Libertad de una nación: España, otro padre fundador de los Estados Unidos

(Freedom of a nation: Spain, another founding father of the United States)

 

Ignacio Eufemio Caballero Álvarez

Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, España

Jaime Caballero Álvarez

Universidad Rey Juan Carlos, Madrid, España

 

Recibido: 14/03/2021; Aceptado: 22/05/2021;

 

 

Resumen

El propósito de este artículo se centra en la aportación que hizo España por la Independencia de las Trece Colonias Norteamericanas.  En tal caso y con el fin de arrojar luz sobre las sombras y el olvido que se ha puesto sobre nuestra nación a lo largo de la historia, este escrito se pronuncia como una reivindicación del trascendental papel y profunda raíz de España en lo que hoy conocemos como Estados Unidos.

 

Palabras Clave

Reconquista de La Florida, Centro América, Logística, Alianza militar, Legado.

 

Abstract

The purpose of this article focuses on the contribution that Spain made for the Independence of the Thirteen North American Colonies. In this case and in order to shed light on the shadows and oblivion that has been placed on our nation throughout history, this writing is pronounced as a vindication of the transcendental role and deep roots of Spain in what we know today as USA.

 

Keyboards

Reconquest of Florida, Central America, Logistics, Military Alliance, Legacy.

Una vindicación de nuestra historia en la ayuda de la Independencia de los EE. UU.

 

En el último tercio del s. XVIII, y tras la Guerra de los Siete Años, España seguía teniendo la condición de potencia pese al resultado desfavorable de este conflicto. La Corona Española poseía gran parte del territorio que hoy en día conforma EE. UU. Esto es, el vasto Virreinato de Nueva España y el territorio de La Luisiana, como se conocía entonces a la extensión de tierra que abarcaba desde los Grandes Lagos hasta el Golfo de México y de Este a Oeste desde la cuenca izquierda del Misisipi hasta la Montañas Rocallosas, en el noreste del actual Colorado. La ciudad de Nueva Orleans, capital de La Luisiana Española, resultaría un punto clave en el contexto de la Guerra Anglo-Española (8 de mayo 1779 – 3 de septiembre 1783) y a su vez en el marco de la Guerra de Independencia de las Trece Colonias (19 de abril de 1775 – 3 de septiembre de 1783), por tanto, no es de extrañar que sea nombrada varias veces a lo largo del artículo junto con la ciudad de Bilbao y La Habana.

Desde un inicio dejaremos claro que, en ningún caso, se trata de menoscabar ni dejar de lado la decisiva aportación por parte de Francia en la creación de los EE. UU. Sin embargo, el objeto de estudio del presente artículo se centrará exclusivamente en la vindicación de todas aquellas acciones y figuras españolas que, en mayor o menor medida, fueron de una importancia trascendental para la ayuda a la Independencia de las Trece Colonias y la recuperación por parte de España de los territorios perdidos como consecuencia del Tratado de París (10 de febrero de 1763).

Europa el continente reinante de la época

 

La Independencia de los Estados Unidos de América, el 4 de julio de 1776, significó un cambio en la estructura social, económica, militar y cultural de esta joven nación y del mundo en general. Por aquellos tiempos los revolucionarios norteamericanos jamás imaginaron que en un futuro no muy lejano se convertirían en la primera potencia mundial del globo. Esto es así porque antes de la Guerra de Independencia las Trece Colonias no gozaban, claro está; primero de una autonomía del Imperio Británico; segundo de una estructura militar sólida y moderna capaz de afrontar un conflicto; y tercero de un respaldo efectivo por parte de alguna gran potencia europea que fuese de gran ayuda a la causa. 

No se puede hacer referencia a los Estados Unidos de América como nación sin antes hablar de Europa, ya que todo poder económico, cultural, político y militar, antes e incluso mucho después de la Independencia, se administraba desde el viejo continente por potencias con un vasto territorio en su poder. Sin embargo, no hay duda, de que el Imperio Británico, el Imperio Español y el Reino de Francia fueron las grandes potencias de aquellos momentos.

Ahora bien, el hilo de sangre de las monarquías europeas fue la pieza fundamental de todo lo que sucedió a lo largo de siglo VXIII en Europa. Es por ello por lo que el objetivo primordial fue la unión sanguínea[1]. Tal es la importancia del asunto que desencadenó en tres Guerras de Sucesión; La Guerra de Sucesión Española (1701-1714), La Guerra de Sucesión Polaca (1733-1738) y La Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748), entre las dos corrientes sanguíneas reinantes desde siglos en las diferentes monarquías europeas: los Habsburgo y los Borbones.

La Guerra de Los Siete Años: La verdadera Primera Guerra Mundial

 

Todos estos conflictos implicaron incorporaciones o pérdidas de territorios, divisiones o uniones de reinos y, sobre todo, más rencillas como nunca se habían dado hasta entonces. Esto fue el caldo de cultivo de otra guerra, pero una guerra que no se parecía a las anteriores, sino a una que implicaba a casi todas las potencias del globo. Podríamos concluir, en términos de participación de contrincantes, que fue la precursora de las dos Guerras Mundiales, conocida como: La Guerra de los Siete Años (1756-1763).

Los países beligerantes de la Guerra de los Siete Años fueron: por un lado, el Reino de Francia y el Imperio Español[2]; y, por otro lado, el Imperio Británico[3]. Ambos bandos estuvieron apoyados por otro países, regiones y reinos en auge. Como se puede apreciar en las notas al pie, la Guerra de los Siete Años fue un conflicto que involucró a varios países del

mundo; en Europa y en las colonias europeas, es decir, África, India, América y Filipinas, de los respectivos países enfrentados. Por ello, en el presente artículo revindicamos que fue la verdadera Primera Guerra Mundial, siendo, sus consecuencias, de vital relevancia en la posterior Independencia de los EE. UU.

 

Guerra de los Siete Años (1756-1763). Zonas de conflicto durante la Guerra

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Fuente: https://arrecaballo.es/siglo-xviii/guerra-de-los-7-anos-parte-i-1756-59/origenesdel-conflicto-2/#

Las consecuencias de Guerra de los Siete Años: ¿Una excusa de Francia y España para acabar con el Imperio Inglés?

 

El resultado final de este gran conflicto mundial fue ratificado mediante tres tratados de paz distintos; el Tratado de San Petersburgo, el Tratado de París y la Paz de Hubertsburgo. El Imperio Británico fue el gran vencedor.

Esta Guerra dejó unas consecuencias devastadoras a nivel humano; 1.150.000 bajas militares y cerca de 800.000 bajas civiles.

Independientemente de las numerosas potencias que intervinieron en la Guerra, las dos grandes perdedoras fueron: El reino de Francia y el Imperio Español. Es por ello por lo que durante los siguientes años se fue creando una idea de revanchismo contra su principal enemigo y vencedor de La Guerra de los Siete Años, el Imperio Británico. Pero ¿por qué ese revanchismo? pues pura y llanamente por las pérdidas territoriales. Gran Bretaña arrebataba a Francia: Canadá, Bengala, Senegal y varias posesiones en la India; a España: Menorca y La Florida, un duro golpe para la monarquía hispánica. A Francia le fue devuelta Guadalupe y Martinica por el Imperio Británico, pero tuvo que ceder a España La Luisiana Francesa por haberse unido a la Guerra. El reino de Portugal consiguió mantener al margen al Imperio Español, donde, éste, hubo de retirar sus tropas en la Colonia de Sacramento y también en el norte de Uruguay, que habían estado ocupados durante el conflicto.

Ahora bien, llegados hasta aquí, ¿por qué se han mencionado todos estos hechos históricos? Porque son de vital importancia para entender las cuestiones referidas a la ayuda de España y Francia a la Independencia de los EE. UU. Sin embargo, a su vez, surgen otras preguntas: ¿Realmente fue una ayuda? o ¿Querían recuperar sus territorios perdidos en la Guerra de los Siete Años? O tal vez ¿Vieron en los ideales revolucionarios una excusa y oportunidad de derrotar al Imperio Inglés? Todo ello, es contestado a lo largo de este artículo.

