ISSN 2603-6096


Quesada Gambarte, Diego, «La guerra anglo-zulú», Guerra Colonial, (2019), nº5, pp.97-120







La guerra anglo-zulú de 1879

(The anglo-zulu war of 1879)


Diego Quesada Gambarte

Universidad Rey Juan Carlos


Recibido: 11/10/2019; Aceptado: 3/12/2019;








Resumen

Entre los meses de enero y julio de 1879, se produjo la invasión por parte del ejército británico del reino zulú existente al este de Natal. En el presente artículo se ofrece una visión general de cómo se desarrolló la invasión, intentando explicar por qué una operación aparentemente sencilla, se tornó en un problema para el mayor de los imperios de aquel tiempo.

Palabras clave:

Cetshwayo, Imperio británico, Isandlwana, Lord Chelmsford, Zulú



Abstract

Between january and july of 1879, the british army invaded Zululand. On that paper is offered a general vision of the conflict, trying to explain why an apparentely easy campaign was turned into a trouble for one of the greatest empire in the world at that time.

Keywords:

Cetshwayo, British Empire, Isandlwana, Lord Chelmsford, Zulu





Introducción

La Guerra Anglo-Zulú de 1879, a pesar de sus pequeñas dimensiones, ha sido un conflicto muy tratado por la historiografía militar. Aunque se trata de una pequeña guerra en la enorme red de operaciones que el Imperio británico llevó a cabo por el mundo durante el siglo XIX, ha pasado a la historia por darse en ella uno de los mayores fracasos de la historia militar británica, la batalla de Isandlwana. Muestra de la popularidad alcanzada por el conflicto fue el estreno de dos películas: Zulú (1964) y Amanecer Zulú (1979), centradas en la batalla de Rorke’s Drift e Isandlwana respectivamente1.

A través del análisis de los contingentes, las causas, desarrollo y consecuencias del conflicto, en el presente artículo veremos cómo fue este enfrentamiento y por qué la mayor potencia militar del momento, sufrió una derrota como la Isandlwana.



Causas del conflicto

En relación con estas, no existe consenso entre los autores que han estudiado el conflicto.

Así, Damian O’Connor plantea una distinción entre aquellas de naturaleza económica y las de naturaleza geopolítica, dando más importancia a las segundas (O’Connor, 2009). Según él, es poco probable que tras la ocupación del territorio zulú hubiese una motivación puramente económica. En ese momento, las importaciones y exportaciones que tenían lugar en la colonia del Cabo apenas alcanzaban un valor de 7,5 millones de libras (cifras de 1880 e incluyéndose los diamantes encontrados), mientras que solamente las exportaciones de Gran Bretaña rondaban los 286 millones de libras (Op. Cit., 28). Además, el número de colonos europeos que habitaban la Colonia de Natal se encontraba alrededor de unos 18.000 europeos, viviendo solamente 2.000 en dos de las ciudades más importantes, siendo estas Pietermaritzburg y Durban (Op. Cit., 28-29). Este autor también indica que otra posible causa de la conquista de Zululandia fuese la de conseguir mano de obra. Sin embargo, parece inverosímil debido a dos motivos: que los zulúes ya suministraban mano de obra desde Tsonga a Natal, lo cual beneficiaba a ambas partes y, además, era más barato para los británicos importar la mano de obra de la India que subvencionar un conflicto (aunque es cierto que algunos hombres de negocios preferían buscar fortuna en una guerra que arriesgarla en campos de cultivo y granjas que suponían un enorme riesgo) (Op. Cit., 29). Además, el crecimiento económico en el territorio comenzó antes del descubrimiento del oro en Witwatersrand (1886) en áreas que en un principio no parecían tener ningún futuro económico. Por último, los intereses económicos en la Colonia del Cabo se encontraban en los 190 millones de libras que se movían todos los años con el comercio interno, actividad que no se veía impedida por la presencia del Reino Zulú (Op. Cit., 29). Así, la idea de buscar la autosuficiencia económica de la colonia, esgrimida por algunos autores (Stapleton, 2017, 46), carecería de la suficiente importancia a la luz de estos datos.

