Schützruppe, la espada de Von Lettow

(Schützruppe, Von Lettow`s Sword)

 

Julio A. Alfonso González

Instituto Universitario Gutiérrez Mellado

 

Recibido: 04/04/2020; Aceptado: 26/05/2020

 

 

 

 

 

Resumen

Entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial también se libró en un lejano rincón de África, allí Alemania también se enfrentó a los aliados. Los alemanes fueron dirigidos por un oficial, Paul Von Lettow-Vorbeck, que ha pasado a la leyenda por su actuación en esta campaña, siendo incapaces sus muy superiores enemigos de derrotarle. Pero para conseguir esta hazaña, tuvo que organizar, equipar y mantener a sus tropas, en un ejercicio formidable de preparación militar y optimización de recursos. En este artículo vamos a conocer de donde salieron, como se armaron y organizaron y cómo se mantuvieron estos soldados.

 

Palabras clave

África Oriental Alemana, Von Lettow, Schutztruppe, Konigsberg, Guerra en África

 

Abstract

Between 1914 and 1918, the First World War was also fought in a far corner of Africa, there Germany also faced the allies. The Germans were led by an officer, Paul Von Lettow-Vorbeck, who has passed into legend for his performance in this campaign, his far superior enemies being unable to defeat him. But to accomplish this feat, he had to organize, equip, and maintain his troops in a formidable exercise in military readiness and resource optimization. In this article we are going to know where they came from, how they were armed and organized and how these soldiers remained.

 

Keywords

German East Africa, Von Lettow, Schutztruppe, Konigsberg, War in Africa

 

Introducción

Durante la Primera Guerra Mundial hubo una campaña que a pesar de haberse librado en un frente secundario, pasó a los anales de la historia de la guerra colonial, y convirtió en leyenda al oficial que dirigió a las fuerzas germanas, Paul Von Lettow-Vorbeck. Se libró en la entonces colonia germana del África Oriental, que comprendía los territorios de las actuales naciones de Tanzania, (excepto Zanzíbar), Ruanda y Burundi.

Durante cuatro años, las fuerzas aliadas no pudieron derrotar a pesar de su enorme superioridad en hombres y medios a las reducidas fuerzas alemanas, que sólo se rindieron al enterarse de que su patria lo había hecho ya en Europa, siendo los últimos hombres del Kaiser en entregar las armas. Mientras Von Lettow, en su momento álgido, no conto con más de diecisiete mil hombres muy cortos de suministros y municiones, los aliados llegaron a utilizar un total de trescientos mil a lo largo de esa campaña, desde fuerzas africanas al servicio belga y británico, a soldados portugueses, indios, británicos o sudafricanos, incluso caribeños, respaldados por un enorme despliegue de medios.

A pesar de la fama, envuelta en el aire de leyenda que rodea esta campaña, no es demasiado conocida ni la organización, ni los medios, ni los hombres, con los que Alemania defendió su colonia. Este artículo pretende un acercamiento a esta información, que lejos de la descripción de campañas y batallas, muestra de manera detallada, que detrás de toda épica se esconde un trabajo silencioso y de poco lustre, que, sin embargo, es fundamental para que las cosas sucedan cómo luego las leemos en los libros de historia.

 

Organización de las fuerzas alemanas en 1914

En el momento de declararse la guerra en Europa, la principal fuerza castrense disponible en el África Oriental Alemana (AOA) era la Kaiserlichen Schutztruppe Fur Deutsche-Ostafrika (Fuerza Imperial de Protección del África Oriental Alemana), cuerpo militar formado por mandos europeos y tropa nativa, creado en 1888 y convertido oficialmente al servicio imperial el 22 de marzo de 1891 al autorizarlo el Reichstag. Al mando estaba el Teniente Coronel Paul Von Lettow-Vorbeck y la fuerza tenía como ocupación prioritaria la defensa militar del territorio y el control de las rebeliones internas, la última de las cuales, el levantamiento Maji-Maji entre 1905 y 1907, había tenido una enorme virulencia, requiriendo el envió de refuerzos desde Alemania. Aunque opacada por la más famosa campaña de represión contra los Hereros en el África del Sudoeste Alemana, también conllevo una durísima represión contra los nativos, con matanzas de más de 75.000 indígenas y destrucción de propiedades. Tan grave fue, que en la ciudad de Wilhemstahl los alemanes prepararon un fuerte con reservas de comida y equipo, para que sirviese como refugio a la población blanca en caso de volver a verse amenazada.

Había dos Schutztruppe más, destinadas en Camerún y en el África del Sudoeste, y el resto de los territorios coloniales alemanes tenían normalmente sólo fuerzas de policía con la excepción de la concesión de Tsingtao en China, dónde había destinadas fuerzas regulares de artillería y de infantería de marina. No existía un mando único para las Schutztruppe y cada una de ellas dependía directamente del gobierno imperial. Esta fuerza estaba organizada, con el Cuartel General y los servicios centrales en la capital, Dar-Es-Salaam y catorce Feldkompagnien, cuyas guarniciones eran (De Quesada y Dale, 2013, 20):

1ª Arusha y Neu Moshi.

2ª Iringa y Ubena.

3ª Lindi

4ª Dodoma

5ª Neu Langenburg y Massocko.

6ª Udjidji y Kassulo.

7ª Bukoba, Ussuwi y Kifumbiro.

8ª Tabora

9ª Urundi

10ª Dar-Es-Salaam

11ª Kissenji y Mruhengeri, en Ruanda.

12ª Mahenge

13ª Koanda-Iringi

14ª Mwanza  e Ikoma

Contaba también con un depósito de instrucción de nuevos reclutas, en Dar-Es-Salaam, capital de la colonia, que en agosto de 1914 estaba formada por 154 hombres. Cada acuartelamiento estaba dotado de un fuerte de altos muros, con barracones dentro para alojar a la tropa, constituyendo así cada guarnición un punto fuerte para el caso de que se produjese alguna nueva rebelión. Estas plazas solían tener además alguna vieja pieza de artillería para defenderse. En total la plantilla era de 267 oficiales y suboficiales alemanes, de los cuales 68 oficiales y 67 suboficiales eran de combate siendo el resto personal médico, administrativo o con otros destinos y especialidades técnicas y burocráticas, así como dos oficiales africanos denominados effendis, 184 suboficales nativos y 2.356 askaris de tropa (Anderson, 2014, 18).

Era una fuerza minúscula para un territorio tan grande y con una población nativa muy numerosa, pero hay que tener en cuenta que había una gran desconfianza a poseer grandes fuerzas nativas armadas y más tras las últimas rebeliones. Cada una de estas compañías era independiente, autosuficiente y móvil y tenía una fuerza en tiempos de paz de entre 16 y 20 oficiales y suboficiales alemanes, incluyendo médicos y no combatientes, y de 160 a 200 askaris o soldados indígenas. Se dividía en tres secciones de fusiles (zug) de unos 60 hombres y además contaba con una sección de transmisiones y una banda de música de una veintena de efectivos.

Cada FK contaba con cierto número de irregulares africanos, denominados Ruga Ruga, armados con una mezcla de su panoplia tradicional y armas de fuego generalmente anticuadas, aunque se les estaba equipando con carabinas del modelo M1871/84. Eran muy buenos conocedores del terreno y con una destacada movilidad, y por ello eran empleados para la exploración y el reconocimiento, viniendo a sustituir las funciones tradicionales de la caballería en Europa. Su principal origen tribal fueron los hombres de la casta guerrera de los wahehe, responsables de la mayor derrota colonial alemana en el pasado, aunque también se nutrieron con  ngoni y massai, pueblos belicosos que prestaron servicio al Reich. Cada compañía contaba con una fuerza de trabajo de entre 250 a 322 porteadores, que también eran fuente de reclutas, imprescindibles ya que en buena parte del territorio la presencia de la mosca tse-tse transmisora de la enfermedad del sueño, hacía imposible el uso de ganado para poder transportar cargas o ser usado como animales de tiro, con lo que toda la impedimenta de una Feldkompagnie iba sobre las cabezas de estos sufridos hombres. El número se completaba con 100 sirvientes para atender las tareas cotidianas de los askari y otros 13 para las de los europeos (Anderson, 2014, 20).