 

El sueño de las Trece Colonias y la ayuda exterior

 

El Primer Congreso Continental, celebrado el 5 de septiembre de 1774 en Filadelfia, cobra gran relevancia para entender el porqué de la ayuda de España y Francia a la Independencia de las Trece Colonias.  A dicha reunión asistieron los representantes de las colonias, a excepción de Georgia, teniendo cada una de ellas un voto de decisión. Allí se debatieron numerosos temas que afectaban gravemente a los colonos como las leyes que se habían implementado en años anteriores; la Ley del Timbre o del Sello de 1765[4], la Ley del Té de 1773[5] o las Leyes Coercitivas de 1774[6]. Todas ellas abusivas en sus respectivas disciplinas y que significaron el caldo de cultivo del sentimiento revolucionario. De este modo los futuros rebeldes crearon las primeras milicias civiles supervisadas por dos comités: el Comité de Reclutamiento y el Comité de Suministros, creados en cada una de las Trece Colonias. Sin embargo, estas milicias estaban mal pertrechadas tanto en la posesión de armas como en lo que hacía funcionar a esas armas, es decir, la pólvora. De hecho, se sabe que existía un mosquete y una libra de pólvora por cada cuatro milicianos, esto es, unos quince cartuchos por cada hombre. Además, existía otro problema a la hora de afrontar un futuro conflicto, ya que las pocas armas que poseían eran muy variadas y eso se traducía en tener que recabar diferentes municiones. Por si fuera poco, la producción de mosquetes rondaba entre los 5 a 10 anuales, una cifra ínfima.

A toda esta falta de aprovisionamiento militar por parte de las milicias civiles habría que sumarle el veto a la exportación de todo tipo de armas, pólvora o materia prima impuesta por el Parlamento Británico a las Trece Colonias después del Motín del Té unos años antes (16 de diciembre de 1773). También se cortó todo suministro local a más de 3000 armeros que existían en las Trece Colonias, incluso, se sabe que más de un tercio de aquellos armeros no estaba a favor de la rebelión. Por tanto, las milicias civiles no podían sostenerse por ellas mismas. Pero había otro problema y el más fundamental: la logística y el desarrollo armamentístico de Gran Bretaña. Por aquellos años, las ciudades de Londres y Birmingham eran los centros de producción y aprovisionamiento militar por excelencia de los ingleses. Es a bien saber que cada una de las ciudades producían entre 150.000 y 200.000 mosquetes al año, además de artillería, toneladas de pólvora y pertrechos militares (Ferreiro D, Larrie, 2019: 37-38).

De acuerdo con lo mencionado anteriormente, las Trece Colonias sabían perfectamente que declarar la Independencia, y por tanto la guerra a Gran Bretaña, era una empresa imposible. Ellos solos no podrían, por eso necesitaban ayuda, y aquí jugaron un papel decisivo el Reino de Francia y el Imperio Español.

 

La red de espionaje española de lo más singular

 

Desde que se iniciaran las primeras hostilidades el 19 de abril de 1775 por parte de los revolucionarios a favor de la Independencia de las Trece Colonias contra la metrópoli inglesa, el Gobernador de La Luisiana Española era Luis de Unzaga y Amézaga, cargo que ostentó de 1770 a 1777, año en que sería sustituido por Bernardo de Gálvez. Este último sería una figura que tendría un papel decisivo posteriormente.  La labor con tal cargo de Luis de Unzaga, y por tanto de España en la Guerra de la Independencia, comienza desde los primeros instantes de la rebelión de 1775. Si bien es cierto que esta intervención no se tradujo en un primer momento en «botas sobre el terreno» desde el punto de vista de una fuerza terrestre, o la acción directa de la armada española desde el punto de vista de una fuerza marítima, sí se produjo una incipiente labor de suministro, financiación, envíos de material y de los necesarios pertrechos para el esfuerzo bélico que, como hemos visto, desde el primer Congreso Continental precisaba la revolución para esa soñada Independencia.

No obstante, y a pesar de ser el 19 de abril de 1775 el punto de inflexión en el panorama del futuro país norteamericano, hay que retrotraerse a los efectos inmediatos y momentos posteriores de la firma del Tratado de Paris (10 de febrero de 1763). Esto es, la creación de una red de vigilancia y espionaje iniciada por el propio Luis de Unzaga, quien estaba a las órdenes de Antonio María de Bucareli y Ursúa, Capitán General de Cuba y la mayor autoridad militar y civil del Caribe y del Golfo de México. Ambos llevaron a cabo la conformación de una red de agentes que se encargaban de informar de manera secreta sobre los puertos, fortificaciones, guarniciones militares y cualquier tipo de actividad naval británica. Hay que destacar que esta acción de inteligencia no estaba sustentada tanto por agentes profesionales sino por pescadores, comerciantes y clérigos, que dada su condición de civiles tenían mayor facilidad de acceder y salir de los territorios controlados por los británicos sin levantar sospechas (Ferreiro D, Larrie, 2019: 27-28). En tal sentido, se trae a colación uno de los muchos artífices de la causa que supuso la Independencia de las colonias británicas. El nombre del personaje al que nos referimos es el Fraile Capuchino Antonio de Sedella[7], agente secreto, cuya misión consistió precisamente en llevar a cabo la actividad propia de un agente de inteligencia o de espionaje sin serlo, y de cuya empresa no se supo durante cincuenta años. Esta fue una de los muchas y variadas ejemplificaciones que reflejan la especial naturaleza de esta singular campaña, con implicaciones no sólo en el teatro de operaciones norteamericano y el Caribe, sino en el conjunto de la Guerra Anglo-Española, así como en los combates librados en Europa por España, Francia e Inglaterra.

En el contexto de la posición española previa al estallido de la Guerra en 1775, la citada red de espionaje se servía de información sensible de cara a plantear la estrategia a seguir por parte de la Corona española en la región y de los demás territorios en posesión de España. Sin embargo, la gran extensión de estas tierras, en especial tras la incorporación de La Luisiana francesa en 1763, hacía difícil el control total de tal terreno. Si bien es cierto, es innegable la pertenencia, al menos nominalmente, de la vastedad de los territorios mencionados.

¿Por qué España prestó ayuda encubierta?

 

Comparativamente, Francia no tenía nada que perder teniendo en cuenta la distribución territorial que se dispuso en el Tratado de París. En un primer momento, España se pensó más la entrada en la Guerra dado que los riesgos de ésta podían traducirse en posibles pérdidas de territorios, tanto en Norteamérica, en el Caribe, en Latinoamérica y en Europa. Así la planificación militar española, diplomática y, en definitiva, estratégica quiso asegurarse de poder ganar la Guerra. Por tanto, se tradujo en una ayuda encubierta. Esta ayuda en la sombra tuvo varios motivos.

Uno de ellos radicaba en que la política del Rey Carlos III y sus ministros se basó en evitar una ola de pensamiento revolucionario que se pudiera extender al resto de provincias españolas en el conjunto de América.

Una segunda causa fue que Carlos III no quería que los británicos tuvieran noticia de que los españoles venían prestando ayuda a los revolucionarios antes de entrar en la Guerra, que no tuvo lugar hasta el 8 de mayo 1779. Es pues, esta fecha, la que involucraría a todos los efectos a España en el conflicto.

