948, la UMNO consiguió la sustitución de la Unión Malaya por la Federación Malaya. Esta federación estaba constituida por los nueve Estados de la península y dos de los tres “Establecimientos”, los de Penang y Malaca. El tercero, Singapur, formó una colonia separada. Con relación a la anterior propuesta de “Unión Malaya”, la nueva “Federación Malaya” representaba un retroceso en cuestión de libertades, derechos civiles y de ciudadanía. La Federación Malaya era un Estado que seguía subordinado a la corona británica y renunciaba a las cuotas de autogobierno prometidas por Attle. Gran Bretaña ejercía un control absoluto en los ministerios de defensa y asuntos extranje­ros. Además, el gobierno estaba en manos de un Alto Comisario que gobernaba con ayuda de un Consejo ejecutivo y de un Consejo legislativo federales, de opinión no vinculante. Con este diseño constitucional de la Federación Malaya, los sultanes vieron confirmados todos sus poderes y privilegios; continuaron, como antes, con la obligación de dejarse “asesorar” por un consejero británico sobre cualquier tipo de asunto excepto en lo tocante a la religión musulmana y a los usos malayos. En el terreno de la ciudadanía federal se produjo una gran regresión: sólo se concedía a personas que cumplieran condiciones muy estrictas de nacimiento y residencia, lo que excluía a la mayor parte de los chinos y de los indios (Ramírez, 2017: 172-175).

Ante esta situación, la reacción más indignada procedió del Partido Comunista Malayo y la comunidad china a la que se negaba a la ciudadanía. Pronto comenzaron las huelgas, el terrorismo y los sabotajes en las plantaciones. A principios de junio de 1948 estalló la insurrección en varios lugares. El 16 de junio tres británicos, gerentes de plantaciones de caucho en la provincia de Perak fueron asesinados en un atentado terrorista; el 18 de dicho mes se declaraba el Estado de Emergencia en todo el país. El comunismo lanzó una proclama invitando a la población a sublevarse contra los británicos mientras el partido pasaba a la clandestinidad.

 

Una Guerra civil llamada “La Emergencia”, 1948-1960

Daba así comienzo un estado de excepción en Malasia que se conoce como la “Emergencia” y que duró doce años. “Emergencia Malaya” fue un término creado por la administración colonial ante las presiones de los hacendados del caucho y los dueños de minas de estaño para evitar la utilización del término “guerra” que de ser usado hubiera impedido que las aseguradoras corrieran con los gastos de los daños causados en sus propiedades por atentados y sabotaje.  

La Emergencia fue en realidad una guerra de guerrillas entre las tropas colonialistas de la Commonwealth y el Ejército de Liberación Nacional Malayo, pronto, en febrero de 1949, fue rebautizado como Ejército de Liberación de las Razas Malayas (MRLA, siglas en inglés), controlado por el Partido Comunista Malayo (PCM) y que se extendió entre 1948 y 1960.

Los insurgentes llamaron a esta conflagración bélica "Guerra de Liberación Nacional Anti-Británica". La insurrección estalló apenas tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial y la rápida implementación de un ejército revolucionario se debió a que, en realidad, el Ejército Antijaponés del Pueblo Malayo, dirigido por comunistas, e, instruido, por británicos, no había sido desmovilizado. Por ello, tras la desilusión ante los cambios sociopolíticos que vivía Malaya y la frustración de la esperada independencia tras la derrota japonesa, se transformó rápidamente en una organización comunista que buscaba la revolución social y la independencia nacional.

Liderados por Chin Peng, los comunistas malayos se retiraron a áreas rurales. Se trataba de un ejército de cinco a seis mil hombres sostenidos por una organización civil, el Min Yuen (Organización de masas), de aproximadamente veinte mil personas, encargadas de la información, aprovisionamiento y propaganda. Se calcula apoyaban la insurrección 500.000 de los 3,12 millones de chinos étnicos que vivían entonces en Malaya (Tilmán, 1966: 407-419). Este apoyo de la población étnicamente china, que conformaba las clases más bajas de los “Establecimientos de los Estrechos”, se debía a que eran aquellos chinos los que soportaban las perores situaciones de la pobreza y discriminación racial del territorio malayo, pues se les consideraba inmigrantes ilegales y con ellos se reducían derechos civiles, entre ellos el derecho de voto y de ciudadanía.

El MNLA comenzó su insurrección aplicando las típicas tácticas guerrilleras: asaltaba instalaciones militares y de la policía colonial, destruían las maquinarias de las minas de estaño y las instalaciones de las plantaciones de caucho, así como cualquier otro interés de capital británico; asesinaban a europeos y asiáticos “colaboracionistas”. Todas sus acciones guerrilleras trataban de aplican las estrategias de Mao Zedong y Ho Chi-minh, es decir, su doctrina militar se basaba en los principios de la sorpresa, acción rápida y retirada, evitando el encuentro directo con las tropas gubernamentales. Ahora bien, desde el principio, fracasaron a la hora de crear "áreas liberadas" de las que habían sido expulsadas las fuerzas gubernamentales. Sus campamentos y escondites estaban en la selva tropical inaccesible y tenían una infraestructura limitada.