En enero de 1914 el arma principal con la que se dotaban las fuerzas alemanas era el veterano fusil monotiro de pólvora negra, de calibre 11mm, Mauser M1871/84 en su versión corta llamada Jägerbusche, existiendo únicamente tres FK armadas con el más moderno rifle Mauser  M1898. Con envíos llegados poco antes de iniciarse la guerra, en el momento del inicio de las hostilidades ya equipaba a cinco de las compañías, la 1ª,4ª,8ª,10ª y 13ª, además de tener rifles suficientes para equipar una sexta.  Por su parte, todos los alemanes estaban armados con este más moderno Mauser Gewehr M98, de calibre 7´92mm, cargador de 5 disparos y que, al no usar ya la pólvora negra, no dejaba la característica y delatora nube de humo al disparar que sí hacía su predecesor, inconveniente que, en la guerra del matorral, era un gran problema para una fuerza que como la de Lettow, se apoyó de manera recurrente en la emboscada y las posiciones ocultas en el terreno. El número disponible en agosto de 1914 era de 10.507 M1871/84, 1.676 carabinas M1898 y 579 rifles M1898 (Anderson, 2014, 22).

No existía un cuerpo de artillería diferenciado ni unidades de caballería, debido a la amenaza de la mosca tse-tse en muchas partes de la colonia. Sin embargo, se contaba con cierta cantidad de bicicletas en cada FK, sustitutas forzadas de los caballos y utilizadas para tareas de enlace. También dispusieron de armamento pesado consistente en 1 o 2 piezas ligeras de artillería por compañía y entre dos y cuatro ametralladoras Maxim. Cada una era manejada por un equipo de entre cuatro y seis hombres, siendo generalmente el tirador, europeo, y siendo considerados los porteadores de estas armas como una élite entre ese personal, por la importancia de que ayudasen a entrar rápidamente en línea de fuego o a la hora de garantizar la retirada de estas preciadas armas. También disfrutaron de algunos viejos lanzacohetes, que solo se usaron en posiciones fijas.

En total había disponibles 67 ametralladoras, de las que 55 estaban asignadas a unidades de combate y el resto en posiciones fijas o almacenadas, y que en su mayoría fueron modelos de Maxim MG01 y MG08 de calibre 7´92mm, idéntico al de la panoplia individual del modelo M1898. Eran armas que pesaban 69 kilogramos con el refrigerante incluido y debían llevarse separadas en cargas por varios porteadores. A estas ametralladoras se agregó un total de ocho Maxim MG94, 6 del SMS Königsberg y dos del SMS Möwe, que serían desembarcadas y sumadas a la Schütztruppe. También había 37 piezas de artillería con munición insuficiente de los siguientes modelos: tres Cañones de campaña Krupp c73 de 90mm, ocho Cañones de campaña Krupp c73 de 78´5mm, dos Cañones ligeros coloniales Krupp de 60mm, tres Cañones ligeros de 47mm, ocho Cañones revolver Hothckiss de 37mm, once Cañones ligeros Krupp de 37mm y dos Cañones ligeros Krupp de 40mm. (Adams, 2016, 21):

También se reactivaron varias viejas piezas fuera de servicio presentes en la colonia como ornamentación o almacenadas: tres Cañones ligeros Krupp-Gruson l/30 M1893 con 1189 disparos, dos Cañones navales de 40mm, retirados de los cañoneros  Hedwig Von Wissman y Hermann Von Wissman, dos Cañones coloniales Krupp de 60mm M1870 con 257 disparos, un Cañón de montaña de 65mm, un Cañón de campaña Krupp c73 de 78´5mm y un Cañón naval de 150mm procedente del retirado SMS Bismarck, para el que sólo había vieja munición británica (Strachan, 2004, 104)

La artillería alemana se vería reforzada con las piezas desembarcadas de los buques presentes en la colonia, cañones que, perdidos los barcos, fueron usados en tierra. Estas armas fueron las siguientes: tres Cañones revolver Hotchkiss de 37mm del SMS Möwe, recuperados el cinco de septiembre de 1914, un Cañón de desembarco de 60mm del SMS Königsberg con 400 disparos, desembarcado el 5 de agosto de 1914, dos Cañones navales de 88mm del SMS Königsberg con 400 disparos, desembarcados el cinco de septiembre de 1914 y diez Cañones navales de 105mm del SMS Königsberg con 1500 disparos, recuperados en julio de 1915 (De La Sierra, 1985, 98). Del SMS Königsberg también se recuperó un proyector que sería de gran utilidad.

La artillería que no estaba directamente asignada a una FK, se concentró en un abteilung de artillería, dotado de porteadores suficientes para trasladar las piezas desmontadas, y así darles movilidad por todo el territorio. A la hora de emplearse en combate, este abteilung se dividió en baterías, medias baterías y secciones, e incluso en piezas individuales, para tratar de dar apoyo allí donde fuera necesario.

En el territorio existía otra fuerza armada, la Polizeitruppe, creada cómo fuerza exclusivamente policial, dentro de un plan de progresiva desmilitarización. Pocos años antes, en 1909, se desgajó de la Schutztruppe, reduciendo así el tamaño de esta, que contaba con 65 oficiales y suboficiales alemanes y 2.160 askaris. En cuanto se inició el conflicto y contra la voluntad del gobernador civil de la colonia, Heinrich Schnee, partidario de que mantuviese su autonomía, fue reintegrada en la Schutztruppe. La mayoría de sus askaris eran veteranos de esta y no hubo problema en la reorganización.

La otra parte de la guarnición alemana estuvo representada por los buques de la marina imperial destinados allí:  el crucero ligero SMS Konigsberg, con una dotación de 322 hombres y el buque hidrográfico SMS Möwe con 102 tripulantes. El SMS Königsberg desplazaba 3.390 toneladas y estaba armado con diez piezas de 105mm, diez de 52mm, seis ametralladoras y dos tubos lanzatorpedos. Además, llevaba a bordo dos cañones de 88mm para armar algún posible corsario y una pieza de desembarco de 60mm, destinado a operaciones terrestres, y había llegado a la colonia el cinco de junio de 1914, para un período de servicio de dos años. Por su parte, el SMS Möwe desplazaba 653 toneladas y su armamento consistía en tres cañones-revolver de 37mm y dos ametralladoras (Anderson, 2014, 45).

Además, la marina imperial alemana poseía en la capital, Dar-Es Salaam una estación naval con talleres, un dique flotante y un depósito de carbón, para dar apoyo tanto a las unidades navales allí destinadas cómo a las que pudieran estar en tránsito. No obstante, el puerto carecía completamente de defensas, fortificaciones y baterías de artillería costera, ya que uno de los acuerdos del Congreso de Berlín señalaba que no podían acometerse estos trabajos en las nuevas posesiones coloniales con la idea de que no se llevase a cabo una carrera armamentística en África. En agosto de 1914 en la dársena de la capital estaba alistandose el vapor König como buque de aprovisionamiento para apoyar la campaña corsaria que iba a realizar el Königsberg y también se artillaba el mercante Tabora para tareas de corso como crucero auxiliar, pero el dominio naval británico impidió la finalización de estos proyectos.

Existía además otro componente naval, que era la pequeña flotilla destinada en el lago Tanganyika, integrada por tres embarcaciones, el Kingani de 45 toneladas armado con un cañón de 57mm, el Hedwig Von Wissman de 100 toneladas armado con dos cañones de 57mm y un cañon revolver de 37mm y por último el Graf Von Gotzen, que se encontraba desmontado por piezas en Dar-Es-Salaam pendiente de ser trasladado al interior y montado en el propio lago, tarea que no se completó hasta el nueve de junio de 1915. Este buque desplazaba 800 toneladas y estaba armado con los cañones de 88mm y 105 mm procedentes del Königsberg (Reigel, 2015, 24)

Los alemanes tenían una proporción mayor de blancos en sus unidades que los aliados, procurando un ratio de un alemán por diez indígenas, siendo las de los King Africa Rifles al servicio británico o la Force Publique al de los belgas, ejemplos de esta proporción más reducida de cuadros de mando europeos en las fuerzas aliadas. A modo de ejemplo, en el KAR solía haber tres o cuatro oficiales británicos solamente por compañía y además sin suboficiales europeos. Para servir cómo oficial en la Schutztruppe había que presentarse voluntario, acreditando un mínimo de tres años de experiencia como oficial. En el caso de los suboficiales, también se requería la voluntariedad, con un mínimo de antigüedad en filas de tres años, uno de ellos al menos como suboficial. También debían superar un riguroso proceso de selección con un detallado examen médico y pruebas de inteligencia y carácter, evaluándose como cualidad más importante la iniciativa personal. En definitiva, se necesitaba cumplir unas condiciones muy exigentes para conseguir una plaza. El periodo de servicio era de dos años y medio, con opción a extenderlo por más tiempo. De hecho, había seis oficiales alemanes que llevaban allí desde 1908 (Strachan, 2004, 103).