Y una tercera motivación por la que España era reticente a entrar directamente a la Guerra desde un principio, era el posible conflicto con Portugal. En 1777 el Conde de Floridablanca, sustituto de Jerónimo Grimaldi como Secretario de Estado, consideraba que la invasión de Portugal o cualquier otro tipo de hostilidades con Gran Bretaña eran prematuras, dado que Francia y España no habían reforzado suficientemente sus flotas. Previo al cambio de política exterior española del Conde de Floridablanca, Jerónimo Grimaldi, sí era un acérrimo defensor de entrar en acción armada con Portugal. Tanto es así que, desde febrero de 1776, la tensión latente entre el país luso y España estalló en Suramérica. Esto es, que fuerzas portuguesas bajo las órdenes de Pombal, Secretario de Estado de Portugal, lanzaron un ataque sorpresa y se apoderaron del puesto avanzado español de Río Grande de Sáo Pedro, en Brasil. Por su parte, el Rey español, Carlos III, envió un contingente de 19 navíos y 9000 soldados con Pedro Antonio de Cevallos a la cabeza, a quien le fue concedida la jefatura del recién creado Virreinato del Río de La Plata, antigua audiencia de Buenos Aires. Al mismo tiempo, Carlos III tomó la decisión de enviar 4 navíos al mando de Miguel José Gastón, Jefe de Escuadra, con orden de arribar en Lisboa y echar el ancla frente a la ciudad. Esta tercera motivación fue muy significativa por dos aspectos existentes en ese momento; por un lado, Francia, bajo las órdenes de Vergennes, Ministro de Exteriores, quería invadir Inglaterra y apoyar a la causa norteamericana, plan conocido a finales de otoño de 1776; por otro lado, el Ministro Español Grimaldi no consideró ventajoso invadir Gran Bretaña y unirse a la causa revolucionaria de las Trece Colonias, pues estos venían de perder la ciudad de Nueva York. Si bien es cierto que Grimaldi no quería una intervención directa, sí estaba dispuesto a una vía encubierta como fue la corporación cofinanciada por España y Francia, Roderigue Ortalez et Compagnie, creada en 1776 a propuesta del francés Beaumarchais y el comisionado enviado en enero de ese año por el Congreso Continental, Arthur Lee. Estos elementos se sumaron al temor de Grimaldi de un posible acuerdo futuro entre los colonos revolucionarios y los británicos que pudiera amenazar los territorios españoles. No obstante, estos hechos no escalaron a un conflicto mayor, dado que el Rey José I de Portugal falleció en febrero 1777 y provocó que su hija, la Reina María I, despidiera al belicoso Pombal. Por su parte, España: de un lado, venció a los portugueses recuperando sus puestos avanzados en Brasil, y, del otro, los buques abandonaron sus posiciones hostiles de atacar Lisboa. Finalmente, estos dos acontecimientos disminuyeron las tensiones entre ambos países (Ferreiro D, Larrie, 2019: 97-106).

Bilbao, Nueva Orleans y La Habana: ciudades clave para la Independencia de las Trece Colonias

 

En 1775 se enviaron las primeras partidas de material para las Trece Colonias desde el puerto de Bilbao. A este propósito sirvió la compañía familiar, Casa Joseph Gardoqui e Hijos[8], dirigida por Diego María Gardoqui que venía comerciando con empresarios de la Colonia de Massachusetts desde el año 1741. En estos negocios las importaciones a España constaban de bacalao en salazón, arroz y tabaco americano procedente de la citada colonia. La empresa de Gardoqui a su vez exportaba productos españoles. Cabe destacar que se inició una campaña de contrabando que comenzó en 1774, tolerada en secreto por los gobiernos rivales de Inglaterra. Cuando se aplicaron las ya citadas Leyes Coercitivas de 1774 y estallaron las revueltas contra Gran Bretaña en Massachusetts, la ruta comercial de Bilbao se tornó en una de las más importantes vías de suministro de armas durante los primeros años de la Guerra. La importancia de esta empresa pudo verse ya reflejada en un primer envío acordado entre Jeremiah Lee, un hombre de negocios de Massachusetts, y el propio Gardoqui a través de una carta en noviembre de 1774 en la que el empresario americano solicitaba armas y pólvora. En febrero de 1775 el español hizo un envío de tres centenares de mosquetes y bayonetas que en origen iban a ser para el ejército español, y finalmente serían recibidos en Massachusetts entre junio y julio de 1775. Estos encargos después serían distribuidos por el Comité de Suministros en la colonia. En este sentido, la relación comercial con el puerto vasco se incrementó hasta tal punto que las mercancías se iban incrementando en número y variedad.

Poco a poco España iría aumentando el apoyo logístico más allá de los cargamentos emitidos por Gardoqui. A este respecto, 100.000 pedernales, 45.000 libras de plomo y 1.000 mantas españolas fueron objeto de envío a los puertos de Nueva Inglaterra. Charles Lee, cuyo rango era de Mayor General y comandaba la región del distrito sur, hizo envío de cartas y papel moneda, desde el Fuerte Pitt, para el Gobernador Luis de Unzaga, solicitándole que abriera una nueva ruta de abastecimiento entre el mencionado fuerte y Nueva Orleans. Para ello, los ríos Misisipi («Espíritu Santo» como se le conocía en origen) y Ohio serían camino del traspaso de mercancías, armas y hombres. En agosto de 1776 esta comitiva se encontró con Oliver Pollock, comerciante norteamericano que representaba a la Compañía Willing y Morris en Nueva Orleans. Una vez reunidas todas las partes, el Capitán norteamericano George Gibson realizó petición de material de guerra al gobernador Unzaga a cambio del apoyo por parte de los revolucionarios a España en la reconquista de La Florida. Unzaga declinó el plan de la recuperación de La Florida, pero confirmó la venta de 10.000 libras de pólvora, transacción en la que Oliver Pollock hizo de intermediario y de traductor. Un montante grande de aquella pólvora fue enviado al Fuerte Pitt, mediante barcazas. Al cargo de esta operación estaba el Teniente William Linn (Ferreiro D, Larrie, 2019: 67).

En marzo de 1777, Gardoqui hizo de nuevo encargos de uniformes y municiones para el Ejército Continental, que serían creados en la ciudad industrial de Placencia, en el País Vasco. Esto se concretó en 11.000 pares de zapatos, 18.000 mantas y 30.000 vestimentas para el Ejército Continental. Por otra parte, la Real Fábrica de Armas de la ciudad crearía 1.000 mosquetes y 20.000 libras de salitre (Ferreiro D, Larrie, 2019: 74).

En el mes de mayo de 1777, nuevas municiones y suministros llegaban a Nueva Orleans desde La Coruña pasando por La Habana. En este punto, existía un excedente de municiones ante lo cual, Bernardo de Gálvez, ya Gobernador de La Luisiana tras sustituir a Luis de Unzaga, y sobrino del Ministro de Indias José de Gálvez, subastó tales excedentes a la familia Beauregard. Dicha familia, a su vez proporcionó, de ese material sobrante, 10.000 libras de pólvora y 300 mosquetes al Fuerte Pitt. La relación de los comerciantes españoles, coordinados por Bernardo de Gálvez y financiados por Oliver Pollock, dotaría de municiones, ropas y quinina (medicina de Perú) a las tropas estadounidenses.  Además, Bernardo de Gálvez, a diferencia de Luis de Unzaga, sí estaba interesado en una posible recuperación de La Florida. Por tanto, estos intercambios fortalecieron las relaciones y los intereses de unos y de otros (Ferreiro D, Larrie, 2019: 69).

Si la ayuda de todos los personajes mencionados anteriormente fue de vital importancia en los pasos previos en la ayuda a la Guerra de Independencia, también lo fue la de Don Juan de Miralles y Trayllón, comerciante español que se asentó en La Habana en 1740 y fue representante de la Compañía Gaditana de Negros. Miralles, ya como enviado a las Trece Colonias por encargo del Ministro de Indias, José de Gálvez, hizo las veces de diplomático en las colonias británicas y mensajero e intermediario del Congreso Continental en calidad de Comisionado Regio de España. Al mismo tiempo, Trayllón debía informar de las actividades militares que se dieran. Este nombramiento se debió a que España no quería reconocer, a priori, la Independencia y soberanía de las Trece Colonias por temor a futuras alianzas entre éstas e Inglaterra.

Miralles, en aras de velar por la certificación de los envíos y donaciones españolas, se ocupaba de gestionar personalmente una gran parte de esta empresa, ya procediera de España o de los territorios de Ultramar. Es por estos hechos que Juan de Miralles merece tener una mención destacada dado que sirvió de llave para que toda ayuda de dinero, armas, municiones, pólvora y medicinas fuera efectiva en la costa atlántica e introduciéndola, también por Nueva Orleans. Por otro lado, será Bernardo de Gálvez el que gestionó estos recursos por el flanco Sur, es decir, desde la capital de La Luisiana Española.