Frente a ellos, los británicos disponían de una gran experiencia en la guerra anti-guerrillera y eran conscientes de que se podía vencer a las guerrillas mediante tres medidas contra-insurgentes básicas. En primer lugar, hay que separar a los insurgentes del pueblo, alejándolos de sus bases sociales. En segundo lugar, se les debe combatir con sus mismas técnicas. Y, en tercer lugar, se debe ofrecer a la población nativa, incentivos y esperanzas, que hagan más atractiva la colaboración con el gobierno y sus aliados extranjeros que con los guerrilleros (Hack, 2012: 671-699). Y por encima de todo, los británicos supieron jugar con la división étnica entre “hijos de la tierra”, malayos musulmanes, y los chinos budistas-taoístas, estigmatizados como inmigrantes.

Tres fueron los comandantes británicos que hicieron frente a la “Emergencia Malaya” y sus personalidades marcaron la evolución del conflicto: Henry Gurney, el general Harold Briggs y Gerald Templer. El 1 de octubre de 1948, Gurney fue nombrado Alto Comisionado en Malaya, asumió su cargo cuando comenzaba la Emergencia Malaya y, durante los siguientes tres años, se convirtió en el principal arquitecto de la política británica frente a la insurrección. En los primeros meses, el caos y la falta de rumbo inmovilizaron al gobierno. En el frente militar, las fuerzas de seguridad no sabían cómo combatir a un enemigo que se movía libremente por la selva y contaba con el apoyo de la población rural china. En abril de 1950, el general Harold Briggs, el Director de Operaciones del Ejército Británico, tomó el control de las operaciones y estableció lo que se conocería como el “Plan Briggs”.

El plan de Briggs se basaba en la identificación, por parte de los británicos, de dos condicionantes “naturales” que jugaban contra los insurgentes: la mayoría del apoyo civil que recibían era de población de etnia china, lo que traía aparejada la hostilidad de la población malaya hacia ellos y, el segundo factor que jugaba contra la insurgencia, era la naturaleza inhóspita de la jungla malaya.

El Plan Briggs era multifacético, pero el eje fundamental sobre el que se levantó fue sobre el aislamiento de los insurgentes de sus partidarios entre la población civil. Ello implicaba la reubicación forzosa de unos 500.000 habitantes de las zonas rurales de Malaya, al menos, 400.000 de ellos eran chinos. Estas comunidades estaban asentadas en la periferia de las zonas selváticas, y eran calificados de “ocupantes ilegales” (Newsinger, 2013: 219). El plan consistió en trasladarlos a campamentos vigilados llamados "Pueblos Nuevos" o “Nuevas Aldeas”, alejados de los límites de la selva. En la mayoría de los casos, estos “pueblos” eran de nueva construcción, estaban rodeados de alambradas de púas, puestos de policía y áreas iluminadas con focos y toque de queda, como ya hemos señalado, todo ello estaba diseñado para evitar el contacto de guerrilleros y población civil (china).

Separados de sus bases de aprovisionamiento, los guerrilleros tuvieron que adentrarse cada vez más en la selva virgen. Era un movimiento, previsto dentro del Plan Briggs, que entonces pasó a aplicar otras dos medidas. En primer lugar, atacar las redes de suministro de la guerrilla. Para ello, las tropas británicas contactaron con las poblaciones nativas selváticas, poblaciones sakai (Orang Asli)” (Benjamin y Chou, 2002: 490) sin empatía alguna hacia los chinos que formaban el MNLA. A los aborígenes se le recompensó de diversas maneras su colaboración, pero, al mismo tiempo, estos aborígenes primitivos se encontraban proclives a colaborar porque fueron aterrorizados por los guerrilleros comunistas y se convirtieron en exploradores nativos, auxiliares y guías dentro de la selva para las operaciones de caza y limpieza de comando contra los guerrilleros. Los británicos tampoco despreciaron la compra o recompensa de desertores a los que incluían en sus unidades como guías para encontrar los campamentos comunistas.

La segunda medida para acabar con la posibilidad de que los guerrilleros encontraran medios para mantenerse en el interior de la selva, obtener abastecimientos, fue la destrucción de los campamentos dentro de la jungla malaya. Se buscaron las áreas despejadas para el cultivo de alimentos. Dichas zonas fueron bombardeadas con pesticidas que, a veces, también fueron lanzado sobre amplias extensiones de la selva virgen. 

El cerco sobre la guerrilla se cerró de forma natural, al ser Malasia un país sin frontera directa con ningún país comunista, ni la URSS, ni China, ni los Nord-vietnamitas podían ayudar o enviar material a unos grupos guerrilleros aislados en el interior de una selva impenetrable e inhabitable

El 6 de octubre de 1951, el Alto Comisionado británico en Malaya, Henry Gurney, fue asesinado, al parecer en un encuentro casual, por un comando guerrillero. Era popular entre la población étnicamente malaya, por lo que el atentado alejó, aún más, a esta población de los insurgentes chinos. Para sustituirlo, ese mismo mes, enero de 1952, se nombró al general Gerald Templer como el nuevo Alto Comisionado británico. Fue con Templer con quien cambió, definitivamente, la situación a favor de las fuerzas británicas. Manteniendo la presión militar, diseñada por el Plan Briggs, lanzó una campaña de lo que podríamos llamar “ganar corazones y mentes”. Para ello implementó una mejora en los “Pueblos Nuevos” asegurando ayuda médica y alimentaria. Además, se aseguró de que fueran dotados de tiendas, centros médicos, escuelas, electricidad y agua, y, al mismo tiempo, se elaboraron pequeños proyectos cooperativistas en beneficio de sus habitantes.