De esta forma, la verdadera causa del conflicto es de naturaleza geopolítica y se encuentra relacionada con el Alto Comisionado Sir Henry Bartle Edward Frere2.

Según los autores Ian Knight e Ian Castle (1994), desde que los británicos habían tomado el control de la Colonia del Cabo en 1806, no habían sido pocas las disputas que allí habían tenido lugar entre británicos, boers y algunos pueblos africanos. Con el objetivo de crear estabilidad en el territorio y detener todos esos conflictos, que lo único que hacían era empobrecer a los Departamentos del Tesoro y de la Guerra británicos, los británicos plantean la creación de una Confederación que agrupase a todos los pueblos de la zona y que estuviese dirigida por ellos (Op. Cit., 6-8).

De esta forma, Henry Bartle Frere es designado alto comisionado de la zona en 1877. Este se convenció de que Cetshwayo y los zulúes eran un peligro para la Confederación y se obsesionó con que era necesario para mantener la paz ocuparlos, designando al rey zulú como un «déspota irresponsable, sanguinario y traicionero» y a los guerreros zulúes como «maquinas únicas de matar hombres» (Op. Cit., 8). Así, y a pesar de que el gobierno británico insistió en que, debido a la crisis de los Balcanes y la guerra en Afganistán, debía intentar llegar a un acuerdo con los zulúes, se hizo con el favor de Frederic Thesiger (que se convertiría tras la muerte de su padre en lord Chelmsford) y con su ayuda comenzó a falsear la información que se mandaba periódicamente a la metrópoli para convencer a ésta de que la guerra era necesaria. Es interesante observar cómo el propio Frere diría en una carta escrita a Sir Michael Hicks-Beach, escrita en marzo de 1879 lo siguiente: «Pocas cosas me chocan más que evidente carácter temporal y descuidado de las medidas defensivas tomadas por la población inglesa»3.

Aprovechó un par de incidentes fronterizos sin importancia que habían tenido lugar, para crear una Comisión en la que, a pesar de salir beneficiados los zulúes, tuvieron que aceptar unas demandas que se tradujeron en un ultimátum que Frere sabía que sería imposible de cumplir por parte de los zulúes con lo que aprovecharía para comenzar la invasión del territorio.

Así, el 11 de diciembre de 1878, el Alto Comisionado británico, encabezado por el ya mencionado Frere, presenta un ultimátum a los zulúes en el que se plantean una serie de trece exigencias cuyo cumplimiento parecía imposible. La más relevante sería la de exigir la disolución del ejército zulú4.

Sin embargo, todos estos hechos han de matizarse con una visión más global de la situación. Si bien es cierto que nada de lo que dicen I. Knight e I. Castle es falso, tampoco cuentan toda la verdad. La actuación de Frere solo se ve justificada, según Damian O’Connor (2009), por la situación del imperio británico en ese momento. Antes de la década de 1860, los británicos no habían tenido grandes rivales imperiales. Sin embargo, con el nacimiento de los Estados Unidos de América, la unificación de Alemania a mano de Otto Von Bismark y la expansión de Rusia, hacían peligrar el poder británico y, de hecho, se temía sobremanera el inicio de una invasión por parte del Imperio ruso. Esto se veía alimentado por el hecho de que, durante la crisis de los Balcanes, los rusos aprovecharon para favorecer a los búlgaros contra el Imperio Otomano y así hacerse con el control de la península de Anatolia. También, los rusos habían intentado aumentar su presencia en Afganistán y cada vez estaban más presentes en la frontera noroeste con India, hacia la cual se habían expandido desde 1870. Todos estos movimientos parecían indicar a los británicos que el Imperio Ruso tenía como objetivo hacerse con el control de las rutas hacía India para más tarde hacerse con la «Joya de la Corona» británica. Con esta situación en mente, el gobierno británico plantea que, en caso de guerra, sería una buena idea tener el control total de los territorios sudafricanos para así poder reclutar allí tropas5 y, además, tener un territorio estable desde el que poder enviar tropas y recursos vía marítima hacia la India.