El soldado indígena, llamado askari, originalmente era reclutado fuera de la colonia, principalmente en Sudán, Abisinia y Somalia, aunque lentamente esta práctica había ido decayendo y para agosto de 1914 dos tercios del personal nativo era originario de la propia colonia, principalmente de las zonas de Urundi, Tabora, Iringa y Songea, siendo el tercio restante procedente de los territorios citados anteriormente. También había un número importante procedente de la colonia británica de Nyasalandia, antiguos veteranos de los King Africa Rifles, cuyo 2º batallón localizado en esta colonia británica había sido disuelto en 1911 poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial,  dándose el hecho curioso de que eran tantos los alistados bajo bandera alemana que fueron agrupados en una Feldkompagnie dónde las toques de corneta y las voces de mando siguieron siendo las del ejército británico (Strachan, 2004, 104).

Pertenecer a la Schutztruppe significaba formar parte de una élite militar profesional, orgullosa de su vocación. La lealtad askari se basaba en el compañerismo entre sus propios miembros influidos por una fuerte camaradería, en su altísima paga y en notables privilegios sociales respecto a los civiles. Otro factor importante de atracción fue que las autoridades alemanes permitieron la presencia de las mujeres de los askaris y así continuó durante el resto de la guerra, haciendo que la compañía fuese el hogar del askari. Igualmente, importante respecto al espíritu de cuerpo que tenían era que fue muy habitual que los askaris fuesen a su vez hijos de askaris anteriores, estableciéndose una importante relación familiar. Usualmente un askari firmaba un contrato por cinco años, prorrogables, requiriendo en las pruebas de acceso demostrar altos estándares de disciplina y buena puntería.  Al acabar su servicio en filas, debía cumplir un periodo anual de dos semanas de duración para mantenerse instruido en caso de movilización general.

A pesar de las ventajas citadas no hay que olvidar que la disciplina alemana con los indígenas era durísima y este era también un factor importante de obediencia. El código militar alemán para los askaris era claro y sencillo, con penas que iban desde los cincuenta latigazos por desobedecer una orden a la mitad por mentir a un superior. La carrera de un askari, si se iba reenganchando, normalmente acababa en algún puesto de suboficial, aunque en casos excepcionales podía llegar a oficial, llamados effendis, de los que había dos al iniciarse la guerra y cuya categoría sólo alcanzarían tres suboficiales nativos más durante la guerra.

Los grados que podía alcanzar un askari eran los siguientes: Ombascha, equivalente al gefreiter alemán o cabo en España; Schausch, equiparable al unteroffizer alemán o sargento en España; Bet-Schausch, similar al sargento primero español; Sol, o feldwebel, también brigada en España; y Effendi, único grado de oficial, equivalente a alférez o teniente (Abbott, 2002, 43). La denominación de los grados mantenía la herencia original del ejército egipcio, del que procedían los primeros askaris sudaneses que integraron la Schütztruppe.

Había más personal africano sirviendo bajo órdenes alemanas, desde auxiliares navales, que complementaban las tripulaciones de los barcos en las zonas lacustres y fluviales y también reforzaban otros servicios de la marina imperial a guías, sirvientes personales, cocineros, trabajadores de hospital, del ferrocarril o en los talleres armeros. Un aspecto importantísimo para la administración de la colonia y con evidentes implicaciones militares, eran las comunicaciones con Alemania, único cordón umbilical que permitía saber que estaba sucediendo en el mundo y en la guerra en curso. La principal estación de radio a larga distancia estaba en Nauen, con condiciones de escucha aceptables si el clima lo permitía, aunque tenía serias dificultades para transmitir. También había emisoras con alcance local en Dar-Es-Salaam, Mwanza y Bukoba. La que iba a ser estación principal y de largo alcance, a construir en Tabora, se había pospuesto al priorizarse la construcción de las estaciones de largo alcance de radio de las colonias de África Occidental. La estación de Dar-Es-Salaam fue destruida en un bombardeo naval británico, pero fue reconstruida ese mismo mes de agosto y junto a la radio del crucero SMS Königsberg, hicieron posible la conexión con la metrópoli a través del África Oriental Portuguesa, hasta que esta dejó de ser territorio neutral.

En el África Oriental Alemana no existía una fuerza aérea como tal, ya que la aviación era un arma que daba sus primeros pasos incluso en los ejércitos metropolitanos, a pesar de ello si contaron con un avión, un biplano AGO Pfalz, que con su piloto civil Bruno Bruchner y su mecánico, se encontraban en Dar-Es-Salaam para realizar una exhibición con motivo de la feria que se iba a realizar en el 25 aniversario de la creación de la Schütztruppe (Paice, 2008, 19).

 

Lettow y sus tácticas

No se puede comprender a la Schütztruppe y su exitosa campaña africana sin conocer brevemente la semblanza de su arquitecto, el teniente coronel Paul Von Lettow-Vorbeck. Hijo de un general prusiano, de una familia de gran abolengo militar, recibió formación de estado mayor y su experiencia de combate pasaba exclusivamente por las campañas de ultramar, ya que estuvo en el cuerpo expedicionario alemán contra la rebelión de los Boxers en China, luchó en el África del Sudoeste alemana contra los rebeldes Hereros y posteriormente estuvo destinado en la Schütztruppe de Camerún. Había llegado a su nuevo destino en el África Oriental Alemana en enero de 1914, aunque no asumió el mando hasta el 13 de abril. Su primera orden fue iniciar un completo programa de reentrenamiento de las unidades, asegurándose de que las plantillas estuviesen completas tanto en personal cómo en material. A pesar de que la Schütztruppe tenía sus propias regulaciones para la instrucción de infantería desde 1906, distintas a la de la infantería metropolitana, basadas en sus experiencias de combate contra los insurgentes locales, Lettow se dio cuenta de que no serían útiles contra enemigos que usasen tácticas occidentales y estuviesen mejor armados.

Se practicaba aún con líneas de tiro de doble fila, hombro con hombro, pensadas para rechazar las cargas de grandes grupos de guerreros con armas blancas, que evidentemente hubiesen sido prácticamente suicidas contra las ametralladoras. Lettow tenía claro que su posición estratégica era muy débil, rodeado completamente de enemigos, en un gran territorio con escasísimos recursos y la imposibilidad de generar más, y que con toda probabilidad también sufriría un bloqueo naval absoluto, con lo que su planteamiento era bastante realista, y se marcó unas metas claras, resistir todo el tiempo posible en caso de guerra, procurando distraer el mayor número posible de tropas y recursos enemigos y que estos no pudiesen ser usados en Europa.

Las FK no realizaban maniobras de nivel superior a compañía y Lettow tuvo también que iniciar este proceso pensando en armar columnas mayores que pudiesen llevar a cabo operaciones más complejas. Las líneas principales que imbuyó a sus tropas fueron con la consciencia de que normalmente serían menos, peor equipados y con menos municiones que sus enemigos, por ello se hacía hincapié en el uso de tácticas defensivas activas, que permitieran buscar los puntos débiles del dispositivo enemigo, localizar a sus unidades más aisladas y procurar lanzar contraataques localizados con superioridad local. Estos debían ser rápidos y fuertes, a los flancos del enemigo, buscando rodearles y llegar a su artillería de apoyo, reservas o tren de suministros, buscando crear el pánico en el enemigo.

Para intentar reducir al máximo sus bajas también se hacía mucho hincapié en el uso de posiciones defensivas preparadas, que pivotaban en torno a las ametralladoras, muy bien camufladas, que impidiesen al enemigo localizarlas con facilidad. Para Lettow, la ametralladora era el centro de todos los combates, su potencia de fuego compensaba algo su debilidad numérica, siendo por eso la llave de sus dispositivos defensivos e incluso ofensivos, ya que eran mucho más móviles que la artillería disponible.

Las tácticas de pequeña unidad eran realmente eficaces y muy bien adaptadas al terreno dónde se desarrolló la campaña, practicando también retiradas falsas para atraer al enemigo a emboscadas y afinando mucho las técnicas de ocultación en el matorral, que era la vegetación típica de la colonia. El tiempo también fue un buen aliado de Lettow que supo usar a su favor, aprovechando siempre las intensas estaciones lluviosas para ganar tiempo y reorganizar a sus tropas.