Mientras se mejoraban las condiciones de vida de los “desplazados”, se potenciaron las tareas de inteligencia militar. Se dotó a cada uno de los estados malayos de un Comité Ejecutivo de Guerra Estatal que incluía al Ministro Principal del Estado como presidente. Durante los dos años de mandato de Templer, dos tercios de la guerrilla fueron aniquilados y perdieron más de la mitad de sus efectivos. El MNLA fue ampliamente superado en número por las fuerzas británicas y sus aliados de la Commonwealth. El decadente imperio británico hizo un despliegue de medios, durante la Emergencia Malaya, digno de tiempos más gloriosos. El pequeño MRLA se enfrentaba a un despliegue gubernamental formado por 40.000 soldados de la Commonwealth, de los cuales 10.500 eran los temidos gurkas, además los británicos disponían de unos 80.000 auxiliares. De manera complementaria a las dos medidas anteriores, se introdujo el helicóptero, por primera vez de forma masiva, como arma anti guerrillera.

Pero al mismo tiempo, Templer, recibió instrucciones del gobierno británico de impulsar medidas inmediatas para otorgar a los residentes étnicos chinos el derecho al voto. Es fue una gran ventaja frente a las operaciones paralelas que mantenían los franceses en Indochina. Mientras, aquellos venían reimponer el colonialismo, los británicos siempre dejaron claro que ellos venía a garantizar la independencia de Malaya en un estado de libertad: “La política el Gobierno de su Majestad consiste en convertir Malaya, en el momento adecuado, en una nación que se pueda gobernar a sí misma […] El Gobierno de Su Majestad solo considerará concluida su responsabilidad  para con Malaya cuando esté seguro de que este terror comunista ha sido totalmente eliminado, y cuando se haya asegurado una camaradería de todas las unidades del país, que son las únicas que pueden conducir a un autogobierno verdadero y estable”(Zenter, 1975: 135).

Al darse cuenta de que la guerra se estaba volviendo contra el MRLA, en 1955, Chin Peng indicó que estaría listo para reunirse con funcionarios británicos junto con políticos malayos de alto nivel. Chin Peng salió de la jungla e intentó negociar con el líder de la Federación Malaya, Tunku Abdul Rahman (representante de la UNMO y de la mayoría de etnia malaya), Tan Cheng-Lock (Chén Zhēnlù, en pinyin) (representante de MCA y de los chinos de la península Malaya) y David Saul Marshall (representante de Singapur). Las negociaciones tuvieron lugar en la Escuela de Inglés del Gobierno, en la ciudad de Baling, el 28 de diciembre de 1956. La reunión tenía como objetivo diseñar el fin del conflicto, pero los representantes del gobierno malayo, encabezados por Tunku Abdul Rahman, rechazaron todas las demandas de Chin Peng, que implicaban la legalización del CPM como partido político en Malaya. Como resultado, el conflicto se intensificó y la Commonwealth envió un mayor número de tropas para ayudar a los británicos.

Con la independencia de la Federación Malaya, el 31 de agosto de 1957, bajo el primer ministro Tunku Abdul Rahman, la insurrección perdió su razón de ser como una guerra de liberación colonial.

La última resistencia con capacidad combativa real de las guerrillas del MRLA terminó en la zona pantanosa de Telok Anson en 1958. El 31 de julio de 1960, el gobierno malayo declaró terminado el Estado de Emergencia y Chin Peng partió del sur de Tailandia, dónde se había refugiado, hacia Beijing, donde fue alojado por las autoridades chinas en la Oficina de Enlace Internacional, donde se alojaron muchos otros líderes del Partido Comunista del Sudeste Asiático (Ramírez, 2016: 9 y 10).

 

La evolución política: La independencia de la Federación Malaya

La combinación de la vía política con la militar fue clave para derrotar a la insurgencia. Gurney dejó bien sentado que la Emergencia no frustraría el progreso económico y político. En abril de 1951, concedió el estatuto ministerial a los departamentos gubernamentales de las comunidades malayas y se los entregó a malayos étnicos. Así, pues, mientras la Emergencia proseguía su curso, los malayos se encaminaban por vías legales hacia la independencia. Como ya hemos dicho, a comienzos de 1952, el general Gerald Templer llegó a Malaca con plenos poderes, tanto en el campo civil como en el militar. Templer sabía que Malaca accedería al autogobierno total, por lo que con una intensa campaña de propaganda arrancó a los comunistas una de sus armas más peligrosas: la afirmación de que los ingleses luchaban para prolongar su presencia en Malasia.

Con Templer, se fue definiendo el sistema político malayo, bajo parámetros británicos, pero adaptado a la compleja realidad étnica de los asentamientos de los estrechos. Desde 1948 el estado de excepción sólo dejó subsistir dos orga­nizaciones políticas conservadoras. En febrero de 1949 nacía la Malayan Chinese Association (MCA) que, bajo la presidencia de Tan Cheng-lock se convertiría en el partido de la burguesía china, cuya finalidad principal era conseguir la amistad chino-malaya desde el anticomunismo. Este partido ayudaría a financiar el Plan Briggs de reinstalación de los refugiados en “Pueblos Nuevos”. El otro grupo político autorizado sería la única gran organi­zación malaya, la United Malayan National Organization (UMNO), que se deslizó hacia el centro y se mostró más favorable a las reivindicaciones chinas (Ramírez, 2017: 172-173).

