Los mitos de la conquista de México Tenochtitlan también están en su Historia Militar

(The myths of the conquest of Mexico Tenochtitlan are also in its Military History)

 

 

Marco Antonio Cervera Obregón

Universidad Anáhuac México

 

Recibido: 02/09/2020; Aceptado: 14/11/2020;

 

Resumen

Los actuales cambios de interpretación y análisis de lo que fue la conquista de México, han llevado a desarticular algunas posturas que se habían enquistado, no solo en el imaginario popular, sino incluso también en el mundo académico. Aspectos como el emblemático uso del morrión de cresta, los soldados acorazados de Cortés, el uso de armas de fuego como el determinante tecnológico para la victoria española sobre los mexicas, entre otra serie de factores que ahora están cambiando, se reflexiona en el presente trabajo sobre dichos aspectos.

El papel de la Historia Militar es considerado como una disciplina esencial para poder interpretar con una medida objetiva, académica y científica, los diversos enfrentamientos militares que no solo se resumieron en la caída de Tenochtitlan, sino también en los diversos escenarios previos y posteriores a la caída del Imperio mexica.

 

Palabras clave

Historia Militar, Mesoamérica, Conquista de México, Guerra

 

Abstract

The current changes in interpretation and analysis of what was the conquest of Mexico have led to the dismantling of some positions that had become entrenched not only in the popular imagination but even in the academic world. Aspects such as the emblematic use of the crested morion, the armored soldiers of Cortés, the use of firearms as the technological determinant for the Spanish victory over the Mexica, among other factors that are now changing, this paper reflects on on these aspects.

The role of Military History is considered an essential discipline to be able to interpret with an objective, academic and scientific measure, the various military confrontations that were not only summarized in the fall of Tenochtitlan, but also in the various scenarios before and after the fall of the Mexica Empire.

 

Keywords

Military History, Mesoamérica, Conquest of México, Warfare

 

Cercana ya la fecha de conmemoración de la caída de Tenochtitlan, hemos preparado este dossier especial sobre dicho acontecimiento para la Revista Guerra Colonial, tratando de analizar a través de la aportación de diversos especialistas, diferentes aspectos del fenómeno militar suscitado en ese momento.

Otro de los puntos de interés que la historiografía más tradicional de la conquista de México ha marcado y que en algún sentido ya otros autores como, Federico Navarrete, Mathew Resstall o Enrique Semo, han remarcado la generalidad de los mitos de la conquista en contraposición con las visiones que años atrás teníamos, parte de esos mitos también los vemos profundamente reflejados y con sus respectivas consecuencias en el fenómeno béico por sí mismo.

Al respecto, la Historia Militar, una disciplina hoy por hoy poco comprendida y estudiada en México, (Quezada Sanz, 2016), es una de las principales áreas de oportunidad interpretativas, que permiten tener un acercamiento lo más objetivo, metodológico y académico posible del fenómeno bélico a lo largo de la historia, y por ende una de las disciplinas que puede responder a los diversos componentes que la guerra representa, en este caso del asedio de México Tenochtitlan.

El presente trabajo es solo un ensayo de reflexión sobre lo que deberíamos de entender del fenómeno bélico en la conquista de México, mismo que finalmente también nos lleva a la reflexión de la guerra mesoamericana y que al igual que muchos aspectos de la conquista de México, nos ha llevado a promover una serie de mitos, algunos de los cuales vamos a ir analizando en este ensayo.

¿La Historia Militar es occidentalizar Mesoamérica?

Existen algunas posturas en el escenario mesoamericanista al pensar que la aplicación de los modelos teóricos y metodológico de la Moderna Historia y Arqueología Militar es llevar a los estudios mesoamericanos a una suerte de occidentalización, y es ahí quizá donde comienza uno de los primeros mitos de la Historia Militar de la conquista de México.