La artillería fue escasa, con poca munición y ligera, salvo con el uso de los cañones de 105mm desembarcados del Königsberg, que durante un tiempo no tuvieron rival en alcance del lado aliado. No obstante, no domino nunca el campo de batalla, al contrario que en los frentes europeos y generalmente se usó de manera singular y para fuego directo. Todas estas disposiciones de Lettow funcionaron muy bien, aunque los británicos también reclaman la paternidad del desarrollo de las técnicas de combate en el matorral. Igualmente hay historiadores que opinan que buen parte de la leyenda de Lettow está construida por los propios británicos para justificar su incapacidad de derrotarle en cuatro largos años (Adams, 2016, 7).

 

La movilización de recursos humanos y materiales

En 1914 la población del África Oriental Alemana consistía aproximadamente en 7.500.000 de indígenas, 14.000 indios y 5.336 europeos. La pequeña población europea de la colonia, en concreto la mayoritaria de origen alemán, era la única fuente disponible de personal blanco a disposición alemana, en total había 1.670 reservistas registrados en el territorio, algunos de los cuales habían servido en la Schutztruppe o se destacaron como oficiales o suboficiales en Alemania. Aunque el total de varones útiles se elevaba a 2.700 incluyendo a los ciudadanos austriacos, marinos mercantes, hombres de más de 45 años o menos de 20 o viajeros en tránsito.

El sistema alemán de reservistas consistía en dos años de servicio militar obligatorio, seguidos de cinco años en la reserva, otros doce en el landwehr o ejército territorial y finalmente seis en el landsturm, hasta llegar a la edad de 45 años. Durante los periodos de servicio en la reserva y el ejército territorial había etapas de reentrenamiento que debían seguirse, pero en las colonias no fue habitual que se cumplieran salvo en caso de rebeliones nativas. Aparte de este sistema formal, en la colonia un gran número de europeos estaban integrados en clubes de rifles, dónde se practicaba el tiro y la caza. Esto les proporcionaba entrenamiento y cierta cohesión siendo el germen de las Schutzenkompagnien o compañías de tiradores, inicialmente formadas solo por blancos. Esta reserva de personal europeo se vería ligeramente aumentada por las dotaciones de una docena de mercantes alemanes que al estallar la guerra y para no ser capturados por los aliados, buscaron refugio en los puertos de la colonia. Este personal fue muy usado en roles técnicos especialistas (Adams, 2016, 13)

Había un personal europeo que se intentó no reclutar hasta que la situación no lo hacía imprescindible, se trataba del  necesario para el funcionamiento de la propia colonia, los funcionarios de la administración colonial, los encargados de intendencia y almacenes, los interventores y pagadores, el personal de ferrocarriles, veterinarios o doctores. En general el personal europeo fue organizado en compañías de blancos, denominadas Schutzenkompagnien (SchK), compañías de tiradores, de las que se formaron diez, aunque la 10ª fue pronto disuelta y su personal distribuido entre las otras. Dos de ellas, la 8ª y 9ª que operaban en el norte, zona libre de la mosca tse-tse eran montadas y la 3ª estaban integrada por los marinos mercantes que se encuadraron en ella. Con el paso de la guerra, estas SchK se irían disolviendo usando su personal para encuadrar a los indígenas en las FK, y las propias SchK acabarían teniendo la misma estructura de mandos blancos y personal indígena en las últimas fases de la guerra.

Había una pequeña colonia de ciudadanos austrohúngaros, que también serían movilizados, para servir en las fuerzas alemanas. Igualmente, los hombres de la pequeña colonia de afrikaaners asentados en el territorio tras la Segunda Guerra Boer, huyendo del dominio británico, se presentaron voluntarios deseosos de luchar junto a los alemanes contra sus odiados enemigos británicos. También se creó con voluntarios de la comunidad árabe de la costa una fuerza para proteger el litoral, formada por unos cuatrocientos hombres dirigidos por un cuadro de ocho alemanes.

Un importante refuerzo de personal alemán fueron las dotaciones de los dos buques de guerra surtos en aguas coloniales, que al quedar fuera de servicio, permitieron que sus dotaciones, de 102 en el caso del Mowe y 322 hombres en el caso del Konigsberg, se unieran a las fuerzas de tierra, formando también unidades tipo compañía, aparte de su aportación cómo especialistas en artillería o para la defensa costera.

Muy importante también fue el refuerzo al poco de iniciarse la guerra de la tripulación del buque SMS Planet, gemelo del SMS Möwe, buque que cumplía su servicio en las colonias alemanas del Pacífico y que acababa de relevar a su tripulación al completo por otra nueva, llegada de Alemania. La antigua tripulación volvía a casa a bordo del SS Zieten, que fue interceptado por el SMS Königsberg y estos hombres fueron destinados al África Oriental Alemana. En total se trató de 102 marineros, dos de los cuales además eran buzos especializados. En total, la Marina Imperial alemana aportó a la defensa de la colonia un total de 24 oficiales y 559 suboficiales y marineros. Siendo especialmente importante que entre ellos había mucho personal especialista en telecomunicaciones, artillería, mecánica, armería o medicina. Siendo así cualitativamente su aportación mucho mayor (Anderson, 2014, 46).

Respecto al personal indígena, inmediatamente en el propio mes de agosto se levantaron las FK numeradas del 15 al 18, cuatro en total, con los askaris reservistas recientemente licenciados. Las nuevas FK se iban constituyendo en el Campo Dugu, cerca de Dar-Es-Salaam que se convirtió en un trascendental centro de instrucción, siendo Tabora el principal centro de reclutamiento. También se hizo un esfuerzo importante por atraer a más guerreros nativos a las filas de los auxiliares del Ruga Ruga, a destacar la alianza con el sultán de Bukoba a quién, al iniciarse la guerra, se le cedieron cuatrocientos rifles M1871/84 con la condición de que sus hombres apoyasen el esfuerzo alemán. Una fuente de reclutas africanos también fueron los desertores del bando aliado. No había problema en aceptarlos en ambos lados, llegando por ejemplo los británicos a levantar su 6º batallón del KAR, con antiguos miembros de la Schütztruppe, tanto desertores como prisioneros.

A los 2.542 askaris presentes en las filas de la Schütztruppe al inicio de la guerra, la movilización les sumó a los 2.160 de la Polizeitruppe. En torno a este cuadro de tropa permanente, se fueron sumando dos mil reservistas de la Schütztruppe y Polizeitruppe inmediatamente reclamados, a los que se añadieron seiscientos porteadores de confianza que pasaron a ser askaris y 3.888 nuevos reclutas, aunque muchos de estos también habían sido porteadores o sirvientes en la Schütztruppe, lo que situaba el número de nuevos reclutas sin ninguna experiencia en unos tres mil (Anderson, 2014, 51).

 

Refuerzos desde Alemania

El África Oriental Alemana estaba en una situación de aislamiento total, con todas sus fronteras en manos de sus enemigos, excepto el paréntesis de 1914 a 1916 en la frontera con el África Oriental Portuguesa (actual Mozambique), técnicamente neutral ese tiempo, aunque de facto aliada de los británicos, cuyas autoridades no permitieron el paso de armas y vigilaron que tampoco hubiese contrabando hacia el territorio alemán. A esto se sumaba el completo bloqueo naval aliado, sólo roto inicialmente por las correrías del Königsberg, que pronto tuvo que esconderse en el delta del río Rufiji, dónde finalmente fue localizado y destruido por los aliados.

A todo esto, hay que sumar que no había capacidad de fabricar nada en la colonia alemana debido a su carencia de establecimientos fabriles, más allá de algunos talleres que hicieron milagros improvisando cureñas para los cañones del Königsberg y manteniendo operativos los ferrocarriles. A pesar de esto, desde la madre patria se hicieron esfuerzos para enviar ayuda a Lettow y los suyos y lo consiguieron en dos ocasiones.

La primera en realidad no estuvo pensada cómo apoyo a las fuerzas terrestres de Lettow, si no que fue organizada para ayudar al crucero SMS Königsberg que permanecía aislado en su escondite del delta del río Rufiji, cáda vez más bloqueado por los buques británicos. La idea del alto mando de la Marina Imperial era proporcionarle los repuestos y el carbón necesario para finalizar las reparaciones que le mantenían inmovilizado y además suministrarle el combustible del que también carecía, para que pudiera escapar y volver a mar abierto a realizar acciones corsarias sobre el tráfico naval aliado.