 

Oliver Pollock y Bernardo de Gálvez ayudan a Rogers Clark para la toma de Kaskashia, Cahokia y Vincennes

 

El Conde de Floridablanca, Secretario de Estado entre 1777 y 1792 tras sustituir a Grimaldi, como hemos mencionado anteriormente, dio instrucciones al Gobernador de La Luisiana, Bernardo de Gálvez, y al Gobernador de la Capitanía General de Cuba, Diego José Navarro García de Valladares, para que dispusieran agentes en la costa Este de Norteamérica y La Florida, esta última arrebatada a España por los ingleses tras la Guerra de los Siete Años.  Esos agentes enviados fueron clave para un intercambio de información entre las colonias americanas y España en detrimento de los británicos.

 

Expediciones de George Rogers Clark entre mayo de 1778 y febrero de 1779

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Fuente: https://arrecaballo.es/siglo-xviii/guerra-de-la-Independencia-de-los-eeuu-2-1- 778-83/operaciones-en-la-frontera-oeste-1-778/

 

 

 


 

España empezó a tomarse en serio la posible recuperación de La Florida y, como consecuencia, el control del Golfo de México, algo que al propio George Washington le sería de gran ayuda para dispersar las tropas inglesas en las Trece Colonias. Si bien es cierto que no fue mediante acción directa, es decir, se seguía operando de manera encubierta, se sabía que para llevar a cabo esa reconquista había dos ciudades fundamentales; Mobila y Pensacola (esta última llamada entonces «Panzacola»)[9].

España quería asegurar, antes de entrar en una guerra firme, algunas plazas de importancia para esa supuesta reconquista sin que los británicos acusaran a España de aquellos actos. Aquí entraba en juego George Rogers Clark, Teniente Coronel de la Milicia de Virginia, quien tomó con suministros españoles, proporcionados por Bernardo de Gálvez y a través de Oliver Pollock, los asentamientos de Kaskashia, Cahokia y Vincennes entre mayo de 1778 y febrero 1779 (visualizar el mapa de las expediciones de George Rogers Clark) para evitar incursiones futuras por parte de los británicos.

Inicio de las operaciones militares: El Tratado de Aranjuez

 

Habían pasado tres años desde que los sublevados de las Trece Colonias iniciaron la Guerra contra la metrópoli inglesa y, como hemos mencionado hasta ahora, la ayuda de España había consistido en crear redes de espionaje y suministros. En este punto, si bien la ayuda moral, financiera, comercial y logística de la Corona española fue de gran relevancia, la acción armada tuvo un papel trascendental en el vasto territorio de La Luisiana, de norte a sur como se verá a continuación.

Desde el 12 de abril de 1779 se produce la celebración del Tratado de Aranjuez, sin olvidar su significación como Tercer Pacto de Familia[10], y la alianza conjunta de España y Francia. En el día 16 de junio de ese mismo año, España finalmente declaró la Guerra a Inglaterra, aunque tras albergar ciertas vacilaciones y reservas respecto de Francia y los rebeldes americanos en cuanto a su compromiso en las futuras negociaciones de paz una vez superado el conflicto. Con todo ello presente, se proclamó efectiva la Declaración de Guerra y la formación de la Junta de Guerra en la ciudad de La Habana, ya activa en secreto desde el 2 de marzo de 1779[11]. Dicha Declaración fue hecha pública a Inglaterra mediante Real Cédula el 22 de junio de 1779.

Desde el principio Bernardo de Gálvez trazó una estrategia para recuperar La Florida. Sin embargo, esto cambió a partir de los planes británicos que Juan de Urriza, Intendente del Ejército Español en La Habana, entregó el 27 de agosto de 1779 a José de Gálvez, Ministro de Indias y tío de Bernardo de Gálvez. Dichos planes ingleses consistían en separar el territorio en dos zonas: por un lado, el combate con los rebeldes y, por otro, el combate en torno a las posesiones españolas. A esta estrategia le seguía un movimiento de pinza con dos maniobras principales: una era llevar a cabo una invasión en el Norte, en el actual Michigan, que acabaría en San Luis, hoy estado de Misuri; y la otra maniobra buscaba expulsar a los españoles de La Luisiana y tomar la capital, Nueva Orleans. Una vez enterado José de Gálvez de la estrategia británica y puesta en conocimiento de su sobrino Bernardo de Gálvez, este último rehízo un nuevo marco de operaciones más ambicioso y ordenado que estaría definido en cuatro fases:

La primera fase consistiría en incursiones rápidas por el Valle del Misisipi con el fin de afianzar las posiciones españolas y la conquista de las fortificaciones a lo largo del Valle.

La segunda fase se centraría en ocupar las bases navales de Mobila y Pensacola, en la actual florida, dos ciudades importantísimas desde el punto de vista estratégico. Siendo Pensacola el principal objetivo de esta segunda fase.

La tercera fase trataría de llevar la Guerra al Caribe con el fin de arrebatar Bahamas y Jamaica a los británicos. (Bahamas se tomó, pero Jamaica no recibió asedio al final de la Guerra).

La cuarta fase se plantearía una vez tomada Jamaica, dada su importancia para Inglaterra como principal bastión en el Caribe. En caso de que se ocupara esta plaza, (que no fue fáctica, como ya hemos mencionado) España podría negociar con una postura ventajosa la devolución de territorios y culminar esta Guerra desquitándose, a su vez, de los resultados desfavorables de la Guerra de los Siete Años (Calleja Leal, Guillermo y Gregorio, 2016: 387)

Primera ofensiva española en el Valle del Misisipi: la ocupación del Fuerte Bute, rendición de Baton Rouge y la cesión del Fuerte Panmure

 

La primera movilización del ejército español tuvo lugar en agosto de 1779, momento en el que Bernardo de Gálvez, ya convencido de reconquistar La Florida con un plan estratégico, y Oliver Pollock se pusieron en marcha desde Nueva Orleans con un contingente de 667 soldados del Regimiento Fijo de Luisiana y 330 reclutas milicianos para tomar el Fuerte Bute. De camino estacionaron en el enclave indio de Acadia, donde se reclutan a 600 hombres. Cerca de 1500 efectivos, con Gálvez a la cabeza, emprendieron de nuevo la marcha hacía el Fuerte Bute. Los ingleses no ofrecieron resistencia, ya que gran parte de la guarnición, bajo del mando del Teniente Coronel Alexander Dickson, se había trasladado a Baton Rouge dejando apenas una veintena de hombres. En esta primera ofensiva española en la Guerra no hay muertos y el Fuerte Bute es capturado el 7 de septiembre de 1779[12].

Al día siguiente de la toma del Fuerte Bute, el 8 de septiembre, y aun sabiendo que las tropas españolas necesitaban descansar, Bernardo de Gálvez decidiría no perder tiempo y dirigirse a Baton Rouge, defensa de gran valor estratégico para los británicos. Allí se encontraba el Teniente Coronel inglés Alexander Dickson, tras su huida del Fuerte Bute, con menos de 600 hombres: 110 granaderos alemanes y el resto milicias de blancos y negros. El fuerte poseía un foso que hacía difícil su inminente ocupación y tras varios días de ataques de artillería por ambas fuerzas, Gálvez hasta el momento perdía tiempo. El día 20 decidió planificar una magnifica estrategia de distracción. En la oscuridad de la noche mandó cavar tres trincheras alrededor del fuerte para posicionar su artillería y atacar por todos los flancos. Cuando se hace de día, el 21 de septiembre, el bombardeo de la artillería española infligió numerosas bajas inglesas e hizo una brecha en las defensas que facilitaría la entrada de las tropas españolas. Visto que los ingleses no podían hacer nada, antes de que se produjera esa carga por parte de Gálvez, el Teniente Coronel Alexander Dickson hizo oficial la rendición entregando las banderas inglesas y depositando sus armas[13].

Tras conversaciones con Dickson, a Gálvez le es rendido el Fuerte Panmure, cuya entrega se hace de facto el día 5 de octubre, tras enviar a Oliver Pollock junto con 50 hombres y un emisario inglés con el documento de la capitulación inglesa firmado por el propio Dickson.