Este plan se veía obstaculizado por la fuerte inestabilidad en el territorio sudafricano, donde había problemas con los boers y otros pueblos africanos. Así, el objetivo de Frere sería pacificar el territorio y volverlo más proclive al imperio británico, como ya había hecho durante su previa estancia en la India donde había mejorado sobremanera las condiciones de la región. Sin embargo, el miedo ante un inminente ataque ruso, unido a la revolución de los xhosa en verano de 1877, volvieron a Frere un paranoico que temía constantemente que un pueblo fuerte como el Zulú, unido a otros grupos minoritarios como los boers o los xhosa, intentasen expulsar a los británicos de la Colonia del Cabo a la vez que los rusos aprovechaban la situación para atacar en otros puntos del imperio.

He aquí el motivo por el cual Frere movió cielo y tierra con el fin de hacerse con el control del territorio zulú y pacificar Sudáfrica antes de que los rusos atacasen. De esta forma, autores como Knight, Castle y, sobre todo, O’Connor, muestran que las verdaderas causas de la guerra no se encontraban entre las económicas, sino más bien en la paranoia y la obsesión del Imperio Británico y, más concretamente, de un hombre que tenía miedo a un potencial enemigo como era el Imperio Ruso.

A parte de todo esto, O’Connor también plantea en su artículo el verdadero peligro que representaban los zulúes para el Imperio Británico. Dentro del pueblo zulú, había una cierta división sobre cómo actuar frente a los hombres blancos, mientras que el rey Cetshwayo prefería una alianza con los ingleses, muchos de los jefes más jóvenes deseaban expulsarlos del territorio. Al final nunca se sabrá si hubiese habido una guerra civil entre ambos bandos o si, simplemente, se hubiese acabado haciendo lo que el rey Cetshwayo deseaba, pero lo que está claro es que los británicos no deseaban comprobarlo. Esa incipiente inestabilidad interna del Reino Zulú fue otro de los motivos que preocupaban a Frere, que sabía que contaba con la fidelidad del rey pero no con la de todos sus generales.

Con todo ello, los británicos se prepararon para la guerra ante el incumplimiento del ultimátum que se ha mencionado más arriba, iniciando la invasión de Zululandia el 12 de enero de 1879.



Los ejércitos contendientes

El ejército zulú

El entrenamiento de un guerrero zulú comienza durante su infancia, desde la cual ya se le enseña a combatir mediante el uso de dos armas, una para atacar y otra para defender. Cuando el joven alcanzaba la pubertad se le introducía en un intanga (grupo de alistamiento) en el cual se le asignaba a un chico más mayor que hiciese de supervisor y después, a la edad de dieciocho o diecinueve años, el rey les convocaba para formar un ibutho (regimiento), al cual le asignaba un induna (general-oficial). El grado de identificación de cada guerrero con su regimiento era tal que muchas veces durante su vida civil se identificaban por el nombre del ibutho al que pertenecían antes que por su nombre propio. Además, cada regimiento debía constituir un kraal en una zona del territorio para controlarla militarmente. Durante la época de conflicto, el iduna se veía ayudado por otros dos indunas (subcomandantes), además de que cada ala poseía dos oficiales al mando y uno por iviyo (cada una de las compañías que formaban el regimiento). En época de Cetshwayo el número de componentes de cada iviyo rondaba los 80 soldados (Roca, 2004, 45). Y cada regimiento o ibutho los 1.500 soldados durante el conflicto (Op. Cit., 45). El número de tropas de las que dispuso Cetshwayo a lo largo de la contienda ronda los 40.000 soldados (Op. Cit., 45), número que se engrosaría si se le añaden los abaqulosí, un clan zulú independiente que combatió en el norte y los seguidores de Mbilini Wamswati, un príncipe Swazi.