El 18 de febrero de 1915 zarpó de Alemania el SS Rubens, de 3.587 toneladas de desplazamiento y una tripulación de 31 hombres, mercante camuflado bajo bandera danesa. Hasta tal punto organizaron los germanos esta tapadera que incluso todos los tripulantes fueron escogidos entre marinos que hablasen danés. Lograría su objetivo entrando el 14 de abril de 1915 en la bahía de Mwanza, pero toda la fortuna del viaje se le torció en el último momento, siendo localizado y hundido allí mismo, antes de haber podido descargar su preciada ayuda. Pero un error aliado, permitió que no fuera un fracaso absoluto, ya que la poca profundidad de la bahía impidió que el Rubens se hundiera del todo, y los buques británicos no lo destruyeron. Gracias a ello los alemanes conseguirían rescatar buena parte de la carga.

El SS Rubens había partido con una carga original destinada al Königsberg, de 1.600 toneladas de carbón de Westfalia, setecientas toneladas de agua destilada, repuestos para las máquinas del buque, mil disparos para sus cañones navales de 105mm, quinientos para los de 88mm, una tonelada de explosivo para recargar la munición naval, máquinas herramienta y sopletes de corte para afrontar las grandes reparaciones del barco (De La Sierra, 1985, 91). Una vez cargado todo este material en el espacio sobrante se decidió añadir ayuda para las fuerzas de tierra: 1800 rifles Mauser 98, 4.500.000 cartuchos para rifles y ametralladoras de calibre 7´9mm, dos cañones de desembarco de 60mm con tres mil disparos para ellos, seis ametralladoras Maxim, 3.000 proyectiles para los cañones ligeros de 37mm, doscientas tiendas de campaña, material de telégrafos y telefónico, suministros médicos, ropa militar, provisiones y varios materiales menores más (De La Sierra, 1985, 91).

Parte de este material como el carbón no se pudo recuperar, y otra parte cómo la munición, se rescató mojada. De la munición ligera se pudieron usar solo dos millones de cartuchos, después además de que estas balas fuesen cuidadosamente recargadas, con la pólvora secada una por una, en un proceso de extraordinaria laboriosidad, realizado sin las herramientas adecuadas. Esto hizo que los problemas de municionamiento no se solucionasen cómo habían esperado los alemanes. De los proyectiles de artillería se pudieron utilizar 5.500 disparos de los 7.500 que llevaba el mercante, salvándose la totalidad de los mil de 105mm. Un intangible muy importante de la llegada de este buque fue la inyección de moral, ya que los alemanes vieron que en su patria se acordaban de ellos, además los 31 tripulantes pasaron a integrarse en la Schutztruppe.

El 16 de marzo de 1916, un segundo mercante alemán consiguió romper el bloqueo naval aliado y arribar al África Oriental Alemana, se trataba del SS Marie de 2.674 toneladas de registro, que en este caso usó cómo técnica de ocultación el mantener el más absoluto y riguroso silencio de radio desde que partió de Alemania hasta que llegó a su destino. En este caso pudo descargar todo el material a bordo y una vez hecho, partir para evitar su captura o destrucción refugiándose en las Indias Orientales Holandeses, puerto neutral. La carga de este buque esta vez sí estaba pensada completamente para reforzar a la Schutztruppe y consistía en cuatro obuses modernos de campaña M98/09 de 105mm con mil disparos por pieza, dos cañones de montaña M08 de 75mm con munición, 2.000 rifles Mauser M98, seis ametralladoras Maxim con aparatos de puntería para tener posibilidad de hacer fuego antiaéreo, cuatro millones de cartuchos para los Mauser 98 y las Maxim y un millón para los M1871/84, 1.500 granadas de mano, dos mil granadas de fusil, cuatro cureñas para uso en campaña de los cañones de 105mm rescatados del Königsberg, proyectiles para los cañones C73 de 90mm (aunque aquí cometieron un error ya que la mayoría de las piezas de este modelo eran del calibre 78´5mm), cinco minas marinas, doscientos kilogramos de quinina para la malaria, quince mil uniformes de askari, ropa europea, cincuenta mil cargas con un peso de entre 27 y 29 kilogramos preparadas para porteadores con uniformes, comida, equipamiento, suministros médicos, semillas vegetales, correo, periódicos, papel moneda, moldes y oro para fabricar moneda, un puente móvil de campaña, repuestos para el ferrocarril, equipamiento telegráfico y hasta dulces y condecoraciones, dos de ellas Cruces de Hierro para el propio Von Lettow (Strachan, 2004, 119).

No fue fácil descargar el buque, ya que no había un puerto acondicionado disponible, por ello parte de la munición ligera se humedeció demasiado y tuvo que ser recargada con pólvora negra, gracias al trabajo de los artificieros navales del Königsberg, que para salvar su propia munición ya habían usado un método secándola y limpiándola con arena. De enorme importancia fue que en el SS Marie venía un pequeño destacamento de media docena de oficiales de artillería al mando del capitán Von Kaltenborn-Stachau, para manejar el nuevo material moderno que portaba en sus bodegas y así además aumentar la eficacia de la artillería alemana existente.

En septiembre de 1916 el mando alemán tenía preparados otros dos cargueros para enviar ayuda a Lettow, pero sus viajes fueron suspendidos al conocer que los aliados se habían hecho con el control de toda la costa, lo que hacía inútil el periplo, aunque estos mercantes hubiesen burlado a los buques aliados. Pero esto no desanimó a los alemanes que estudiaron seriamente durante 1917 el uso de submarinos para intentar llevar elementos imprescindibles a alguna cala escondida dónde pudiesen contactar con los restos de la Schutztruppe, pero finalmente lo descartaron ante la urgente necesidad de tener a los sumergibles en aguas cercanas cazando el tráfico aliado.

A finales de 1917 encontraron una solución que, aunque descabellada en principio, estuvo a punto de lograrse, y fue el uso de un dirigible para llevar los suministros. En principio el elegido fue el L-57, pero sufrió un accidente que lo dejó inservible, siendo sustituido por el L-59 de 226,5 metros de eslora, con una tripulación de 23 hombres y con cinco motores Maybach de 240 caballos de potencia cada uno. La carga consistiría en quince toneladas de equipamiento que incluían treinta ametralladoras Maxim, cuatrocientos mil cartuchos de 7´9 mm, repuestos para la artillería, comida, quinina, equipo y suministros médicos, machetes, sierras mecánicas, rifles, ropa, condecoraciones e incluso una caja de vino de reserva para celebrar el éxito del viaje. Además ante la constatación de que sólo podía ser un viaje de ida, la previsión incluía al propio zeppelin, que se pensaba desmontar completamente para dar uso a sus componentes, su radio transmisor receptor sería usado en tierra, la cobertura de muselina para vendajes, la estructura de duraluminio para antenas de radio, armar barracones o camillas, la lona para tiendas de campaña y ropa, las pasarelas recubiertas de piel para hacer botas, las bolsas que almacenaban hidrógeno para sacos de dormir o los motores para alimentar los generadores eléctricos (Paice, 2008, 131)

Por supuesto la tripulación se uniría a la Schutztruppe. Para estos hombres la misión era realmente difícil, su última parada fue en la base de dirigibles establecida en Yambol, Bulgaria, y a partir de ahí tenían que llegar hasta el África Oriental, sobrevolando el mar y luego territorio enemigo y ser capaces de encontrar a Lettow. En este sentido el plan era que cuando desde el aire creyeran divisar a sus hombres, un tripulante saltaría a tierra e intentaría entrar en contacto, quedando prisionero si había sido un error. Sobrevolaron el Mediterráneo oriental, Egipto y cuando casi habían atravesado Sudán, recibieron una llamada de radio que les ordenaban volver, porque Lettow se había rendido, era el 21de noviembre de 1917. Hoy parece confirmado que los británicos hicieron correr esta falsa noticia, al saber de la expedición aérea y que el mando alemán la creyó. El L-59 estuvo a punto de desobedecer las órdenes, pero finalmente dio la vuelta y regresó a Bulgaria tras recorrer 4.340 millas en 95 horas (Paice, 2008, 131).

 

El material capturado

La principal fuente de recursos de las fuerzas alemanas no fue ni la escasa ayuda recibida de Alemania, ni lo poco que pudieron generar con sus propios recursos, realmente la Schutztruppe sobrevivió gracias al material que capturó a sus enemigos. No podemos contabilizar a cuanto ascendió este, ya que se consiguió en grandes batallas y en pequeñas escaramuzas y su uso, por ejemplo, en el aspecto armamentístico estaba sujeto también a cuanta munición se capturase. Aun así, hay algunos hitos interesantes que reseñar.