En este inicio de campaña Gálvez provocó numerosas bajas, tomó prisioneros a más de 550 soldados ingleses, además de altos mandos como el propio Teniente Coronel Alexander Dickson. Todos ellos fueron enviados a La Habana y obligados a jurar que jamás volverían a empuñar sus armas contra la Corona Española. España, por su parte, tan sólo registró una baja y dos heridos. Las noticas corrieron prestas en Pensacola, bajo control inglés, y sabían que Gálvez se sentía fuerte y capaz. Sus alas de águila se elevaban el en cielo. Sus cuernos de toro se preparaban inminentes ante el enemigo temeroso de lo que se le venía encima. Los ingleses sabían que se habían metido en la mismísima boca del infierno.

De la inseguridad de Navarro y Bonet a la determinación de Gálvez en la toma de Mobila

 

Cabe recordar que el hecho de que las campañas españolas en estos territorios buscaban cortar las rutas de suministro de los británicos, tanto al sur, como fue en su mayoría la acción militar, como al norte, tal como se verá mejor ejemplificado más adelante en la toma y destrucción de un importante punto de abastecimiento inglés en el Fuerte St. Joseph, en el actual estado de Michigan, entre el mes de enero y febrero del año 1781. Esta no es sino otra de las acciones encaminadas a romper con los planes estratégicos de los británicos enfocados en asestar una derrota a las Trece Colonias desde el oeste. Esto reafirma una vez más la trascendental presencia y papel de la Corona y las armas españolas en el amplio territorio del Valle del Misisipi, que en última instancia conducirían a la toma y derrota de Pensacola. Dicha recuperación otorgaría una crucial ventaja estratégica no sólo para la causa española, sino para el propio George Washington en su afán por derrotar finalmente a las fuerzas británicas.

De vuelta en el escenario posterior a las victorias rápidas en los citados emplazamientos, se ha de indicar que en los planes de Gálvez se hallaba la incesante obsesión por arrebatar Mobila y Pensacola a los británicos ante lo que José Navarro y Juan Bautista Bonet se oponían, dada su inclinación por reforzar la plaza de La Habana tras la derrota de 1763, recelosos de posibles ataques contra la ciudad. Así, la tesitura en ese momento planteaba el posicionamiento de dos bandos en torno a la cuestión de la Guerra: bien optar por una posición defensiva con el aseguramiento de La Habana, idea mantenida por José Navarro y Bonet: «Más vale (La Habana) que cincuenta Mobilas y Panzacolas» (Chávez E, Thomas, 2006: 174) o bien por pasar a una ofensiva progresiva, pero incesante, con el objetivo de lograr una victoria definitiva sobre las tropas británicas en La Florida.

 

Zonas de demarcación de las potencias y plazas (en rojo) ocupadas por Bernardo de Gálvez en el Misisipi en 1779

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Fuente: https://www.historynet.com/americas-spanish-savior-bernardo-de-galvez.htm

 

 

Esta segunda postura era bien defendida por Bernardo de Gálvez, con el apoyo total del Rey de España, la presión de Luis XVI de Francia a este respecto y la petición de George Washington en tanto que conocía de la importancia de la iniciativa española y el resultado que ello pudiera tener en el teatro de operaciones aliado. El motivo de este planteamiento radicaba en el efecto que la presión militar de España podría tener a la hora de combatir contra los ejércitos británicos, creando una dispersión muy grande de estas tropas de manera que el frente se abriera mucho más en detrimento de los ingleses.

Por lo tanto, este cambio de paradigma resultó muy importante para el transcurso estratégico de la Guerra: en primer lugar, para el Imperio español y el Reino de Francia; en segundo lugar, para las tropas rebeldes norteamericanas, pues se produjo un alivio y desahogo en las campañas militares al mando de George Washington y el contingente francés al norte y este de las Trece Colonias.

La toma de Mobila: El deber de Gálvez para con la historia

 

Tras los éxitos iniciales de Gálvez en Panmure, Fort Bute y Baton Rouge, el siguiente obstáculo a sortear sería adentrarse cada vez más al este. Una vez aseguradas las plazas en el Misisipi, la pretensión de Gálvez pasaba por conseguir para España la Mobila y posteriormente Pensacola. Independientemente de las desavenencias entre Gálvez y José Navarro, a propósito del envío de tropas de refuerzo y material para las operaciones en el frente norteamericano, Gálvez decidió avanzar. Con este contexto de fondo, el Fuerte Charlotte, supondría la próxima acción militar de éxito para Gálvez. De hecho, entre el 20 de febrero y el 9 de marzo de 1780 logró capturar y asegurar Mobila para dar un paso más en el camino hacia la victoria y el cambio de la historia[14].

Más que el enfrentamiento bélico en sí y el resultado propicio para la expedición de Gálvez, la victoria en el Fuerte Charlotte supuso un aliento desde el punto de vista logístico y avituallamiento para las fuerzas mandadas por éste, además del prestigio y respeto militar en la figura del propio Gálvez, pues había conseguido vencer al enemigo de España, sin el apoyo que precisó, saliendo victorioso y reafirmando el espíritu de la vieja piel de toro del carácter español.

 

 


 

Carta Náutica de la Bahía de Mobila según los trabajos norteamericanos y franceses más modernos

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Extraído de: Archivo Biblioteca Nacional de España, MA00013258, 1782. Carta Náutica de la Bahía de Mobila según los trabajos norteamericanos y franceses más modernos.

 


 

Así, dando fe de la tenacidad de su persona, demostró que, pese a la escasez de hombres, pudo vencer en esta afrenta. He aquí la trascendental relevancia de Gálvez, pues hay pocos hombres y mujeres que sean valedores de cambiar el rumbo de la historia que hoy nosotros relatamos. Mobila no significó únicamente un punto estratégico o militar. Para Gálvez tomar ese lugar era un deber. Unos pocos derrotaron a muchos. Desde ese momento y en el bagaje de su figura hasta nuestros días perduraría eternizado en su frase «Yo sólo», que mencionaría un año después el propio Gálvez en la Bahía de Pensacola, el espíritu gallardo de su persona en aras de una idea de libertad y fiel compromiso con aquello que juró defender: España.

La batalla de San Luis y la acción conjunta de Francia, España y los rebeldes norteamericanos

 

Una vez tomada Mobila, ponemos de nuevo el foco en la trayectoria militar de las armas españolas con la batalla de San Luis, que tuvo lugar en lo que hoy se conoce como la ciudad de San Luis, en el actual estado de Misuri. Pues bien, dicha batalla fue librada bajo el mando de Fernando de Leyba, natural de Ceuta, y bajo las órdenes de Bernardo de Gálvez. Leyba se hallaba al cargo de la administración y defensa de este emplazamiento, de vital importancia dada su posición en el panorama militar de la región al conectar con la ruta del río Misisipi, al ser puesto avanzado y dotar de seguridad los futuros planes militares en La Florida.

El día 26 de mayo de 1780[15] tuvo lugar la acción armada entre efectivos españoles, franceses y norteamericanos en la defensa de la posición y frente a una fuerza combinada de tropas británicas e indios de las tribus Siux, Winnebago, Menomini, Sauk y Fox. Entre las líneas de defensa aliadas se encontraban combatiendo dos hombres que labraron gran amistad, más allá de la causa común contra el inglés. Nos referimos al ya mencionado vicegobernador de San Luis, Fernando de Leyba y George Rogers Clark, líder rebelde en la región de Illinois y enviado para la defensa conjunta de la ciudad, quién tuvo gran protagonismo previamente en el conflicto con sus acciones en Kaskashia, Cahokia y Vincennes, como ya mencionamos anteriormente.

 


Movimientos estratégicos de las tropas inglesas y españolas en la batalla de St. Louis el 26 de mayo de 1780

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La batalla de ST. Louis
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Fuente: https://www.abc.es/cultura/abci-olvidada-batalla-espana-defendio-misuri-300- hombres-cruel-ataque-britanico-201805260026_noticia.html#vca=amp-rrssinducido&vmc=abc-es&vso=wh&vli=noticia.vide

 

La crucial victoria en Centro América: un paso más para el fin de la Guerra

 

Paralelamente a lo que aconteció en San Luis de Misuri, el frente del caribe vivía grandes cambios en cuanto al ámbito militar y estratégico se refiere. En este campo, el comandante al cargo de las operaciones en la zona era el padre de Bernardo, el insigne Matías de Gálvez. Así en el año 1780 tienen lugar una serie de enfrentamientos armados entre ingleses y españoles que supondrían punto de inflexión en el marco general de la llamada Guerra Revolucionaria. No podemos dejar de insistir en la idea de que todos los eventos que se daban en uno u otro lugar geográfico tenían una incidencia definitiva en el devenir del conflicto. Aunque los combates a los que nos referimos en este territorio caribeño no parecían estar aparentemente relacionados con la zona origen de esta Guerra, es decir, Norteamérica, sí que fueron en todo sentido relevantes para los intereses de España en todo el continente americano al norte y al sur, y por supuesto, para el éxito de la Guerra a favor de los aliados frente a Gran Bretaña.