En lo que se refiere al equipamiento del soldado, los zulúes utilizaban como armas principales el iklwa y el knebkerri. El primero fue introducido por Shaka y recibe este nombre por el sonido que hacía la hoja metálica al penetrar en el cuerpo del enemigo. Esta arma constaba de una lanza de un metro escaso, de la cual un tercio era una cuchilla con forma de hoja de acero o hierro. El segundo era una maza de madera que podía infligir serios daños. Los antiguos assegais se seguían utilizando y era común que cada guerrero llevase dos o tres con los que poder atacar a cierta distancia a su enemigo. Estos eran lanzas que podían arrojarse desde unos treinta metros de distancia. Por último, algunos oficiales utilizaban el isizenze, un hacha con forma de azada. Otro elemento fundamental era el escudo, que en época de Shaka era muy grande y se llamaba umbumbuluzo y que, más tarde, sería sustituido por Cetshwayo por una versión más reducida y cómoda, el isihlangu. Este se realizaba con piel de vaca o toro y, si se le quitaba el palo que lo tensaba podía ser utilizado por los guerreros como manta o esterilla para dormir. Un dato interesante es que el escudo no pertenecía al guerrero sino al estado y, por ello, siempre estaban bajo recaudo del rey o alguien que le representase. Así, eran repartidos antes de la batalla y debían ser devueltos después, acarreando un castigo ejemplar perder dicha arma.

Durante una campaña, el impi (el ejército) iba acompañado de una serie de rebaños y cada regimiento disponía de uno propio. Sin embargo, no solía ser muy útil ya que el avance del ejército era más rápido que el de las reses y eso al final obligaba a los guerreros a reabastecerse sobre la marcha. Además, durante una campaña, el ejército tenía un control absoluto de su entorno y la posición del enemigo gracias a los izinholi (exploradores), que rastreaban toda la zona y permitían que el impi se moviese sin ser detectado. Por otra parte, el ejército tenía una movilidad increíble y era capaz de recorrer enormes distancias, siendo posible que en un día recorriesen 60 km y después tuviesen energía para cargar contra un enemigo (Op. Cit., 46). Una de las principales causas de esta enorme movilidad era la ausencia de calzado, introducida por Shaka en su reforma militar.

En relación con las armas de fuego, no se sabe con exactitud la cantidad que los zulúes poseían durante el conflicto, aunque se pueden dar datos bastante aproximados. Por los mosquetes recogidos de cuerpos zulúes en la batalla de Rorke’s Drift, se puede establecer un número de entre 10.000 y 15.000 mosquetes en el Reino Zulú (Op. Cit. 52). Otro dato que nos da una visión aproximada del número de armas de fuego es que, entre 1875 y 1877, los portugueses importaron a Mozambique desde Natal 20.000 armas, la mayoría de las cuales fueron a su vez vendidas a los zulúes (Knight, 1995, 168). También es importante decir que el precio de las armas de fuego en Zululandia se redujo considerablemente desde principios de la década de 1870 hasta 1879 (los rifles de dos cañones pasaron de costar cuatro cabezas de ganado a solamente una en 1878, y el Enfield6 apenas una oveja). Esto indica un aumento considerable de la oferta de armamento de pólvora y, con ello, mayores facilidades para conseguirlo (Op.cit., 168).

A pesar de que las armas de fuego se volvieron muy codiciadas por los reyes zulúes desde Shaka para nutrir con ellas a sus ejércitos, cuando comenzó la guerra apenas unos pocos sabían utilizarlas con verdadera destreza. En un intento por mejorar esta situación Cetshwayo había comenzado a contratar unos años atrás a guerreros sotho para que enseñasen a sus hombres. Sin embargo, esto poco sirvió para mejorar la calidad de los fusileros zulúes.

Por último, cabe destacar que la estrategia más común en el ejército zulú, popularizada por Shaka, era la de la «Cabeza de Búfalo», similar a la «Media luna» utilizada por los árabes y que consistía en crear un cuerpo central muy denso que encarase al enemigo mientras que dos columnas de hombres rodeaban a éste, envolviéndolo completamente y dejándolo sin posibilidades de huir. Un buen ejemplo de la aplicación de esta estrategia es la batalla de Isandlwana donde fue fundamental para alcanzar la victoria. También es importante destacar que un elemento fundamental de la estrategia zulú era el hostigamiento previo al combate. Aunque sí que llegaron a poner en marcha esta táctica7, la forma de combatir británica les obligó a ser mucho más ofensivos, ya que debían acercarse al cuerpo a cuerpo para tener alguna oportunidad.