Uno de los principales fue el gran éxito obtenido en la batalla de Tanga entre el 4 y 5 de noviembre de 1914, dónde rechazaron el desembarco de una fuerza anglo india, que al reembarcar precipitadamente, completamente derrotada, dejó atrás mucho material, entre el que se encontraban  dieciséis ametralladoras, de las que ocho estaban operativas y las demás se usaron para repuestos, 455 rifles Lee-Enfield suficientes para equipar a tres FK, seiscientos mil cartuchos, equipamiento telegráfico, mantas, uniformes y provisiones.

En noviembre de 1916, los alemanes atacaron el puesto de Newala en Mozambique, infringiendo una dura derrota a los portugueses y apoderándose de cuatro cañones de montaña nuevos con munición, siete ametralladoras, una gran cantidad de rifles, cien mil cartuchos, dos automóviles Fiat, una estación de telégrafos, cuarenta y cinco carromatos de suministros con sus tiros de caballos y mulas, toneladas de provisiones y suministros médicos (Strachan, 2004, 162).

Al poco de entrar en territorio luso el 25 de noviembre de 1917, sorprendieron a una importante guarnición en Ngomano a la que capturaron seiscientos rifles Mauser-Vergueiro que se convirtió desde entonces en el más habitual de la Schütztruppe. Se trató de un arma del calibre 6´5mm, con cargadores para cinco balas y que en el momento de la rendición alemana suponía más de dos tercios de su armamento ligero. En esa acción también capturaron seis ametralladoras, 250.000 cartuchos, varias toneladas de suministros para europeos y medicinas y equipamiento médico.

En diciembre de 1917 toman otros tres fuertes portugueses, reequipándose con más rifles y haciéndose con un millón de cartuchos. En la acción de Namakura entre el 1 y el 3 de julio de 1918, se hicieron con diez ametralladoras, 350 rifles, 350 toneladas de comida y muchísima munición. Ejemplo de esta adaptación al uso de material capturado fue el estadillo del 5 de julio de 1918, en el que consta que para 209 europeos y 1.257 askaris, se disponía de 1.003 Mauser-Vergueiro, 166 Lee-Enfield, 65 M1871/84, 13 Maxim, 17 Vickers y 9 Lewis y 813.800 cartuchos. Cómo podemos ver casi todas las armas son capturadas (Adams, 2016, 61).

El 24 de agosto de 1918, capturaron a una fuerza de los KAR, diez mil cargas de comida, quinientas cajas de munición y doscientos disparos de mortero Stokes. Los alemanes se hicieron también con bastantes piezas de artillería aliadas, algunas de las cuales pusieron en uso, siempre hasta agotar las municiones propias de la pieza capturada. Este es un listado del material capturado u usado:

6/02/15, tres cañones Hotchkiss de 47mm, del buque británico Adjudant.

14/09/16, un cañón Saint Chamond de 70mm belga.

29/10/16, dos cañones Maxim-Nordenfelt de 76´2 británicos

1/12/16, dos cañones Schneider-Canet M1906 de 70mm portugueses.

10/12/16, un cañón revolver Hotchkiss de 37mm portugues.

16/10/17, un obús a lomo Vickers-Maxim de 75mm británico.

1/12/17, un cañón ligero de 37mm portugués.

17/07/18, un cañón ligero de 45mm portugués.

22/07/18, un mortero Stokes de tres pulgadas británico.

 

La logística

La logística fue un factor fundamental en la capacidad alemana de mantener una fuerza en campaña durante más de cuatro años, buena parte de ese tiempo en territorio completamente hostil. El gran mérito del éxito logístico en la primera fase de la guerra, hasta la pérdida del territorio propiamente germano, fue del Mayor General sajón Kurt Wähle, ya retirado del ejército y que en agosto de 1914 se encontraba de visita en la colonia para ver a su hijo, destinado cómo oficial en la Schütztruppe. A pesar de estar retirado, su graduación era superior a la de Lettow, pero finalmente no se hizo con el mando, quedando a cargo del mando occidental en el frente contra los belgas y siendo además el responsable de organizar toda la logística militar de la colonia.

En principio cada Feldkompagnie tenía almacenados suministros para seis meses para su personal europeo, pero sólo para unos pocos días para los efectivos nativos. Además, cada europeo tenía asignados a 22 porteadores para trasladar su equipo propio, que incluía la tienda, los utensilios de cocina y las provisiones. Cada FK tenía también, cuando operaba en zonas sin mosca Tse-Tse, cinco monturas para los alemanes y 54 bueyes para tirar de carretas de suministros, aunque lo habitual fue que las cargas las llevasen los porteadores. Para hacernos una idea de la capacidad logística del territorio, hacían falta tres viajes completos en tren, para trasladar a una FK completa con sus soldados, porteadores y suministros (Anderson, 2014, 19).

El general sajón puso en marcha un sistema coordinado de producción de alimentos y el almacenamiento y transporte de estos a los frentes. El transporte era un tema muy difícil, tanto por la dificultad del propio terreno, cómo por la época de lluvias que hacían muy complicado moverse a través de los cauces y zonas pantanosas, seguida de  la estación seca donde la falta de agua obligaba a tener como referencia los pozos disponibles. La colonia tenía dos sistemas principales de transporte y comunicaciones, por un lado, la navegación costera, que fue completamente bloqueada por la marina británica y por otra las dos líneas de ferrocarril existentes, una que atravesaba la colonia por su zona central desde la capital hasta el lago Tanganyika y otra denominada línea Usambara que iba del puerto de Tanga a Moshi en el entorno del Kilimanjaro. Esta línea corría casi paralela a la frontera con la Kenya británica. El problema es que estas dos líneas de ferrocarril no estaban conectadas entre ellas, lo que hacía que no hubiese comunicación ferroviaria de norte a sur. Aun así, y con medios locales, tendieron una línea ligera de tren entre Wilhemstahl y Handeni, que llegó a avanzar a un ritmo de dos kilómetros diarios en su construcción. Para paliar este problema de comunicaciones de norte a sur, lo que hicieron fue dividir el trayecto sin ferrocarril en etapas, con equipos de porteadores locales, acomodados y aprovisionados en puestos fijos, que se iban relevando en las etapas. Estos puestos a su vez eran depósitos de alimentos, ya que Wähle estableció un tejido así por toda la colonia.

Respecto a la producción de la comida, salvo en el caso de las plantaciones europeas, la agricultura africana era de subsistencia, lo que hacía que no produjera excedentes, y obligaba a crear zonas de cultivo en las zonas más fértiles y aumentar la producción de las plantaciones para buscar lograr las provisiones necesarias. Esta política fue un éxito y la producción africana logró cubrir el 90% de las necesidades (Strachan, 2004, 120). Se llegó también a un acuerdo con los massai para la producción de carne y pieles para los alemanes. Estas zonas se convirtieron en áreas estratégicas, que los alemanes intentaban defender a toda costa y cuando no les era posible, aplicaban sobre ellas una política de tierra quemada. Otra fuente muy importante de alimentos fue la caza, abundantísima en la colonia.

Wähle puso en marcha la producción de equipamientos muy necesarios recurriendo a los escasos medios de la colonia. Por ejemplo, en Tanga, se fabricaban botas con piel de búfalo, ropa con el algodón de las plantaciones y la tintura marrón amarillenta propia de los uniformes alemanes, el color caqui, se conseguía extrayéndola de la raíz del árbol ndaa. Las mujeres hilaban y tejían el algodón, con goma natural se hacían neumáticos e incluso desarrollaron un combustible derivado del coco. Esta economía doméstica consiguió cubrir las necesidades de ropa, calzado, combustible o cigarros (Rooney, 1999, 143). El gobernador Schnee se encargó del control de la economía, imponiendo el racionamiento de productos y un estricto control de precios para evitar la especulación. Se vigiló mucho el acaparamiento.

En los últimos años de la guerra los alemanes y sus askaris tuvieron que vestirse principalmente con prendas de uniformes enemigos, especialmente británicas y portuguesas. Todo esto dio una imagen muy peculiar a los askari, complementada por una costumbre que impuso el capitán Tafel, que consistía en ponerse vegetación en las prendas de cabeza como camuflaje. También era habitual que muchos askaris no usaran botas.