Dicho esto, desde septiembre y octubre de 1779 la zona de operaciones de Centro-América se vio envuelta en un ciclo de acciones de escaramuza y guerra de selva más propia del siglo XX que del siglo XVIII. Con este panorama, los españoles se hicieron con el Fuerte St. George el 15 de septiembre, mientras que el Fuerte de San Fernando de Omoa cayó del lado inglés en octubre del mismo año. Este objetivo militar fue un acierto para los planes ingleses en la región[16]. Como vemos, el «modus operandi» de este entorno bélico se caracterizó por las acometidas e intercambio de golpes entre España e Inglaterra, tal y como sucedió de nuevo en la provincia española de Nicaragua, al tratar de llevar a cabo una invasión los británicos a través del Río San Juan. Así, consiguieron tomar el Fuerte Inmaculada Concepción el día 27 de abril de 1780. Si bien los ingleses se hicieron con este fuerte, la campaña que abarcó desde enero a julio de 1780 ejemplificaba perfectamente el tipo de guerra que se dio en el Caribe y Centro- América tanto por la orografía, la disponibilidad de efectivos, así como por la dificultad de mantener vías de suministro y refuerzo. Además, no hay que olvidar las condiciones climáticas y las enfermedades tropicales acabarían por diezmar a ambos bandos.

Este punto estratégico basaba su importancia en la consecuente posición de ventaja con la que podía dejar a los contendientes, tal como quería Inglaterra al pretender partir la América española en dos. Así, Inglaterra podría romper por la mitad a las fuerzas españolas en la lucha global que se estaba manteniendo. Tras estar gran parte de 1780 en enfrentamiento constante en este frente, el ejército español, al mando de Matías de Gálvez y Juan de Ayssa, consiguió no solo mantener el asedio al Fuerte Inmaculada Concepción, sino erigir otro, llamado Fuerte San Carlos, en la desembocadura del río San Juan al lago Nicaragua. Esta maniobra cortó y bloqueó la entrada de refuerzos británicos a través de dicho lago obteniendo como resultado, el 13 de junio, el repliegue del contingente inglés hacia Jamaica, que iba en ayuda de sus tropas aún presentes en el Fuerte Inmaculada Concepción.

 

El adiós de Miralles

 

En el año de nuestro señor 1780 con día 26 de abril, se despedía del mundo terrenal a una de las figuras que ejemplificaron a la perfección el abrazo fraternal y de compañerismo entre los EE. UU. y España, púes sin figuras como él no hubiese nación estadounidense. Hacemos mención de Juan de Miralles y Trayllón. ¿Por qué es tal su importancia? Pues por dos motivos: el primero por la estrecha relación personal que estableció con el propio George Washington, quien acogió y despidió en su casa con honores de esta vida al propio Miralles; y en segundo lugar por ser desde los inicios valedor de la ayuda de España a la futura nación estadounidense.

«El Escorial de los Mares» en el Atlántico y Matías de Gálvez en Centro América: derrotas inglesas sin precedentes

 

En el año 1780, Portsmouth era uno de los puertos que más apoyo otorgó al ejército inglés durante la Guerra. Inglaterra en ese año estaba perdiendo en Norteamérica y era obvio que sus tropas allí destinadas, precisaban de ayuda por parte de la metrópoli. Los ingleses enviaron un convoy y la ruta a trazar era la siguiente: partían de la isla, eran escoltados por la flota del Canal de la Mancha y una vez llegados a la altura de Gibraltar se dividían los cargamentos. Uno para las colonias del Atlántico y otro para la India. Esto en el día 9 de agosto significó un problema, ya que el convoy inglés de 55 navíos fue interceptado antes de seguir la ruta habitual. La flota española de 35 buques junto a la francesa de 9, al cargo de Luis de Córdova y Córdova, Director General de la Armada de España y como capitán del mayor navío de línea jamás construido hasta la fecha, El Santísima Trinidad, apodado «El Escorial de los Mares», realizó el mayor golpe logístico a la Royal Navy en toda su historia (Calleja Leal, Gregorio y Guillermo, 2016: 195-199). La vital importancia de esta gesta residía en que evitó la provisión de una ingente cantidad de hombres y material bélico que se dirigía a Jamaica para luego distribuirse por todos los frentes en Norteamérica. Inglaterra sufría cada vez más y su derrota estaba próxima.

Tras todo un año de lo más trepidante e intenso en cuanto a operaciones militares se refiere, el año 1781 no iba a ser menos. Así, desde el año 1780 y hasta el 1781 tuvieron lugar las campañas de Matías de Gálvez con objeto de asegurar el Caribe y expulsar a los ingleses de las plazas fuertes que había disgregadas en toda la región, lo que nos sitúa en el día 3 de enero de 1781. Tras un intercambio armado entre ingleses y españoles, el Capitán Juliá se hizo con el ya citado Fuerte Inmaculada Concepción de modo que se lograba una victoria más para la consecución del objetivo final de hacer salir a los británicos de las tierras de Centro América. De otro lado, y en vista del éxito, Matías de Gálvez dispuso que el recién nombrado Comandante, Cayetano Ansoátegui, y el Capitán Vicente Arrizabalaga partiesen desde el cuartel general de Matías en Comayagua en el día 12 de marzo para trazar el plan de pinza a través de los ríos Guanpú, Paulaya, Aguán, Pauta y Pinto. De este modo se podía hacer efectiva la toma de los últimos reductos ingleses en los asentamientos de Gueriba y Mestrecrio hasta divisar el poblado de Caribe, donde el avance se detendría hasta la ofensiva final en 1782. La misión asignada a estos dos hombres fue fructífera tal como se considera en informe escrito por Arrizabalaga el 6 de mayo y recibido por Ansoátegui el día 12 de mayo. Junto a estas acciones, el Coronel José de Estachería combate a los indios zambos y misquitos que son aliados de los ingleses, al oeste de Comayagua, en la frontera norte de Nicaragua, lo que no hace sino debilitar a los británicos al tener que estar en constante alerta ante las escaramuzas españolas y estirar en demasía sus fuerzas. La balanza se vencía del lado español. En este escenario bélico las armas españolas lograrían la victoria final en las batallas de Roatán el 16 de marzo de 1782, junto con la toma del Poblado Caribe y Quipriva[17] en el mismo mes. Además, el 7 de mayo de 1782 José Manuel de Cagigal tomaría las Bahamas para España, de modo que el plan de expulsar a los ingleses de la zona había dado resultado.

Volviendo unos meses atrás, es importante mencionar la captura del Fuerte Saint Joseph el 13 de febrero de 1781, en el actual estado de Michigan. Esta marcha es planificada por el Comandante Francisco Cruzat, quién otorgó el mando de la misión al Capitán Eugene Pourré con una fuerza de 91 soldados milicianos y 71 indios de las tribus Oto, Sotú y Potowatamis. La columna partió el 2 de enero desde San Luis y arribó al objetivo el día 12 del mes siguiente tras atravesar los ríos Misisipi e Illinois con frío, nieve y hielo. El Fuerte St. Joseph es tomado y destruido, lo que va a suponer un golpe muy considerable en los planes estratégicos ingleses al tratarse de un importante almacén de pertrechos de guerra. Cabe decir que la escasa guarnición inglesa del fuerte fue hecha prisionera, lo cual es señal de que el mando inglés no esperaba un ataque tan al norte del continente y menos en pleno invierno, pero la tenacidad de la expedición española vence a los elementos y las condiciones climáticas para hacer efectiva su misión. Tanto es así, que la importancia de este hecho se tradujo en; la pérdida de un puesto de muy alto valor estratégico para la Corona británica, al ser proveedor de todo tipo de vituallas de guerra; España cercenaba la posibilidad de futuros ataques contra San Luis y el Misisipi; Gran Bretaña abandonó el plan inicial de envolver a las colonias por el oeste al ser vencida por el Imperio Español en la cuenca del gran Misisipi en su curso alto y bajo.