El ejército británico

En 1879 existían en todo el imperio 109 regimientos de infantería de línea (Roca, 2004, 66). Uno de ellos, el 24º regimiento, fue el que combatió en Isandlwana. De todos estos solo 25 estaban formados por dos batallones y lo más frecuente en estos casos es que uno permaneciese en Inglaterra mientras el otro ocupaba algún destino de ultramar. Sin embargo, durante la campaña zulú el 24º Regimiento contó con sus dos batallones. Además, cada regimiento estaba formado aproximadamente por 1.000 hombres, divididos en 950 soldados, 31 oficiales, 50 sargentos, 41 cabos y 16 cornetas, número que siempre se veía reducido debido a las bajas por enfermedad y los accidentes (Op. Cit., 67). La media era de 800 hombres por batallón (Op. Cit., 67). A su vez, cada uno de estos se dividía en 8 compañías identificadas cada una por una letra y formadas por un capitán, dos tenientes, un sargento mayor, cuatro sargentos, dos cornetas-tambores y un centenar de soldados, incluyéndose en este último grupo a los cabos (Op. Cit., 67). Por encima de todo esto se encontraba el cuartel general que incluía a un teniente coronel al mando, dos mayores, un adjunto, un intendente y un oficial médico (Op. Cit., 67). Por último, destacar que en cada regimiento había oficiales y encargados de las municiones, las nóminas y la cocina de campaña.

En relación con el armamento, lo básico para el infante era un rifle Martini-Henry. Era un arma de retrocarga que permitía a un tirador experto disparar con precisión hasta doce veces en un minuto y veinticinco sin apuntar, fue sustituto del modelo Snider y, además, poseía una gran potencia de fuego debido a su calibre. También podía añadírsele una bayoneta. Además, no solo era capaz de alcanzar de forma efectiva a un blanco situado entre 300 y 400 metros de distancia, sino también impulsarlo hacia atrás con el impacto y que la bala también matase al segundo guerrero e impactase en un tercero que siguiese a los dos anteriores (Op. Cit., 69). Sin embargo, también poseía una serie de defectos entre los que cabe destacar que su uso constante generaba un calentamiento del cañón que obligaba al soldado a cubrirlo con telas y prendas para no quemarse las manos. Con el calor también podía encasquillarse y su potencia de fuego generaba un retroceso difícil de controlar. De este rifle se hicieron muchas versiones, y quizá la más apreciada era la versión de caballería, más pequeña y manejable. Otras armas relevantes entre la tropa eran los sables que llevaban los oficiales y los revólveres de seis disparos Webley y Adams (mejor el segundo que el primero debido a su mayor calibre y, con ello, eficacia).

Del uniforme es interesante mencionar el hecho de que para esta campaña los británicos aún llevaban el consistente en una chaqueta escarlata, un casco blanco y unos pantalones azul oscuro con una franja roja, que convertían al soldado en una diana andante (especialmente el casco) y que serían utilizados en este conflicto por última vez (en India y en Sudán, por ejemplo, ya habían sido sustituidos por el uniforme marrón claro, mucho más adecuado para los entornos desérticos). Además, el equipamiento constaba de una mochila, un bolso de piel negro en el que cabían treinta cartuchos de reserva, dos cartucheras frontales con veinte rondas de munición cada una, una cantimplora de madera, un abrigo gris, un plato de campaña y una manta (Op. Cit., 75).

En lo que se refiere a la caballería, no había en Sudáfrica regimientos de este tipo y Lord Chelmsford, al comienzo del conflicto, decidió reclutar tropas auxiliares de caballería además de montar a algunos infantes que tenían destreza como jinetes. Tras la derrota en Isandlwana, cuando se reorganiza el ejército, llegaron de Reino Unido el 17º de Lanceros y el 1º de Dragones de la Guardia Real.