Se ha pensado que conforme más adjudiquemos una visión romántica de la ideología religiosa, simbólica, cosmogónica o como ahora están llamando, ontológica de los pueblos indígenas, es más mesoamericano, cuando en realidad nada es del todo claro qué es y que no es lo mesoamericano. Esta postura radical está generando, en efecto, otro mito referente a los estudios mesoamericanos con el cual debemos tener cuidado, conforme más religioso es más mesoamericano y es lo que más importaba en las sociedades del momento.

Por el contrario el deseo de poder, control y subyugamiento del otro a través de la fuerza de un ejército, es lamentablemente una de las condiciones humanas más conocidas y universalmente representadas en la historia del hombre, y el caso del mundo mexica, por más mesoamericano que se quiera ver, no deja de compartir junto con las otras sociedades del mundo la misma idea, ya que al final los mexicas también eran humanos, por tanto deben ser estudiados como tal, desde la perspectiva del fenómeno bélico.

La respuesta a ¿cómo se estructuraba su ejército?, ¿el tipo de armas que usaban?, formas de combate, planteamientos tácticos, entre otros componentes deben ser inicialmente entendidos bajo el leguaje militar universal, para después tratar de entender las particularidades que lo hacen “mesoamericano”.

Ya Ross Hassig y autores como Carlos Brokmann lo habían advertido: “Hasta nuestros días, la historiografía mesoamericana ha enfatizado este carácter fundamentalmente ritual. La mayoría de los especialistas que no han estudiado la guerra en sus vertientes más prácticas han preferido seguir esa línea de pensamiento, en vez de retomar los estudios militares que demuestran que existió un aspecto pragmático que puede descubrirse a través de muchos elementos” (Brokmann, 2013: 70).

Es necesario comprender todos estos componentes si queremos responder a una verdadera Historia Militar mesoamericana, destacando un punto clave en esta reflexión, que al final el análisis del conflicto bélico en sus aspectos más pragmáticos, no está peleado con los aspectos más simbólicos e ideológicos del mundo mesoamericano, donde al final la ideología militarista[1], religiosa y política están realmente fundidas en un estado mexica, con intereses muy claros, el someter a sus contrarios a través de la hoja de obsidiana, aun cuando se piense que las guerras, en el plano más supraestructural fue ganada gracias al sol. 

Se entiende que entre las comunidades indígenas actuales y como ya lo ha planteado Danièle Dehouve, por ejemplo referente al sistema de cargos, “La primera función del sistema de cargos es organizar el ritual sin el cual ninguna existencia es posible”, (Dehouve: 2006) sabemos perfectamente la carga religiosa y simbólica que existía en el mundo mexica y que innegablemente se fundía con la actividad bélica, y que también es de interés para la Historia Militar, sin embargo, la parte operativa y real del conflicto armado, pese a contar con ese sustrato religioso y que no debe ser separado de la actividad bélica, debe ser explicado en otra dimensión de análisis que solo la Historia Militar permite.

El problema real está en al discurso contrario de parte del gremio académico más vinculado a estos fundamentos religiosos, en el cual, dentro del mundo mexica, la explicación operativa del conflicto armado no tiene interés ni importancia ya que el fundamento religioso es lo más importante, por tanto, la explicación de una victoria militar siempre será solo vista a través de dicha interpretación sagrada únicamente, dejando el pragmatismo de la guerra en un sustrato secundario, cuando debe ser en un mismo plano.

La Historia Militar está innegablemente interesada en los elementos más simbólicos del pensamiento indígena relacionados con el conflicto bélicos, pero siempre en coordinación con una realidad del combate y el conflicto armado y no solo respondiendo a valores supraestructurales para entender el desarrollo y finalidad del combate.

Aclaremos una cosa, la idea de que la sobrenaturaleza, los dioses se involucren para lograr la derrota de los enemigos de forma simbólica, no es exclusiva de los pueblos indígenas, sino en realidad encontramos estos patrones en muchas sociedades antiguas, bajo esquemas y visiones muy diversas.