Paralelamente a estos acontecimientos, en enero de 1781 se iba a asestar otro golpe de gracia más a la moral inglesa y su esfuerzo de guerra contra las colonias. El día 7 de enero del mismo año, las tropas españolas repelieron contraataques británicos en la Aldea de Mobila, a 12 km de la ciudad de Mobila. En este combate el Coronel José de Ezpeleta al mando de la guarnición logró resistir y vencer a las tropas de John Campbell, no sin pasar por una ardua lucha y de muy corta distancia hasta llegar a la bayoneta y cuchillo. Este nuevo éxito, sin embargo, adviertió a Bernardo de Gálvez de la peligrosidad de más ataques y la amenaza ante posibles pérdidas mayores, lo que le llevó definitivamente a lanzar la ofensiva en Pensacola.

«Panzacola» y la reconquista de La Florida: el sueño de Bernardo de Gálvez

 

Después de los éxitos en las dos campañas que Bernardo de Gálvez había llevado a cabo, llegados a este punto, faltaba la más icónica, representativa y, finalmente, decisiva campaña en la ayuda de España por la Independencia de los EE. UU. El tiempo había puesto a Bernardo en lo más alto de la estripe militar de aquellos momentos, sin embargo, todavía seguía teniendo complicaciones para un apoyo en su última gran campaña. Harto de las discrepancias de la burocracia arraigada en los trámites de esta Guerra, Gálvez actuó otra vez más. Sus alas ahora estaban desplegadas totalmente, sus cuernos prestos para dar su última y más grande embestida. Era su hora, su momento final. El sueño por el que luchó contra viento y marea. 

Cerca de 1500 efectivos, junto a Gálvez, llegaban a la Bahía de Pensacola el 9 de marzo de 1781, y se sitúaban en la Isla de Santa Rosa, que quedaba cerca de la costa. Este pequeño estrecho, significó un problema para Gálvez, ya que las posiciones inglesas situadas en Barrancas Coloradas hacían difícil la entrada española y serían un riesgo para Gálvez. Sin embargo, decidió instalar tan pronto como fuese una batería de artillería en la propia isla para defender a sus buques de los soldados ingleses comandados por Campbell. Una vez construida la batería de artillería, Gálvez decidió enviar, bajo las órdenes de José Calvo Irazábal, varios buques, pero por desgracia uno de ellos, el San Ramón, quedó encallado y se retuvo la ofensiva. Irazábal decidió no enviar a sus buques en contra de la presión que ejerció Gálvez para que sí lo hiciera. Otra vez más, Bernardo perdía tiempo, de hecho, las negociaciones con Irazábal se extendieron hasta el 18 de mayo para la deseada ofensiva. Cansado Gálvez de la inactividad de sus mandos decidió actuar él mismo.

El 19 de mayo Gálvez reflejó una de las mayores gestas de la historia militar, no solo para España o la Guerra de Independencia de los EE. UU., sino la para la Historia Universal. Bajo el grito de «Yo sólo», Bernardo avanzó a través de la bahía, al mando del Galveztown, junto con 3 buques más, cubierto por el humo del fuego enemigo, la opresiva duda que podría determinar su final en este mundo y la responsabilidad para con la historia, sin recibir, finalmente, ningún daño[18].

Una vez traspasada la bahía, el Mayor General Campbell decidió reorganizarse y traspasar las fuerzas inglesas a una mejor defensa en Fort Georges. Por primera vez las peticiones que Gálvez llevaba haciendo desde el inicio de la Guerra obtuvieron respuesta. Gálvez ya no estaba «solo». La espera se hizo larga, pero por fin la llegada de una fuerza sitiadora mayor, perteneciente de La Habana, Mobila y Nueva Orleans, significaría el apoyo necesario para la toma de Pensacola y la ocupación definitiva de todas las plazas fuertes en La Florida. Todas las fuerzas españolas sumarían alrededor de 7.800 hombres, entre infantes, artilleros, caballería y tropas marítimas[19]. La batalla de Pensacola fue dura, se perdieron muchos hombres, pero tras una carga de bayoneta llevada a cabo por las tropas españolas frente a la defensa inglesa, que reconocemos que fue magnífica y extendiéndose hasta las dos y media de la tarde del 8 de mayo, finalmente, el Mayor General Campbell se rendiría un día después. Bernardo fue un hombre capaz de luchar ante todo y antes todos. Único y sin igual. Acompañado de los mejores hombres que uno pueda desear. Gálvez y España. España y Gálvez. Su sueño por fin se hizo realidad[20].

Yorktown: El milagro español

 

Es indudable que la reconquista de La Florida para España fue un hito en la historia, pero para George Washington significaría un triunfo y un punto de inflexión para con la Independencia de su pueblo. La derrota de Inglaterra estaba cerca, pero aún quedaban circunstancias de vital importancia.  Con Pensacola no acababa la aportación de España a la ayuda de la Independencia de los EE. UU. De nuevo, y por última vez, nuestro deber para el bien común fue el gran milagro para todos.

Una vez relatados los hechos que marcaron el paso de España por la Guerra para la causa revolucionaria, concluimos nuestro artículo con uno de los mayores gestos por parte de una nación hacia otra, en este caso hacia dos, como lo eran los jóvenes EE. UU. y Francia. Esta inadvertida hazaña protagonizada por España fue nada más y nada menos que el rescate directo de las tropas estadounidenses y francesas de una situación de total ruina económica y material. Téngase en cuenta que este crucial fenómeno tuvo lugar en la antesala de la gran conocida como batalla de Yorktown con fecha de 18 y 19 de octubre de 1781, considerada como la gran victoria en contra del inglés. No obstante, tal y como se ha indicado, la coyuntura del Tesoro Público de Francia pasaba por época de exiguas reservas, lo que sumado a la constante necesidad de financiación y apoyo que precisaba el ejército de George Washington, hacía que en la víspera de la batalla se produjera el peligro real de amotinamiento o negación de lucha por parte de las tropas francesas y norteamericanas debido al atraso de sueldos y falta de pagos a soldados y marineros.

En este contexto tan precario, de nuevo, la vía de salida fue España. Así, la Corona española tuvo a bien asumir no sólo el coste militar como ya se venía haciendo desde años atrás, sino cubrir los salarios de los ejércitos de Francia y EE. UU., lo cual es del todo asombroso si se pone en perspectiva la ya gran implicación de España en el esfuerzo de guerra. Para este marco de operaciones, el nombre de Francisco de Saavedra cobró protagonismo, quien en calidad de Comisionado Regio, actuó en nombre del Rey Carlos III y procedió a conformar el cometido de reunir las cantidades remitidas por el Conde De Grasse, el cual al mando de la flota francesa fondeada en el puerto de Cap Francais, precisaba con urgencia de la financiación española para garantizar el traslado de estas tropas y navíos hacia la Bahía de Chesapeake, con la consiguiente connotación que tomaba la partida monetaria de España para el devenir de la batalla en ciernes. Es muy necesario recalcar que sin este nuevo movimiento por parte de la Corona española el destino de esta batalla tan reivindicada hoy en día por los acérrimos patriotas norteamericanos podría haber sido muy distinto dado el estado de necesidad de los efectivos franceses y estadounidenses. De otro lado, hay que decir que este vital rescate tuvo dos partes; una de ellas la relativa a la cobertura de los jornales retrasados por parte de Francia para con sus soldados y marinos; y la segunda la relacionada con la directa emisión de 1.600.000 de pesos (48.900.000 millones de dólares de 1990)[21] desde el Virreinato de Nueva España para pertrechar al Ejército Continental de George Washington, quien no dejó de necesitar armamento, munición, uniformes y demás estocaje de batalla. Así mismo, se ha de decir que el Congreso Continental carecía de crédito para poder afrontar tales demandas, habida cuenta de su deuda externa e interna y el escaso valor de los dólares continentales. Es por ello por lo que se acudía constantemente a España para poder hallar fuente de solvencia y asunción de gastos, tal como ocurrió finalmente cuando la plata española arribó en Chesapeake y fue entregada a sus destinatarios. Tras este auténtico milagro español, las tropas francoestadounidenses estaban ahora sí en condiciones de presentar batalla. Con este nuevo gesto por parte de España, la financiación total de la Guerra y deuda impagada por EE. UU, fue de 3 billones de dólares con interés compuesto pactado del 5% o de más de medio billón con interés simple[22].