Por último, destacar las innovaciones que en esta época y en este conflicto se hacen presentes en el campo de la artillería. En este conflicto, Chelmsford disponía de la Quinta Brigada de Artillería Real de Campaña, la 11ª Batería y la Séptima Brigada de Guarnición. Estas unidades poseían las siguientes piezas: dos cañones de 7 y 9 libras cuyo alcance era de 5 km pero su distancia efectiva era mucho menor, además se podían cargar con botes de metralla para distancias cortas, los cuales eran muy efectivos; el cohete Hale, cuya distancia efectiva era de 1200 m su precisión muy escasa y provocaba más pavor entre los artilleros que entre los zulúes, aunque su objetivo fuese espantar a estos últimos; y, finalmente, la joya de la corona, la Gatling que había sido importada de América, y que fue decisiva en el conflicto (el mejor ejemplo es la batalla de Ulundi donde las piezas de las que disponían los británicos provocaron el 30% de las 1.500 muertes zulúes).

Además de las tropas británicas es importante destacar la participación de dos cuerpos que se crearon exclusivamente para el conflicto: el CNN8 y los cuerpos de voluntarios de Natal.

El primero se encontraba formado por tres regimientos de infantería o siete batallones con 1.100 hombres cada uno, seis tropas de caballería de entre 50 y 55 tropas cada una y, por último, tres compañías de ingenieros con una cifra de en torno a 90 hombres cada una (Castle, 2003, 6-11). Sin embargo, eran muchos los problemas de organización que tenía esta unidad. En primer lugar, el grueso de la tropa, exceptuando a algunos oficiales, eran nativos y, por tanto, no conocían la forma de combatir europea. Además, aunque en las dos semanas que tuvieron de instrucción se les enseñó de forma precaria a combatir en formaciones con fusil, cuando llegó la guerra apenas a algunos les fue asignado un rifle, teniéndose que conformar el resto con sus lanzas y escudos (Op. Cit., 8-9). Otro problema fue el de la calidad de los oficiales. Debido a la velocidad con la que se constituyó el cuerpo no daba tiempo a traer más oficiales de Reino Unido o a formar correctamente a los que se ofrecieron voluntarios. Así, tenemos que los oficiales, que se reclutaron en su mayoría de entre la población blanca de la colonia no sabían ni tácticas de combate y muchos incluso no sabían ni la lengua de sus subalternos (Op. Cit., 8).

Los segundos surgen en la década de 1840 como manera económica de defender las colonias de potenciales agresores. Así, los cuerpos se creaban con voluntarios que se agrupaban entre sí y elegían a sus oficiales, además de proveerse ellos del uniforme y el caballo. De esta forma, el único coste que tenía que asumir el gobierno colonial era el de suministrarles las armas y la munición además de una pequeña soldada9. Así, se crearon quince cuerpos con un total de 753 hombres de los cuales tres eran de infantería, uno de artillería y once de caballería. Para la campaña Lord Chelmsford utilizó ocho de caballería en el avance mientras que el resto quedaron guarnicionados en Natal por si fuese necesario defender el territorio (Op. Cit., 17-24).



Primera fase de la guerra10

Recordemos que todo comienza cuando, el 11 de diciembre de 1878, el Alto Comisionado británico, encabezado por Henry B. Frere presenta un ultimátum a los zulúes en el que se le da a Cetshwayo el plazo de un mes para que disuelva el ejército zulú y todas las estructuras militares.

Antes del final del plazo, el 6 de enero de 1879, el teniente general Lord Chelmsford congrega en la ciudad de Natal (ocupada por los británicos en 1843) un contingente que, según las fuentes oscila entre los 16.800 y 17.000 y que estaba formado tanto por tropas británicas como por voluntarios locales. Según Timothy J. Stapleton (2010, 63), las cifras exactas serían de 5.476 tropas regulares procedentes del Cabo, Natal y Transvaal; 1.193 jinetes pertenecientes a la caballería colonial irregular, y 9.350 aliados africanos de Natal pertenecientes al CNN o Contingente Nativo de Natal11 y, en términos logísticos, las cifras serían las siguientes: 10.000 bueyes, 400 mulas, 977 carretas y 56 carretas para transportar suministros (Stapleton, 2010, 63).

Seis días después, el 12 de enero entran en territorio zulú desde Rorke’s Drift para iniciar la invasión. Debido a la sorpresa causada por tan repentino avance los zulúes no empezaron a movilizarse hasta el 17 de enero.