La logística marcó el desarrollo de muchas de las operaciones. Un ejemplo de ello fue cuando en 1917  las fuerzas alemanas del sudeste estaban arrinconadas en el tercio sur de la colonia, los grandes esfuerzos giraron en torno a mantener la zona de Lindi, que era el principal granero alemán. Muy importante también fue el elevado nivel del servicio médico alemán, que logró que sus decesos por enfermedad fuesen mucho más bajos que las de los aliados, y que incluso en agosto de 1918 aún mantenían un hospital de campaña acompañando a Lettow. Perdida la base territorial no cejó el empeño alemán por sobrevivir, llegando a realizar operaciones como en Massasi, en 1917, dónde al pasar por la zona plantaron el terreno, se retiraron y volvieron a ocuparlo cuando había calculado que habría germinado esa cosecha. Los alemanes pasaron a producir pan sin harina de trigo, a hacerse botas con la piel de los antílopes o las sillas de montar enemigas capturadas, obtenían sal hirviendo agua de mar, se fabricaban vendajes con corteza de árboles y usaban la miel silvestre como sustituto del azúcar (Rooney, 1999, 155).

Una clave del éxito alemán fueron sus servicios médicos, cuyo éxito le permitió optimizar fuerzas, al tener muchas menos bajas por enfermedad que sus enemigos. La Schütztruppe contaba al inicio de las hostilidades con 32 doctores, y elevó a esta fuerza hasta los 63, al incorporar a profesionales civiles, misioneros y médicos navales. Así, cada compañía pudo contar con su propio doctor y podían tratar las enfermedades sobre el terreno en lugar de tener que trasladar a los hombres a lejanos hospitales. Absolutamente vital para la salud de los hombres, en mayor medida los europeos, era la disponibilidad de quinina, producto clave en la lucha contra la malaria. En toda la guerra los alemanes usaron aproximadamente mil kilogramos de esta, siendo solo quinientos los pertenecientes a las reservas de preguerra. Para ello, los alemanes cultivaron las plantas necesarias para extraerla, procesándolas en las estaciones de Amani y Mpwapwa. Cuando perdieron esa zona del Ferrocarril Central, y al no poder hacer pastillas, pasaron a hervirla y se la bebían. Los hombres llamaban jocosamente a este brebaje “el schnapps de Lettow”.

Además, con la quinina tenían un sistema que se demostró más eficaz que el aliado. Ellos les daban pequeñas dosis periódicas a sus hombres, estuviesen enfermos o no, mientras sus enemigos solo la administraban si ya estabas enfermo. Otros cuidados médicos tuvieron que ver con la observación y las recomendaciones de cambios en los modos de vida europeos, para hacerlos más parecidos a los africanos, lo que también redundó en una mejor salud del personal europeo. Los alemanes sabían que cada baja alemana era insustituible y eso los condujo a estos cambios: realizar largar marchas y ejercicio diario sostenido, pero no en las horas más calurosas del día; usar salacots, que eran prendas de cabeza más frescas y protectoras y el uso de mosquiteras por las noches. También hicieron cambio en su dieta, que era rica en carnes y pan blanco de origen europeo, eliminado esto y reduciendo el alcohol, las grasas y la sal. Convirtiendo en alimentos básicos los propios de la dieta local, cereales, fruta y carne de caza (Strachan, 2004, 124). En definitiva, por norma, los médicos alemanes vieron que la prevención era más eficaz que la cura.

Otro gran logro logístico fue el de la extensión del telégrafo por toda la colonia, haciendo llegar líneas a Mahenge o Neu Langeburg. Para ello usaron materiales de todo tipo. Un aporte importante fueron quinientos kilómetros de cable disponibles en el SMS Möwe para sus tareas hidrográficas. Con esto y con rollos de alambrada, material capturado a los belgas y usando botellas de cerveza rotas, huesos o bambú cómo aislantes, tenían a principios de 1916 una red de más de tres mil kilómetros, que permitía a Lettow saber en un día a lo sumo dos, lo que estaba pasando en los puntos más lejanos.

Un servicio esencial en todas las guerras por su impacto en la moral de los combatientes es el servicio postal, que permite a los hombres una conexión con sus hogares. Mientras duró la neutralidad portuguesa, aunque con muchas dificultades, los alemanes tuvieron la opción de usar el territorio portugués para sus envíos. Una vez cerrada esta puerta con la entrada en guerra portuguesa, el único correo recibido fue el que vino a bordo del SS Marie.

 

Evolución de la organización alemana

Para fines operativos, durante la guerra los alemanes crearon unidades llamadas abteilungen, equivalentes a batallones, agrupando compañías, que llevaban el nombre de su oficial al mando, en teoría mayores, pero lo habitual ante la falta de estos es que fuesen mandados por capitanes. Los abteilungen se crearon y desaparecieron en función de las necesidades tácticas y el avituallamiento. Las unidades alemanas incluso en los peores momentos mantuvieron una disciplina alta, una buena organización y una alimentación y salud superiores a las de sus enemigos. Para marzo de 1915, se habían creado dieciséis FK nuevas, yendo ya la numeración de estas del 1 al 30. A partir de ahí, las nuevas compañías indígenas llevarían otras denominaciones como ocho provisionales denominadas con letras, y dos de reserva compuestas por askaris muy veteranos y el nombre de localidades en el caso de los abteilungen pequeños equivalentes a compañías. También se crearon tres baterías de campaña de artillería aparte de algunas unidades más pequeñas.

En marzo de 1915, el orden de batalla alemán era el siguiente en el frente de Kenya, dónde estaba la fuerza principal, operaban las siguientes unidades:

-Batallón Tanga, integrado por la 4ºSchK, la 17ª FK, el abteilung Pangani (los abteilung que no llevan el nombre de un oficial alemán son unidades tipo compañía), el abteilung Landsturm Tanga (reservistas alemanes mayores), y el abteilung de artillería N.

-Abteilung Schulz, integrado por las FK 6ª, 9ª,15ª,24ª y 30ª.

-Abteilung Kraut, con las FK 18ª y 27ª y la batería de artillería Sternheim.

-Abteilung Demuth, compuesto de las SchK 6ª y 7ª, las FK 1ª, 10ª y 19ª y la batería de artillería Fromme.

-Abteilung Augar, con la 3ª, 13ª y 14ª FK.

-Abteilung Stemmermann, integrado por la 11º y 16º FK.

-Abteilung Fischer, con las FK 8º y 28ª, la 8ª y 9ª SchK (montadas) y el abteilung Arusha.

-Agregadas a este frente a disposición del mando como reserva estaban la 21ªFK y las 4ª y 5ª SchK.

En el frente occidental que cubría la frontera con Uganda, el territorio de Ruanda-Urundi y los lagos, la disposición era la siguiente:

-En Bukoba, estaban la 7ª compañía de Reserva y el abteilung Bukoba.

-En Ruanda, las 7ª, 23ª, 25ª y 26ª FK.

-En Urundi, la 14ª compañía de Reserva y el abteilung Urundi.

-En el lago Tanganyika, la 29ª FK, la 22ª Stammkompagnie y el abteilung Möwe.

-En Neu Langenburg la FK 5ª.

Guarneciendo el territorio había otras fuerzas, especialmente cómo reserva en el caso de un nuevo intento de desembarco aliado cómo el sucedido en Tanga, estas eran:

-En Iringa, la 2ª FK.

-En Mahenge, la 12ª FK.

-En Dar-Es-Salaam, la 22ª FK, las 1ª, 2ª y 3ª SchK, el abteilung Könisgberg, el abteilung de defensa costera y una compañía del Landsturm.

-En Lindi, la 20ª FK y el abteilung Delta (Abbott, 2006, 152).

En marzo de 1916, Lettow contaba con 3.007 europeos, 12.100 askaris y 2.531 irregulares en filas, además de cierta cantidad de porteadores armados, en sesenta unidades tipo compañía, más cuarteles generales y destacamentos de apoyo, habiendo multiplicado enormemente su fuerza de preguerra, siendo en concreto la organización del frente occidental, reforzada ante la ofensiva de una numéricamente muy superior Force Publique belga, la siguiente:

-En Mwanza, las compañías, A, B, C, D y E.

-En Bukoba, la 7º compañía de Reserva, la compañía C y el abteilung Bukoba.

-En el lago Kivu, las FK 7ª, 23ª, 25ª y 26ª y las compañías Ruanda A y Ruanda B.

-En el rio Russisi, la 14ª compañía de Reserva y el abteilung Urundi.