Bajo la presidencia del Tungku (príncipe) Abdul Rahman, se llegó a una coalición UMNO-MCA que venció en las elecciones de Kuala Lumpur (1952). Este éxito incitó a encabezar el movimiento nacionalista con un tinte autonomista, no radical, que preveía la creación de una Malasia independiente en el seno de la Commonwealth.

Después de la derrota francesa en Dien Bien Phu se aceleró el proceso político. El Reino Unido prometió a la Federación y a Singapur asambleas elegidas y go­biernos responsables. En las elecciones de julio de 1955, la alianza UMNO-MCA, de la que entró a formar parte el Congreso Indio de Malasia, consiguió una aplastante victoria. Así, la conferencia de Londres (enero de 1956) reconocía la autonomía interna de la Federación, que aceptó concluir un acuerdo de de­fensa y ayuda mutua con Gran Bretaña y permanecer, después de la independencia, en el área de la libra esterlina. El 31 de agosto de 1957 se proclamó la independencia. Abdul Rahman fue elegido primer ministro (Bianco, 2009: 152-153).

La Constitución establecía un régimen federal bajo la jefatura de un primus inter pares elegido entre los nueve sultanes. El Islam fue declarado religión nacional y el malayo la única lengua oficial. En todos los apartados de la administración pública y la empresa privada se estableció un sistema de cuotas que favorecían a los malayos. Los extranjeros nacidos en la Federación o que tuvieran ocho años de residencia podían obtener la ciudadanía, lo que ampliaba las posibilidades de chinos e indios de nacionalizarse.

 

 

La situación de Singapur

Debido a su importancia estratégica y comercial para Gran Bretaña y, también, a las complicaciones que añadía su población china, la autonomía y el camino de la independencia empezaron en la isla-fortaleza mucho después. El movimiento independentista en la isla empezó a través de las protestas estudiantiles y los problemas socio-laborales, donde también se forjaron los líderes de la independencia y el futuro de Singapur. El primer incidente grave se produjo por la represión policial contra una manifestación de estudiantes chinos el 13 de mayo de 1954 (Baker, 2006: 263-265). Los estudiantes fueron defendidos por el Consejero de la Reina Británica D. N. Pritt y su asistente legal Lee Kuan Yew (Lǐ Guāngyào, en piyin), se convirtieron en los asistentes legales de los 48 estudiantes detenidos durante el incidente (Seng et al, 2011).

El segundo impulso a las reclamaciones de independencia se produjo a raíz de los disturbios de Hock Lee Bus, el 12 de mayo de 1955. Los disturbios de Hock Lee Bus enfrentaron al sindicato de trabajadores de autobuses de Singapur con la referida de autobuses y acabaron en un violento episodio que dejó 4 muertos y 31 heridos. Entre los líderes sindicales del movimiento destacó Lim Chin Siong (Lín Qīng Xiáng, en pinyin) (Frost y Balasingamchow, 2011: 409-410).

Los jóvenes Lee Kuan Yew y Lim Chin Siong se convirtieron en los líderes de la resistencia anticolonialista en Singapur. En un principio ambos se situaban a la izquierda del espectro político. Pero moderaron su discurso para ampliar su atractivo popular. Las elecciones generales a la Asamblea legislativa de 1955 fueron las primeras en las que el voto popular decidió la mayoría de los escaños de la asamblea, que antes elegía directamente el gobierno colonial británico. Además, en virtud de sus resultados se estableció un Consejo de ministros de nueve miembros, seis de ellos elegidos en la mayoría parlamenta­ria, conservando el gobernador británico el derecho de veto y el de suspensión de la Constitución (Quee, Chiang, Lysa, 2011: 80-84).

El Frente Laborista de David Marshall (Chang, 2001: 23-26) ganó las elecciones de abril de 1955 y aplastó al Partido de Acción Popular (PAP), de tendencia progresista de Lee y Lim. Marshall, de origen judío, formó gobierno con ayuda de la alianza UMNO-MCA. Con una mayoría precaria y disensiones internas, tuvo que enfrentarse, a la iz­quierda, representada por el PAP respaldado por los sindicatos y los estudiantes.

David Marshall tomó posesión de su cargo como jefe de Gobierno, con el objetivo de obtener la independencia, frente a unos británicos que negociaban “arrastrando los pies”. Marshall arrancó concesiones amenazando a los británicos con su dimisión. La reticencia de David Marshall a frenar las protestas estudiantiles y sindicales mediante el uso de la fuerza hizo que los ingleses dudaran de que la estabilidad económica y política se mantuviera si le concedían la independencia a Singapur. Marshall estaba entre la espada y la pared. Si tomaba medidas más contundentes, las autoridades coloniales se quedarían más tranquilas, pero, en Singapur, sería visto como un títere de los colonialistas. Marshall era un duro negociador, pero no consiguió que los británicos renunciaran al control de la seguridad nacional. Debemos recordar, que la guerra civil, llamada eufemísticamente “Emergencia Malaya” seguía su curso en la península, a las puertas de Singapur.