Al final, ellos saben que esas guerras, por más que el sol los ayudara, fueron realmente derrotados los enemigos gracias al buen entrenamiento de las tropas, y lo afilado de las navajas de obsidiana, todo ello bajo un interés sustancial que es el control final del enemigo.

 

¿Solo capturar prisioneros para el sol: los mexicas las víctimas de la conquista?

Incluso hay quien niega absurdamente el concepto de ejército y tropa para pueblos como el mexica, olvidando que nos enfrentamos, desde la óptica antropológica con una sociedad estatal y compleja en la que perfectamente cabe el concepto de ejército.

Esto nos lleva a discutir otro mito sustancial en el que se piensa que las formas de hacer la guerra mexica se enfocaran solo a la captura de prisioneros y no había realmente bajas en los enfrentamientos. Por el contrario, ya se ha establecido que tanto las tropas como las armas mexicas, estaban entrenadas y diseñadas con una capacidad de letalidad incuestionable, misma que era aplicada en diversos escenarios de las campañas militares llevadas a cabo por el Imperio, pero cuando la campaña lo requería, la letalidad era limitada como en el caso de las llamadas Guerras Floridas.

Esto representa que, si bien existía una cierta tradición por la captura de prisioneros en las guerras mesoamericanas, ello no implica que, a la hora de los combates con los hispanos, los niveles de letalidad de los ejércitos fueran limitados, por el contrario, queda claro que el número constante de bajas del lado hispano indígena fue sustancial.

Los niveles de letalidad del Imperio mexica y sus ejércitos fueron sobradamente aplicados en contra de los pueblos que conquistaron. Nuevamente esa visión idealizada de una “Guerra Sagrada” a matizado notablemente una realidad del aparato bélico mexica, en la cual las rebeliones eras sofocadas constantemente en base a una serie de ataques, masacres y destrucciones de las poblaciones. La no entrega del tributo al estado mexica, implicaba de igual forma el envío de tropas con fines claramente desfavorables para aquellos que se negaran a tales tributos, en los cuales, en ocasiones, ni siquiera había un interés de capturar prisioneros.

Poner en su justa realidad un Imperio mexica, militarista, expansionista y con un amedrentamiento constante de los pueblos sometidos, nos quita ese mito del indio victimizado de la conquista que inmediatamente nos vincula con los grupos indígena actuales con una situación por demás desfavorable.

Debemos ver a los mexicas y a su tlatonai como lo que eran, un pueblo poderoso, la potencia de su época, y que, desde ese contexto y que a la Historia Militar le interesa, independiente de la sobrevivencia de muchos de los elementos de una tradición religiosa mesoamericana o incluso algunos modelos de gobierno llamados en el escenario actual como sistemas de cargos.

Para algunos autores cuyo fin ha sido nuevamente darle una visión “más mesoamericana” a dichas interpretaciones, se considera que aún persiste un carácter sagrado de los gobernantes, muy a la manera mexica, entre otros múltiples aspectos, presentes en las comunidades indígenas actuales, mismas que ya han sido analizadas por autores como Danièle Dehouve (Dehouve, 2016), pero que al final, desde mi opinión, ninguna de estas comunidades controla todo un ejército para el sometimiento entero de poblaciones en base a su tributación y que refleja el militarismo como ya se ha explicado, por lo tanto ya no aplicaría en los modelos de vida actual indígena.[2]

El gran mito del enfrentamiento militar de solo hispanos contra solo mexicas debe ya ser igualmente superado. No olvidemos que los españoles también se enfrentaron a muchos grupos más, entre ellos, cholultecas, tlaxcaltecas, otomíes, texcocanos, entre otros grupos étnicos, quienes fueron moviendo una serie de estrategias diplomáticas que permitieron al final ser reclutados en las tropas mismas de Cortés.

Por tanto, el enfrentamiento no fue solo de españoles contra mexicas sino en una amplia variedad de contextos en el mundo mesoamericano que se fue desenvolviendo en función de cómo la campaña iba avanzando.

 

¿Soldados o aventureros y el genio militar de Cortés?