-En Kigoma, la 22ª Stammkompagnie y el abteilung Möwe.

-En Bismarckburg, la 29ª FK.

-En Neu Langenburg, la 5ª FK y la compañía L (Abbott, 2006, 153)

En el verano de 1917, la artillería en servicio alemán estaba compuesta por dos cañones de 105mm procedentes del Königsberg, dos obuses de 105mm, dos cañones de montaña de 75mm, un cañón de campaña c73 de 90mm, un cañón de desembarco de 60mm, un cañón ligero de 47mm, un cañón ligero de 37mm y un cañón portugués de montaña, el material capturado sólo se ponía en uso si a su vez se capturaba la munición suficiente para ello (Adams, 2016, 21).

Para octubre de 1917, la media de una compañía alemana se había reducido a diez europeos y entre cien y ciento veinte askaris. Igualmente, la distinción entre FK y SchK había ido desapareciendo y ambas unidades estaban formadas con personal africano y cuadros europeos. La progresiva integración permitió mantener el ratio de cuadros de mando europeos respecto a la tropa africana y los restos de las fuerzas de Lettow se organizaban de la siguiente manera:

De las unidades fijas, Lettow disolvió las FK 8ª, 12ª, 16ª, 26ª, 27ª, 28ª y 30ª y las SchK 7ª y 9ª

El resto se repartieron con esta disposición.

-Abteilung Wähle, en Mahiwa, gran unidad que contaba a su vez con:

-Abteilung Rothe, integrado por la 19ª y 20ª FK, y la compañía Tanga.

-Abteilung Von Liebermann, con la 3ª y 14ª FK y la compañía S.

-Además contaba con la 9ª FK, 4ª SchK, la compañía O, y las unidades de artillería batería 1 y abteilung 5.

La otra gran unidad al mando directo de Lettow estaba formada por:

-Abteilung Schoenfeld, con la 23ª y 24ª FK, la 2ª SchK y el abteilung Arusha.

-Abteilung Von Brandis, integrado por la 5ª FK y el abteilung Pangani.

-Abteilung Aumann, formado por la 22ª FK y la compañía L.

-Abteilung Otto, compuesto por las FK 1ª, 7ª, 15ª y 29ª y la batería de artillería Vogel.

-Abteilung Von Heyden, con la 1ª SchK y la compañía Königsberg.

A lo largo del territorio además se encontraban las siguientes unidades:

-Abteilung Von Ruckteschell, con la 10ª y 21ª FK.

-Abteilung Göring, compuesto de la 4ª, 13ª, 14ª y 17ª FK, la 8ª SchK y la batería de artillería 2ª.

-Abteilung Köhl, integrado por la 18ª FK, la 6ª SchK y la batería de artillería 4ª.

-Abteilung Kraut, con la 2ª y 25ª FK, la 3ª y 5ª SchK, la compañía I y el abteilung Schulz.

-Cubriendo la línea de comunicaciones, la 11ª FK.

-En reserva la 6ªFK (Abbott, 2002, 37).

En octubre de 1917 la plantilla media de las FK estaba entre un cincuenta y un setenta y cinco por ciento de la original, aunque había unidades como la 9ª FK que estaban a sólo un tercio de su capacidad. Era el final de la estación seca y Lettow veía que cada vez está más acorralado, con lo que decidió invadir Mozambique para escapar al cerco, contando en ese momento con unas veinticinco unidades tipo compañía integradas por 501 alemanes y 2.645 askaris. La otra gran fuerza restante que avanza a marchas forzadas para intentar unirse con el era la Westtruppen mandada por Tafel, que reunía a 148 europeos y 1.400 askaris.

Para ese momento los aliados tenían en sus manos como prisioneros a 1.115 europeos y 3.382 askaris. Para optimizar recursos, Lettow decidió desmovilizar a parte de sus tropas y licenciar a algunos de sus hombres, quedándose sólo con algo más de la mitad. Esto le provocó un conflicto ya que muchos soldados, especialmente los alemanes, se negaban a dejar las armas. Su fuerza quedó reducida al tamaño de una brigada, integrada por quince compañías: FK 2ª, 3ª, 4ª, 9ª, 10ª, 11ª, 13ª, 14ª, 17ª, 19ª y 21ª y las SchK 3ª, 4ª, 5ª y 6ª, además de la 2ª batería de artillería. En noviembre de 1917 cruzaron a Mozambique unos trescientos alemanes, mil setecientos askaris y tres mil porteadores, además de esposas y sirvientes, con dos tercios de sus rifles sin munición adecuada. Además, los cañones de 105mm fueron abandonados para evitar que les retrasasen y días antes se habían rendido las fuerzas del frente occidental alemán, la Westtruppen, reduciendo el número de hombres en armas a la mitad. Al poco tiempo de estar en territorio portugués, se disolvieron la 14ª y 19ª FK y la 5ª SchK, fusionando sus restos con las restantes. La fuerza de Lettow se debilitaba operando en territorio enemigo, constantemente en movimiento y perseguida por fuerzas superiores.

El 25 de noviembre de 1918, tras capturar a un motociclista británico y comprobar que Alemania se había rendido, capitularon en Rhodesia del Norte, 155 alemanes, 1.168 askaris y 1.500 porteadores. Conservaban algunos rifles M1871/84 Jägerbusche, el resto eran 1.071 rifles británicos y portugueses y 7 Maxim originales de 37 ametralladoras totales. El resto del material fue capturado, incluyendo un cañón portugués con varios disparos, un mortero británico, catorce fusiles ametralladores Lewis, 208.000 cartuchos y quinina suficiente para garantizar el abastecimiento hasta junio.

Estos hombres estaban organizados en un comando del cuartel general, las FK 2ª, 3ª,4ª,9ª, 10ª,11ª,13ª,17ª y 21ª y las SchK 3ª,4ª y 6ª, además de la 2ª batería de artillería. Al mando estaba el Mayor General Paul Von Lettow-Vorbeck, ascendido a esa graduación desde sus inicios como teniente coronel en 1914. Los principales oficiales que le acompañaban ese día eran un mayor, seis capitanes, un teniente capitán de la marina, ocho oficiales médicos, un oficial de comunicaciones y el gobernador Heinrich Schnee.

Otros 13.430 askaris habían servido en las filas alemanas, aparte de los que capitularon el último día. De estos, 290 murieron en combate, 508 por enfermedad o accidente, 162 por gripe española, y 3.669 sufrieron heridas de los que 838 fueron incapacitantes, 4.275 fueron hechos prisioneros, 4.510 fueron dados por desaparecidos y 2.847 desertaron. El dos de marzo de 1919, Von Lettow luciendo la medalla Pour Le Merite, la más alta condecoración alemana en tiempos del imperio, junto al gobernador Schnee y el comandante del Königsberg, Loof, desfilaron a caballo bajo la Puerta de Brandenburgo al frente de sus supervivientes, aclamados por una enorme multitud que los recibía cómo a grandes héroes, como aquellos que no fueron derrotados.

Esta historia tiene un último capítulo que sintetiza muy bien el espíritu de la Schütztruppe. En 1953 un anciano Lettow fue invitado por quien fuera su enemigo, el general sudafricano Smuts, a visitar la entonces colonia británica de Tanganyika. Desde el momento en que desembarco hasta su marcha, fue escoltado y acompañado por sus antiguos askaris. En 1964, ya fallecido Lettow, por fin el gobierno alemán decidió reparar una injusticia histórica y conceder una pensión a los askaris veteranos que aún estuviesen con vida, para ello envió a un representante a la ya independiente Tanzania, para hacerse cargo de recopilar los datos necesarios para ver quienes tenían ese derecho. Se convocó en Dar-Es-Salaam a todos los veteranos vivos, pidiéndoles que llevasen su documentación para acreditar que eran ciertas sus reclamaciones. El día acordado acudieron varios centenares de ancianos africanos a la convocatoria, pero muy pocos de ellos conservaban algún documento que acreditase que habían servido en la Schütztruppe. Los representantes del gobierno alemán y del tanzano no sabían cómo resolver esto, cuando a un integrante de la delegación alemana se le ocurrió una idea. Repartió palos, para que hiciesen función de fusiles y comenzó a dar órdenes militares en alemán, mandando formar y realizar varios movimientos militares a los ancianos. Para sorpresa de los asistentes, todos los ancianos los realizaron correctamente y es que nadie intentó hacerse pasar por un askari de Lettow. Así era la consideración de aquellos hombres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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