Marshall debió ceder su puesto a Lim Yew Hock (Lín Yǒufú, en pinyin), que tenía menos reservas sobre el uso de gases lacrimógenos y cañones de agua para acabar con las protestas de los estudiantes y trabajadores. Una de las primeras medidas del nuevo gobierno fue la detención de Lim Chin Siong y de otros líderes de la izquierda radical en octubre de 1956. La voluntad del nuevo jefe de gobierno para pasar a la acción tranquilizó lo suficiente a los británicos como para otorgarle el autogobierno interno de Singapur. El acuerdo, después de unas difíciles negociaciones, se alcanzó en marzo de 1957 (Turnbull, 2009: 238-260). Gran Bretaña reconocía la autonomía de Singapur, cuyo jefe no­minal sería un malayo, conservando el control de los asuntos exteriores y de la defensa. El problema de la seguridad interna se resolvió con la formación de un consejo, compuesto por siete miembros: tres británicos, tres ministros de Singapur y un represen­tante de la Federación Malaya, dónde el representante de la Federación Malaya, y no de Gran Bretaña, tenía el voto de calidad. Así se eliminaba la apariencia de control colonial y se mantenían los poderes en manos de las fuerzas conservadoras (Baker, 2006: 271-276). La Asamblea aumentó su número de miembros siendo todos elegidos por sufragio universal. Fue un tratado fuertemente criticado por Marshall que lo calificó de “podredumbre de las tres cuartas partes de la independencia” (Liew, 2017: 131).

Entre tanto, Lim Chin Siong y el resto de los presos políticos continuaban en prisión, mostrando la lealtad de las autoridades singapurenses al compromiso anticomunista de los colonialistas británicos que seguían luchando en Malaya frente a la insurrección comunista (Heng Che, 2001: 117). Su prolongado encarcelamiento subrayaba el sentido de tener el poder sobre la seguridad nacional, ya que así se garantizaba el derecho a retener a los individuos de forma indefinida sin juicio alguno (Heng Che, 2001: 18-48).

Las elecciones generales convocadas para mayo de 1959, fueron diseñadas para configurar el primer gobierno nacional independiente de Singapur. Todos los escaños de la Asamblea Legislativa se elegirían por votación popular por primera vez. En dichas elecciones, el Partido de Acción Popular (PAP) consiguió una aplastante victoria. Su jefe, Lee Kuan Yew que por aquel entonces seguía siendo un joven abogado chino, nacido en Singapur, y formado en Cambridge, se convirtió en primer ministro. Y el 3 de junio de 1959 nacía el Estado de Singapur.

Rápidamente Lee Kuan Yew mostró su carácter de líder fuerte y audaz. Liberó a Lim Chin Siong junto al resto de los líderes sindicales, Fong Swee Suan Sideney Woodhull y Devan Nair que habían estado encarcelados entre 1956 y 1959. A continuación, inició una ambiciosa política de trasformación de Singapur bajo un estricto reformismo confuciano (Palacios y Ramírez, 2011: 369-371) que se inició con la reconfiguración urbana de la ciudad  que pasaba por construir edificios de viviendas públicas y a reubicar a la población algo que transformaría inexorablemente el paisaje social de Singapur (Seng, 2013).

Esta evolución hacia el tradicionalismo chino provocó el cisma en el seno del PAP. En 1961 su ala izquierda encabezada por Lim Chin Siong se escindió y formó un nuevo partido llamado Barisan Socialis (Turnbull, 2009: 277-280). Esta ruptura, justo cuando se acaba de vencer ante la insurrección comunista de la “Emergencia Malaya”, causó una gran preocupación a líder malayo, Tunku Abdul Rahman que temió que los comunistas pudiesen llegar a gobernar en Singapur. Y obviamente los británicos tampoco deseaban un Singapur independiente con un Gobierno radical de izquierdas anticolonialista. 

 

Gran Malasia o Malaysia

Tras la concesión de la independencia total por parte de los británicos, existía un consenso general de la unificación con la Federación Malaya era necesaria para la supervivencia de Singapur. El territorio continental le proporcionaría al incipiente estado isleño recursos naturales y un mercado mayor (Drysdale, 1984: 258-295). A los líderes de Malaya, sin embargo, no les hacía demasiada gracia la idea de absorber a 1,3 millones de ciudadanos chinos procedentes de Singapur, pues, supondría alterar al “aritmética racial” de Malaya: la población china superaría a la malaya y se transformaría el panorama electoral. Un cambio así amenazaría la preponderancia política de la élite gobernante malaya.

La actitud hacia la unificación cambió solo cuando los candidatos del PAP perdieron las elecciones extraordinarias de 1961, a manos de candidatos de izquierda, lo que sembró el temor a que un partido más radical pudiera llegar a imponerse en Singapur. El Tunku temió que el Barisan Socialis se convirtiera en partido hegemónico en la isla. Y que el comunismo de Lim Chin Siong, re-infectara la Federación Malaya. Fue ese momento cuando tanto Tunku como Lee Kuan Yee modificaron sus pensamientos frente a la unificación como un medio para prevenir dicho escenario, ya que el Gobierno conservador malayo sofocaría cualquier pretensión izquierdista.