Para cubrir más terreno y, sobre todo, tentar al ejército zulú a atacar, Lord Chelmsford divide el ejército en cinco columnas poco numerosas, que tuviesen la capacidad de defenderse entre ellas y que avanzarían por distintos sectores del territorio hasta reunirse en la capital zulú, Ulundi, donde asestar el golpe final. La primera columna se encontraba dirigida por el coronel Charles Pearson, su objetivo era cubrir el barranco inferior del Thukela; la segunda se encontraba formada por hombres del CNN dirigidos por el coronel Anthony Durnford y debía avanzar por encima del barranco medio del Thukela; la columna nº 3 se encontraba bajo el control del coronel Richard Glyn (en ella se encontraba Chelmsford) y debía penetrar en el país zulú por el Rorke’s Drift del Mzinyathi; la cuarta, se encontraba dirigida por el coronel H. E. Woods y debería penetrar por la colina de Bemba, en el Ncome; finalmente, sería la columna nº 5 dirigida por el coronel H. Rowlands, la que debería establecerse en Lunenburg, en el Transvaal, y desde allí vigilar a los zulúes y los elementos republicanos del Transvaal. Sin embargo, encontramos que, como dice Timothy J. Stapleton, «los oficiales de Chelmsford tenían mapas imprecisos, ninguna idea de dónde se encontraban las tropas zulúes y en muy baja estima sus habilidades militares» (2010, 63)12. Aparte de esto último, otro factor que aprovecharon los zulúes fue el hecho de que los swazi13 postergaran las solicitudes de los británicos para que atacaran a los zulúes por el noreste, lo cual sirvió para que Cetshwayo pudiese centrarse en el ataque del ejército colonial proveniente del oeste, centrando la mayoría de sus regimientos contra la columna central, que era la más numerosa y en la que se encontraba Chelmsford.

En esta fase del conflicto destacan tres enfrentamientos: Nyezane Drift, Isandlwana y Rorke’s Drift.







Nyezane Drift

El primer enfrentamiento tiene lugar en Nyezane Drift, donde la victoria está asegurada debido a la superioridad armamentística de los británicos. Allí, Pearson derrota a un contingente de 6.000 zulúes.

La columna de C.K. Pearson consistía en 4.750 hombres con 400 carros de suministro. Es atacada en la costa por una fuerza de entre 4.000 y 6.000 guerreros, con el objetivo de ahuyentarlos hacia el sudoeste (Op. Cit. 65). El gobernante zulú de esa zona sugirió al jefe Godide, líder de las tropas (tenía 70 años), que podría tender una emboscada a la columna británica en la zona norte del riachuelo Nyezane, donde un terreno plano se encontraba escoltado por altas colinas que además estaban cubiertas por una densa maleza.

La mañana del 22 de enero (a la par de los hechos sucedidos en Isandlwana), Pearson llega con su columna a las colinas, pero en un ejercicio de prudencia, se detiene justo antes de llegar a ellas debido a que detecta algunos exploradores zulúes. Así, manda adentrarse en el territorio a una compañía de la CNN que descubre la emboscada zulú. En ese momento, se hace cargo de dos compañías de infantería británica, dos cañones, una Gatling (es la primera vez que se usa en combate en la historia del ejército británico) y una batería de cohetes, con la que bombardeó las colinas expulsando a los zulúes de ellas. Estos últimos sufrirán trescientas bajas, mientras que el ejército colonial apenas once. Más tarde, Pearson avanzó hasta una misión abandonada en Eshowe y allí estableció un puesto de suministros protegido con estructuras defensivas hechas de arcilla. No sería hasta el final de enero cuando Pearson conoció el desastre de Isandlwana, momento en que decide mandar la mayor parte de su caballería a Natal y mantener una guarnición en Eshowe que sirviese de línea defensiva ante un posible ataque a la colonia. De hecho, el puesto fue sitiado por 5.000 zulúes que no llegaron a atacar por la fortaleza de las defensas.