Uno de ellos y que aún sigue en un intenso debate es si los acompañantes hispanos de Cortés eran realmente soldados llamados “profesionales” con experiencias en las guerras europeas o simples aventureros armados. En cierto sentido y para el interés de la Historia Militar hay un poco de todo, se ha considerado como huestes, es decir, como el conjunto de seguidores de una campaña determinada, en este caso no solo con fines bélicos.

Algunos de ellos con una experiencia en las campañas bélicas europeas, lo que no por ello los hace soldados profesionales, muchos de ellos mal equipados y que, para interés de la Historia Militar, cumplieron con sus funciones en combate a lo largo de los enfrentamientos contra los diversos grupos indígenas a los que se enfrentaron.

De igual manera en términos estrictamente operativos, tuvieron la suficiente disciplina, estructura, si se quiere al principio un poco improvisada, para poder desarrollar los planteamientos tácticos cuando la crisis en los campos de batalla lo requería, aspectos que las diversas narraciones históricas dejan ver. Aclarando que en este sentido no estamos tomando en cuenta el apoyo bélico de los diversos grupos indígenas. En resumen, para la Historia Militar su función operativa como efectivos en los campos de batalla, más allá de si eran o no soldados “profesionales”, fue finalmente exitoso.

Al respecto resalto otros mitos de la Historia Militar de la conquista referente al llamado “genio militar de Cortés”, del cual hablaré con más detalle en este dossier. Al respecto solo adelanto que ese genio militar, no hubiera sido posible sin su contra parte de la inteligencia militar indígena que conocía las formas de combate del ejército mexica entre otros aspectos vitales para la creación de toda una estrategia y logística bien planeada.

En ese sentido ya queda claro que el llamado ejército de Cortés, al cual creo ya debemos conocer con este término, no por contar con un contingente de efectivos solo-hispanos, sino de una hibridez con los efectivos indígenas, en cual ya no solo es hablar de tropas hispanas sino de las capacidades bélica que, en conjunto y no subordinados, lograron a la hora de los diversos enfrentamientos en el campo de batalla.

El papel sustancial y estrictamente militar con todo lo que ello significa, de los llamados aliados indígenas, debe ser igualmente analizado con cautela, su participación ellos planteamientos tácticos, estrategias, logística, e incluso en la adaptación de tecnología bélica, no solo española a indígena y viceversa, pero más como una necesidad de adaptación que la campaña misma iba generando, que por una simple sustitución de tecnologías. Los indígenas no solo fueron los subordinados militares de Cortés, sino realmente formaron un verdadero equipo estratégico de ataque en contra del Imperio mexica.

 

¿Tecnología superior?

Sin duda otros de los grandes mitos en materia de Historia Militar de la conquista es lo referente a la tecnología bélica. De ella se dice mucho, pero se publica poco. Se dan por sentados algunos aspectos que siguen repitiéndose incluso hoy en día por los especialistas. Es decir que un grupo de hispanos iban fuertemente armados con corazas, armaduras y potentes armas de fuego, derrotaron gracias a su superioridad militar a todo un imperio.

Una realidad es que en efecto la tecnología militar hispana sí era evidentemente superior a la indígena en diversos aspectos, pero no fue el determinante necesario de la conquista en términos militares, pese a que, en algunos casos como la caída misma de Tenochtitlan, los bergantines fueron tácticamente indispensables. Realmente los hispanos no iban tan acorazados como siempre pensamos, tema que trataremos en este dossier y que ya hemos estudiado y analizado en otros trabajos.

El mito más emblemático referente a los equipamientos militares hispanos es el uso del llamado morrión de cresta, mismo que ha sido prácticamente el símbolo o emblema de los conquistadores. Hoy sabemos que ese tipo de casco no era el usado por los españoles, ya que los capacetes simples de etapas más tempranas podrían ser hipotéticamente los que realmente llevaran.