El Barisan Socialis fue consciente de que la unificación era un arma frente a ellos y, por tanto, se opuso. Además, no tenía claro que los términos de la unificación fueran los ideales para Singapur. Como respuesta, Lee Kuan Yew, decidió convocar un referéndum sobre la unificación. Pero, de nuevo, mostrando su agudeza política, planteo tres preguntas muy confusas (Willard, 1964: 116). Tanto las estrategias del PAP como sus tácticas previas al referendo de unificación se describieron como “actos de astucia maquiavélica”. Además, la actitud del Barisan fue absolutamente confusa y le hizo caer directamente en manos de sus adversarios.  Cuando el Barisan pidió a sus simpatizantes que votaran en blanco a modo de protesta, se toparon con que el PAP ya había incluido una clausula en el acta del referéndum que hacía que los votos en blanco y los votos dudosos se contabilizaran a favor de la unificación (Drysdale, 1984: 283-312).

El referéndum se celebró el 1 de septiembre de 1962. Al final, se contabilizaron el 71% de los votos a favor de la opción “A” del PAP, mientras que solo el 25% votaron en blanco. El PAP demostró su fortaleza política y ganó por goleada al Barisan Socialis, pues el contaje final de la opción A, fue del 96% de los votos, al sumar todos los votos en blanco promovidos por el Barisan Socialis.

Ante esa derrota del izquierdismo singapurense, los gobiernos de Gran Bretaña, Malasia y Singapur decidieron que debían desmantelar el Barisan Socialis a través del encarcelamiento de sus líderes. El 2 de febrero de 1963, los gobiernos de Singapur, Malisa y Gran Bretaña llevaron a cabo de forma conjunta la Operación Coldstore  y detuvieron a Lim Chin Siong y a un centenar más de líderes de izquierdas y activistas, que fueron encarcelados de forma indefinida sin ser sometidos a juicio. La operación se venía preparando desde diciembre de 1962, cuando se produjo un intento de revolución de izquierdas en Brunei liderado por Sheik A. M. Azahari, lo que finalmente sirvió como pretexto para que detener a Lim Chin Siong y a más de cien supuestos agitadores.  La reunión de Lim con Azahari en Singapur días antes de la revuelta, junto con el apoyo al alzamiento por parte del Barisan se usaron como pruebas de que el partido radical estaba dispuesto a recurrir a una insurrección armada. Lim no sería liberado hasta 1969, depresión intento de suicidio, aceptó renunciar a la política y exiliarse en Londres (Lau, 1998: 48-53).

Con los líderes del Barisan fuera de juego, el PAP ganó por mayoría aplastante las elecciones de 1963, se hizo con 37 escaños de los 51 del parlamento, el Barisan Socialis solo obtenía 13, el Partido Popular unido se llevó el resto. Neutralizado el peligro “rojo”, los británicos ofrecieron a los malayos una solución para acabar con el “peligro chino”. Para evitar la amenaza demográfica etnia han o peranakan, se amplió la federación con otros territorios principalmente poblados de malayos: Sabah (Norte de Borneo), Sarawak, Brunei. Nacía así la idea de la Gran Malasia.

A través de estas medidas los británicos consiguieron que Kuala Lumpur adoptara su idea de la Gran Malasia y el 16 de septiembre de 1963 nacía la Federación de Malaysia, que comprendía Malasia, Singapur, Sarawak y Sabah. Finalmente, el sultanato de Brunei decidió no adherirse a esta unión. Malaysia agrupaba diez millones de habitantes: 47% de malayos, 42% chinos, 11% indios, dayaks y otras minorías (Bianco, 2009: 281).

La Federación chocó con la oposición de Filipinas, que invocó la antigua soberanía del sultán de Sulu (Joló) sobre Sabah y, sobre todo, con la de la Indonesia de Sukarno, que la denunció como una creación neocolonialista: la “confrontación” armada que llegó a incluir bombardeos sobre el mismo Singapur e incursiones en el Borneo malayo, lo que obligaría a los británicos a movilizar hasta 50.000 hombres, sólo concluiría en junio de 1966, después del desplazamiento de Sukarno por Suharto[1].

En conclusión, Malasia nació el 16 de septiembre de 1963, fruto de la unión de la Federación de Malaya con Singapur y Borneo Septentrional (Sabah y Sarawak). Ese mismo mes, el PAP logró una victoria aplastante en las elecciones de Singapur. El partido se sentía los suficientemente fuerte como para participar en las elecciones federales generales de Malasia Continental, a pesar de que Lee Kuan Yew les había asegurado que no lo haría (Yap, 2009: 264-265).

Esta actitud le iba a enfrentar directamente con la Asociación de Chinos de Malasia (MCA), uno de los tres partidos que integraban la coalición gobernante y el encargado de representar los intereses chinos en la Federación Malaya. El PAP esperaba que una demostración de fuerza en las elecciones federales pusiera de manifiesto su atractivo ante los votantes chinos y convenciera a Tunku de que podía sustituir al MCA como socio de coalición. Sin embargo, solo consiguió convertir a al MCA y a su líder, Tan Siew Sin (Chén Xīuxìn, en piyin), en su enemigo y alimentar el miedo entre los líderes malayos conservadores, como Dato Syed Ja’afar, secretario general de la UMNO, a que el objetivo final de Lee Kuan Yew fuera a convertirse en primer ministro de Malaysia.

El PAP fracasó estrepitosamente y consiguió solo uno de los nueve escaños disponibles, mientras que el MCA mejoró significativamente sus resultados. Espoleados por lo que consideraban promesas rotas por la ambición e impaciencia excesivas por parte del PAP, la coalición gobernante en Malasia intentó aplastarlos en el propio Singapur. Para ello, Syed Ja’afar lideró una virulenta campaña para desacreditar al PAP y a Lee Kuan Yew entre los votantes malayos de Singapur.