Es debido recordar este enigmático episodio de nuestra historia para hacer saber que la huella y cimientos de España en la creación de Estados Unidos fue y es fehaciente. Y por ello, no hemos de cejar en el empeño de seguir mostrando y aprendiendo de la trascendental empresa que nuestro país abordó en ese hecho histórico, como en tantos otros, desde sus comienzos hasta su final.


Bibliografía

 

Obras audiovisuales:

—Santillana, E. O. (Director). Gallego, I. & Lazo, J. B. (Productores). (2018). Bernardo de

Gálvez. Un legado vivo (Documental). Andalucía, AND: CDECOM S.L

Obras literarias:

—Calleja Leal, Guillermo; Calleja Leal, Gregorio, Gálvez y España en la Guerra De

Independencia de los Estados Unidos. España, Albatros, 2016, 459 pp.

—L. Clink, Stephen, The Battle of St. Louis, the attack on Cahokia, and the American Revolution in the West. Estados Unidos. THGC Publishing, 2017, 309 pp.

—E. Chávez, Thomas, España y la Independencia de Estados Unidos. España, Taurus, 2006,

423pp.

—D. Ferreiro, Larrie, Hermanos de Armas: La intervención de España y Francia que salvó la

Independencia de Estados Unidos. España, Desperta Ferro Ediciones, 2019, 472 pp.

—Gálvez, Bernardo, Yo solo: The Battle Journal of the Bernardo de Galvez During the

American Revolution. USA, 2011, Claitor's Law Books and Publishing, 59 pp.

—López Fernández, José Antonio, Join or Die: La Guerra de la Independencia de los Estados

Unidos (1775-1783). España, HRM Ediciones, 2019, 256 pp.

Archivos Históricos:

—Archivo Biblioteca Nacional de España, R/36289, 1781. Diario de las operaciones de la

expedición contra la Plaza de Panzacola concluida por las Armas de S.M. Católica baxo las órdenes del Mariscal de Campo D. Bernardo de Gálvez, 69 pp.

—Archivo Biblioteca de Nacional de España, VE/1240/12, 1787. Apuntes de algunas de las

gloriosas acciones del Excelentísimo Bernardo de Gálvez. 30 pp.

Cartografía:

—Archivo Biblioteca Nacional de España, MA00013258, 1782. Carta Náutica de la Bahía de

Mobila según los trabajos norteamericanos y franceses más modernos, 1 p.

 

 

 

 

www.guerracolonial.es



[1] Está claro que había otros puntos importantes en este entramado de poder que corrían por el viejo mundo; el poder político, el poder territorial, el poder militar etc. Sin embargo, para mantener esos poderes, fue necesario establecer líderes en cada uno de los territorios por parte de todos los monarcas para extender su influencia.

[2] Aliados del bando franco-español: Archiducado de Austria, el Imperio Ruso, el Reino de Suecia, el Reino de Nápoles, El reino de Piamonte- Cerdeña, El Imperio Mongol y el Electorado de Sajonia.

[3] Aliados del bando inglés: Reino de Prusia, Reino de Portugal, Principado de Brunswick-Wolfenbrüttel, Landrgraviato de Hesse-Kassel, Confederación Iroquesa y el Condado de Schaumburg-Lippe.

[4] Para más información, véase: archivo de «America’s Homepage: Historic Documents of the United States. Stamp Act,1765». https://ahp.gatech.edu/hisdocs.html

[5] IBID. The Tea Act, 1973.

[6] IBID. The Punitive Acts, 1974.

[7] Para más información sobre Fray Antonio de Sedella, véase el artículo del sitio web el monarquico.com: «Fray Antonio de Sedella: el fraile que fue agente secreto, por medio siglo, en los Estados Unidos».

[8] Para más información sobre la estructura, la formación y consolidación de los diferentes acuerdos comerciales que la empresa vasca había hecho con las colonias en el nuevo y viejo mundo, véase: Larrie D. Ferreiro (2019: 41-43).

[9] La relevancia de estas dos urbes residía en que dada su posición geográfica, comercial y principal vía de suministros, fueron punto clave para las tropas británicas en la Guerra de Independencia hasta que fueron reconquistadas por España en 1781. Esa reconquista decantó la balanza en la victoria rebelde contra los ingleses.

[10] Los Pactos de Familia radican su fundamento en que, debido a la alianza entre Francia y España como fruto de la dinastía compartida de los Borbones en ambas naciones: si una entraba en guerra, la otra debía entrar también en su ayuda. Estos pactos datan de 1733, 1746 y 1761, siendo renovado este último en 1779.

[11] En esta Junta de Guerra tomarían partido: Diego José Navarro García de Valladares, quién la preside; el General Victorio de Navia Osorio, Jefe del Ejército; Juan Bautista Bonet, Comandante de Marina del Departamento de La Habana; el Almirante José de Solano y Bote, Jefe de la Flota Fondeada en La Habana; Juan Tomasco y Pavía, Segundo Mando de la Flota; y el Mariscal de Campo, Juan Manual de Cagigal.

[12] Uno de los aspectos llamativos de las fuerzas españolas es que, a diferencia de Francia, Inglaterra o incluso los propios sublevados norteamericanos, que no quiere decir que no tuvieran diversidad étnica, sí es verdad, que no es equiparable a la variedad multiétnica de las tropas españolas. Un ejemplo claro es esta primera ofensiva en el Fuerte Bute, donde las tropas estaban formadas por:  soldados mulatos y negros libres, voluntarios norteamericanos, españoles procedentes de la península y canarias, además de irlandeses, colonos rebeldes norteamericanos, mexicanos, puertorriqueños, cubanos y dominicanos.

[13] Para más información sobre el transcurso de estos combates referentes a la toma de Baton Rouge, véase Calleja Leal, Guillermo y Gregorio (2016: 145-146).

[14] Para más información sobre el transcurso de estos combates referentes a la toma de Mobila, véase: Calleja Leal, Guillermo y Gregorio (2016: 163-167).

[15] Para más información sobre la batalla de San Luis, véase: L. Kling, Stephen (2017)

[16] El control inglés sobre la plaza de Omoa no duraría mucho, al ser de recuperada para la Corona Española por Matías de Gálvez el 26 de noviembre 1779.

[17] Los poblados de Caribe y Quipriva fueron inmediatamente recuperados por los británicos al mando del Coronel Edward Marcus Despard el 22 de agosto de 1782. No obstante, Inglaterra ya había sido derrotada en el Caribe. La recuperación de estas plazas no tendría mayor relevancia en el trascurso final de la Guerra.

[18] Por esta gesta valerosa, Carlos III, además de otros títulos, permite incorporar a Bernardo de Gálvez el lema «Yo sólo» en su escudo de armas.

[19] Para más información sobre el recuento militar exacto de las fuerzas españolas en Pensacola, véase: López Fernández, José Antonio (2019: 199-200).

[20] Para más información sobre la figura de Bernardo de Gálvez, véase el documental:  Santillana, E. O: «Un legado vivo». También, véaselos diarios escritos por Gálvez: «Diario de las operaciones de la expedición contra la Plaza de Panzacola» y «Yo sólo: The Battle Journal of the Bernardo de Galvez During the American Revolution». Las referencias están en la Bibliografía.

[21] Para más información sobre el apoyo financiero de España a EE. UU para la batalla de Yorktown, véase: Calleja Leal, Guillermo y Gregorio (2016: 400-408).

[22] La Real Academia de la Jurisprudencia y Legislación de España publicó un informe que José María Lancho Rodríguez, abogado experto en derecho mercantil, derecho tecnológico y patrimonio histórico, presentó sobre la cuantía monetaria total que España aportó antes, durante y en los años posteriores a la Guerra.