Realmente las llamadas armas de fuego hispanas ¿tuvieron la capacidad lesiva suficiente para acabar con todo un imperio?.  Todo el arsenal de fuero, lo que incluye la artillería es igualmente desconocida en su contexto de la conquista de México, al no existir estudio tipológicos científicos bien documentados y con metodologías claras, no se puede argumentar que fue gracias a las armas de fuego que los hispanos tuvieron la suficnete superioridad militar en los campos de batalla.

A ello le sumamos las visiones de caballerías acorazadas a la manera de los caballeros medievales, en donde las malas interpretaciones que se han hecho de los documentos pictográficos nos llevan a pensar que realmente los hispanos traían ese tipo de caballerías pesadas.

Hoy sabemos por el contrario que eran caballería mucho más ligeras, dinámicas y que muy probablemente, en conjunto con otros muchos factores bélicos, fue uno de los motores de acción importantes, mas no siempre determinantes en varias de las victorias hispano-indígenas contra los grupos hostiles.

Un punto clave de la generación de este mito es su constante repetición en las diversas publicaciones sin realmente cuestionar no solo el morrión de cresta sino todo el equipamiento militar que llevaban, formas tipologías, funciones, lo que en muchos casos resulta ser un trabajo demasiado técnico y especializado en el cual México no ha podido avanzar (Cervera, 2019b).

El gran desconocimiento y claridad técnica del armamento hispano, incluso más que el indígena nos lleva a perpetuar informaciones no del todo claras y que nos llevan a los mitos no solo de los españoles acorazados, sino con panoplias que supuestamente deberían corresponder con su época, es decir mediados del silgo XVI.

Esto resulta realmente erróneo, es decir es un problema metodológico que nos ha llevado a la creación del mito tecnológico y determinismo de las armas españolas, panoplia hasta hoy día muy desconocido al interior del su contexto de la conquista de México, por falta de estudios serios, publicaciones, análisis de colecciones y desarrollo de cuidadosas tipologías.

Por el contrario, mucho se ha dicho que, dadas las formas de hacer la guerra mexica, el armamento estaba solo diseñado para lesionar y no matar lo que nuevamente promueve un error metodológico, de interpretación y que nos lleva a otro de los posibles mitos de la Historia Militar mesoamericana.

Debemos advertir como ya se estableció en líneas arriba, que la letalidad del guerrero mexica, incluyendo sus armas estaban diseñadas para aniquilar poblaciones. Que esta letalidad se viera limitada derivado no del diseño de las armas, sino de los objetivos de campaña es otra cosa.

Nos falta mucho por conocer y sobre todo publicar en esferas académicas y científicas los resultados de la arqueología experimental de armas hispanas e indígenas, estudios metalográficos de las mismas, cuando se habla de armas españolas por supuesto, de un análisis tipológico mucho más cuidadoso en base a las colecciones de museos nacionales e internacionales, así como la interpretación adecuada de dichos tópicos.

 

¿El nutrido ejército de Cortés?

¿Cuántos españoles iban en el ejército de Cortés a la llegada a Tenochtitlan? Ya hemos dejado claro que dicho ejército no se componía solo de hispanos sino también de una amplia variedad de indígenas, al final nos encontramos con otro de los grandes mitos de la Historia Militar de la conquista, cuando se establece que un nutrido ejército de españoles conquistó todo un imperio.

La realidad es que el ejército de Cortés si fue muy nutrido de tropas, pero no españolas, ya que posiblemente menos del 10% fueron hispanos y todo el conjunto de efectivos real fue de diversos guerreros indígenas de las más variadas filiaciones étnicas.

Normalmente los historiadores y antropólogos reconocemos la constante exageración de las fuentes históricas en materia de números, y más cuando se trata de mencionar sobre los contingentes que se enfrentaron en la conquista.

La Historia Militar ha tratado de sortear este problema a través del modelo conocido como Probabilidad Militar Inherente, que establece que cerca del 8 al 10 % de tu población total, podría participar como combatiente en los conflictos armados.