En paralelo, el ministro de economía de Malasia no era otro que el líder del MCA, Tan Siew Sin, que usaba su poder e influencias para evitar que Singapur recibiera los beneficios financieros y económicos que esperaba obtener con la unificación (Turnbull, 2009: 287-300). El acuerdo sobre las condiciones de la unificación de los Estados y el consecuente nacimiento de Malaysia, del 9 de julio de 1963, preveía la constitución de un mercado común, principal petición de Singa­pur. Por este mercado común, Singapur había aceptado ser sub-repre­sentada en el Parlamento federal. Pero este mercado común tardaba en crearse: Kuala Lum­pur se quejaba de que Singapur no suministraba el préstamo pre­visto para el desarrollo de Sabah y de Sarawak y se limitaba a compartir solamente el 40% de sus ingresos con la Federa­ción y no el 60% acordado (Lau, 1998: 211-252).

El 21 de julio de 1964 empezaron las revueltas raciales en Singapur. Hay diferentes versiones sobre cuál fue el detonante, parece ser que todo se debió a un incidente en torno a una procesión musulmana para conmemorar el nacimiento de Mahoma (Baker, 2006: 314-315). Ese día murieron 23 personas y cientos de ellas resultaron heridas. Después de eso resultó difícil volver a encajar las piezas. En los siguientes tres meses volvieron a producirse estallidos de violencia, ampliando el número de muertos y heridos. Los mismos líderes que habían alimentado los resentimientos inter-étnicos, sorprendidos por la violencia, fueron impotentes para detenerlos. En julio de 1965, iniciaron unas negociaciones secretas para separar pacíficamente a Singapur de la Federación. Finalmente, las revueltas raciales y las tensiones políticas hicieron que Singapur se separara de la Federación de Malaysia el 9 de agosto de 1965 (Lau, 1998: 161-210). La cohabitación había intensificado la competencia entre los líderes políticos, las razas e intereses económicos, no había durado ni siquiera dos años.

Se puede decir que la separación fue de mutuo acuerdo. En realidad, los malayos apoyaron la integración en 1963 por­que la independencia de Singapur, donde parecía posible el triunfo del comunismo, les parecía más peli­grosa. Sin embargo, una vez disipado el peligro “rojo”. A los partidos e intereses chinos de Malasia no les beneficiaba la presencia de Singapur pues podía hacer que el gobierno de la federación cayera en manos de la izquierda con una unión entre los partidos izquierdistas del continente y los de Singapur (ambos dominados por chinos).

A los partidos conservadores malayos no solo les inquietaba este reforzamiento de la izquierda sino la hegemonía de la etnia china que podía traer aparejada. Mientras el líder de Singapur Lee Kuan Yew, decía que Malaysia debía ser “malaysiana”, es decir, se debía crear una sociedad verdaderamente integrada, donde los criterios de diferenciación de la ciudadanía sólo fueran económicos e ideológi­cos. La comunidad malaya más atrasada que la china, no podía permitir ese igualitarismo legal que supondría, a medio plazo su sometimiento a una elite dominante china (Bianco, 2009: 280-283).

 

Conclusión: ¡Hay que ser Práctico!

La ya mencionada novela gráfica de Sonny Liew, El Arte de Charlie Chan inicia el amplio capítulo en el que describe la historia del Singapur independiente bajo el título: “lo importante es ser práctico”. Con ello, resume a la perfección la filosofía del líder y constructor de Singapur: Lee Kuan Yiew.

Pocos hombres han influido tanto en la historia del siglo XX. La causa de su éxito hay que buscarla en su acertada aplicación del pragmatismo confuciano sobre una comunidad relativamente pequeña como es la ciudad-estado de Singapur. Pero, Lee no estuvo solo, fue acompañado de otros hombres “prácticos”: el príncipe Abdul Rahman, Tan Cheng-Lock (Chén Zhēnlù) y Tan Siew Sin (Chén Xīuxìn, en piyin) y sobre ellos, el siempre pragmático imperio británico.

Estos hombres, trabajando bajo el marco legal inglés, en el periodo de la guerra fría, transformaron unos recortes coloniales en el Estrecho de Malca en dos Estados soberanos (más Brunei) que se ajustaron, lo más posible, a las circunstancias poblacionales, económicas e ideológicas impuestas por la historia, la geografía y la época.

En estas páginas hemos visto como esos espacios geográficos habitados por malayos musulmanes fueron esencialmente transformados por el colonialismo. Los ingleses introdujeron poblaciones exógenas y el marco legal británico. El imperio primó el clásico “divide et impera”. Pero, fue su visión utilitarista en la retirada y la adaptabilidad de los mencionadas líderes, malayos y chinos del estrecho, lo que permitió una solución adecuada a los inmensos problemas que planteaba la independencia. En primer lugar, el peligro comunista. La Emergencia Malaya fue solucionada con unos costes relativamente bajos (en vidas y economía) rompiendo la identidad entre etnia e ideología, otorgando derechos a los chinos étnicos para alejarlos del comunismo ideológico. Tras ella, quedaba abierta la segunda gran cuestión: la convivencia de grupo etno-culturales absolutamente diversos. El pragmatismo se impuso. Dado el peso económico de las comunidades chinas y el sentimiento de humillación que eso suponía para la comunidad malaya musulmana, era imposible la existencia de un solo Estado. Se optó, por dos, en los cuales la legislación de origen británico aseguraba cuotas y defensa de los derechos de las comunidades menos numerosas o más pobres, a cada lado de la frontera.