A lo largo de los siguientes trabajos de investigación que se presentan en el siguiente número de Guerra Colonial, se tratará de hacer un análisis de la PMI respecto a las tropas de Cortés y su contraparte mexica.  Si bien este modelo no está exento de un cierto margen de error, nos puede dar una visión un poco más objetiva del número de tropas enfrentadas en tan discutible escenario histórico.

Finalmente decir que la Historia Militar de la conquista no fue solo lo referente a las grandes batallas como Centla, Tecóac, Otumba o la misma caída de Tenochtitlan. Debemos ver que en las fuentes literarias existe una amplísima variedad de enfrentamientos, constantes y muy bien detallados, que incluso incluye los conflictos bélicos de hispanos contra hispanos como el caso de Cortés contra Narváez.

 La abundancia de batallas y escaramuzas no se limita, por tanto, a Tenochtitlan, pues la hostilidad de las campañas se hace presentes prácticamente desde la llegada de Cortés a las costas y resulta evidente que dicha Historia Militar no termina con la caída de Tenochtitlan, sino que continuará muchos años después, historias que aún deben ser analizadas y contadas.

La Historia Militar mesoamericana y de la conquista está por ser escrita, poco a poco los avances en los diversos tópicos que a la Historia Militar le interesa, irán siendo descubiertos, permitiendo entender una de las bases más importantes del desarrollo histórico de las sociedades mesoamericanas y muy en particular de la conquista de México, un tema que los mexicanos le debemos una reflexión bien sustentada y documentada.

Bibliografía

—Brokmann Carlos, “La guerra en Mesoamérica entre discurso y práctica”, en

Historia de los ejércitos mexicanos, SEDENA, INERHM, México, 2013, 69-89. 

—Cervera Obregón marco A, “La batalla de Tecóac y los enfrentamientos hispano-otomíes.

Una visión desde la perspectiva de la Historia Militar”, en Revista Chicomózoc, n. 1, v. 1, 2019a.

—“Introducción al estudio del armamento histórico y arqueológico en México.

Historiografía y estudios de caso”, en Revista Bicentenario, v 18, n. 1, Santiago de Chile, 2019b, 9-25.

—Danièle Dehouve, La Realeza sagrada en las comunidades indígenas mesoamericanas,

Mecanuscrito, 2006.

Dehouve, Danièle, La realeza sagrada en México (siglos XVI-XXI), INAH, Colegio de

Michoacán, CEMCA, 2016.

—Navarrete Linares, Federico, ¿Quién conquistó México?, Debate, México, 2019.

—Quesada Sanz, Fernando, “Reflexiones sobre la historia militar antigua y la novela histórica

de tema militar ambientada en la antigüedad”, Novela histórica e Historia Militar, Actas del II Congreso Internacional de Historia Militar, Universidad de la Rioja, 2016, 35-77.

—Restall Mathew, Los siete mitos de la conquista, Paidós, 2003.

—Semo Enrique, La conquista. Catástrofe de los pueblos originarios, Siglo XXI, México, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                              

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[1] Entendiendo como militarismo la ideología imperante de un estado expansionista e imperialista, busca adoctrinar a sus miembros en el sentido que la actividad de la guerra, al ser el motor fundamental de expansión es el principio y fin de su vida.

[2] De acuerdo con las interpretaciones de Deohuve, (Deohuve, 2006: 20) el tema de las funciones coercitivas de los sistemas de cargos, donde el presidente municipal se considera como el “rey guerrero” entre otros factores con los cuales veo forzada la interpretación, por lo que no concuerdo con la vinculación de una sociedad militarista, expansionista e imperialista como eran los mexicas y querer comparar o sustentar en los sistemas sagrados de realeza de las comunidades actuales. Existen algunos aspectos que son claros en materia de su continuidad, pero especialmente cuando la autora equipara el modelo militarista mexica, con todo lo que ello implica, con la aplicación de la justicia de algunas poblaciones indígenas, es sin duda muy forzado y poco sustentado.