Lo importante es ser práctico, hay que convivir en un espacio pequeño, establezcamos unas reglas claras de juego. Esa fue la solución final a este conflicto étncio vestido con ropajes ideológicos que se llamó la “Emergencia Malaya”. El conflicto se extendió más allá de la guerra de guerrillas en las selvas de Malaya, trasladándose a Singapur en la lucha de poder entre el Barsian Socialis y el PAP, amén de la frustración de la unión como Malaysia y su eco llega hasta hoy con la existencia, de la manera en la que están constitucionalmente configurados, Malasia y Singapur.

 

 

Bibliografía

—Baker, Jim, Crossroads: A Popular history of Malaysia and Singapur, Marshall Cavendish Editions 2006.

—Bianco, Lucien, Asia Contemporanea, Cambridge University Press, 2009.

—Benjamin, Geoffrey & Cynthia, Chou (ed.), Tribal Communities in the Malay World: Historical, Social and Cultural Perspectives, Leiden. 2002, International Institute for Asian Studies (IIAS) / Singapore: Institute of Southeast Asian Studies (ISEAS).

—Heng Chee, Chan, A sensation of independence: David Marshall, a political biography. Nueva York, 2001, Times Books International.

—Díaz Larrea, E. 2013, “La situación actual de la población china en Malasia”, Historia Actual Online. 30 (feb. 2013), 123–129.

— Drysdale, John, Singapore: Struggle for Success, George Allen and Unwin, Australia, 1984.

—Hack, Karl, “Everyone lived in fear: Malaya and the British way of counter-insurgency”, Small Wars & Insurgencies, 2012, 23 (4-5), pp. 671–699.

— Seng Loh, Kah, et al. (eds.), The UniversitySocialist Club and the Contest for Malaya: Tangled Strands of Modernity, Amsterdam University Press, Amsterdam, 2011.

— Lau, Albert, A Moment of Anguish; Singapore in Malaysia and the Politics of Disengagement, Times Academic Press, Singapur, 1998.

—Geok Boi, Lee, The Syonan Years: Singapore Under Japanese Rule 1942-1945, Archivo Nacional de Singapur-EPIGRAM, Singapur, 2005.

— Liew, Sonny, El arte de Charlie Chan Hock Chye. Una historia de Singapur, Amok Ediciones, Madrid, 2017.

— Kah Seng, Loh, Squatters into Citizens: the 1961 Bukit Ho Swee Fire and the Making of Modern Singapore, NUS Press, Singapur, 2013.

— Frost, Mark R. y Balasingamchow, Yu-Mei, Singapore; A Biography, Editions Didier Millet, Singapur, 2011.

—Marsita Omar, The Indonesian-Malayan Confrontation, Accesible en https://eresources.nlb.gov.sg/infopedia/articles/SIP_1072_2010-03-25.html

—Newsinger, John (2013). The Blood Never Dried: A People's History of the British Empire (2da ed.). Londres, 2013, Publicaciones de marcadores.

—Palacios, L. y Ramírez-Ruiz, R-. China. Historia, pensamiento, arte y cultura, Almuzara, Córdoba, 2011.

—Ramírez-Ruiz, R et al. Historia de Asia Contemporánea y Actual, Universitas, Madrid, 2017.

—Ramírez Ruiz, R., “Las nuevas caras del poder en China. Los hombres de Xi Jinping y la quinta generación de dirigentes”, Historia Actual Online, 41 (3), 2016, pp. 9-10.

—Chong Tee, Tang, Force 136. Story of a WWII Resistance Fighter, Singapur, Asiapac Book, 3º Edición, 2007.

—Tan Jing Quee, Tan Koj Chiang y Hong Lysa (eds.), The May 13 Generation: The Chinese Middle Schools Student Movement and Singapore Politics in the 1950s, Strategic Information and Research Development Centre, 2011, Petaling Jaya.

—Tang Jim Quee y Jomo K. S. (eds.) Comet in Our Sky: Lim Chim Siong in History, Kuala Lumpur, 2001.

—Tilman, Robert O. "The Non-Lessons of the Malayan Emergency", Asian Survey, 1966, 6 (8), pp. 407–419.

—Turnbull, C. M., A History of Modern Singapore, 1819-2005, NUS Press, Singapur, 2009.

— Villiers, John, Asia sudoriental. Antes de la época colonial, Siglo XXI, Madrid, 1976.

—Willard A. Hanna, The Formation of Malaysia: New Factor in World Politics, American Universities Field Staff, Nueva York, 1964.

— Yap, Sonny, Richard Lim y Leong Weng, Men in White: The Untold Story of Singapore’s Ruling Political Party, Singapore Press Holdings, Singapur, 2009.

—Zentner, Chr., Las guerras de la posguerra, Barcelona, 1975, p. 135.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

www.guerracolonial.es



[1] Marsita Omar, The Indonesian-Malayan Confrontation, Accesible en https://eresources.nlb.gov.sg/infopedia/articles/SIP_1072_2010-03-25.html