Isandlwana y Rorke’s Drift

Esta batalla, que se desarrolla entre los días 20 y 23 de enero se ha convertido en un acontecimiento que ha pasado a los anales de la historia, y más concretamente de la historia militar, como una de las mayores victorias de un ejército obsoleto frente a otro moderno y perfectamente pertrechado.

Lord Chelmsford entró con su columna al Reino Zulú cruzando el río Mzinyathi y atravesando Rorke’s Drift la mañana del 11 de enero. En ese punto quedaría establecido una compañía del segundo batallón del 24º Regimiento para proteger el depósito de abastecimiento y el paso del río. Una vez había cruzado todo el ejército y su apoyo logístico, comenzó el avance. En un principio Chelmsford pretendía acampar en Isiphezi, sin embargo, antes tenía que librarse del principal refugio de uno de los jefes de la zona, Sihayo. Así, el 12 de enero ataca la base y, tras un combate en el que murieron 30 zulúes (la poca resistencia se debe a la ausencia de muchos de los guerreros, incluido Sihayo, debido a que se encontraban en Ulundi reunidos para planificar la guerra), logra tomar el río Batshe (la base zulú se asentaba en la orilla oriental) y continuar el avance.

Debido a lo escarpado y rocoso del terreno, se estableció la columna en la orilla occidental del río Batshe hasta que los ingenieros indicaron que el lugar más adecuado para establecer un campamento sería en la ladera oriental del monte Isandlwana. Para asegurar la retaguardia y disponer de tropas auxiliares en caso de combate Chelmsford ordenó a Durnford que estableciese dos batallones del CNN para proteger el barranco medio, uno en Msinga y que avanzase con el resto de las tropas hacia Rorke’s Drift, lugar al que llegó el 20 de enero.

Ese mismo día, Chelmsford y Glyn llegan a Isandlwana. Si bien es cierto que durante lo que se llevaba de campaña, Chelmsford siempre había insistido en crear fortificaciones defensivas cavando fosos y crear barricadas con los carros, ordenó lo contrario en Isandlwana debido a que el terreno era complicado de excavar (terreno rocoso) y no merecía la pena invertir demasiado tiempo en un campamento que se abandonaría rápidamente. Además, los carromatos quedarían libres para un mejor flujo de recursos entre Rorke’s Drift e Isandlwana y, según los informes solamente se habían detectado pequeños grupos zulúes en la zona (esto demuestra el poco conocimiento que tenían los británicos de su enemigo además de la destreza de los zulúes ya que, la tarde del día 21, los zulúes habían alcanzado el valle de Ngwebeni, que se encontraba a los pies de la colina de Isandlwana, en la que se hallaba la 3ª columna y de la cual se ocultaban gracias a los altos de Nyoni).

El 21 de enero Chelmsford envió una patrulla de 150 policías coloniales montados y 1.600 tropas del CNN, dirigidas por el comandante J.G. Dartnell, con el objetivo de confirmar un informe que decía que los zulúes se estaban concentrando cerca de su posición, en la garganta de Mageni, con el objetivo de atacar Natal. Ante esto, el jefe zulú Matshana, con un grupo de 2.000 guerreros, alejó a la patrulla 20 km de Isandlwana y, durante la noche, se encargó de construir numerosas hogueras para convencer a los británicos de que ahí se encontraba el grueso del ejército zulú, trampa en la que los británicos cayeron y de la cual no serían conscientes hasta el amanecer (Op. Cit., 63). Así, Dartnell mandó un mensaje a Chelmsford en el que le pedía refuerzos. Este último le envió seis compañías de infantería dirigidas por R. Glyn (2.500 hombres), mientras que, pidió refuerzos a Durnford, para suplir a los ausentes en Isandlwana. Tras estos movimientos, quedan en el campamento entre 1.700 y 1.768 soldados de los cuales la mitad de las tropas eran aliados africanos que estaban pobremente entrenados14 (Op. Cit., 64).

Una vez toma el mando, la primera medida de Durnford es crear dos patrullas que se encarguen de buscar a los zulúes por los alrededores; una formada por 103 jinetes y una compañía de la CNN es dirigida por él (en la que se incluía una batería de cohetes); y otra formada por jinetes nativos de Natal dirigida por el capitán Theophilus Shepstone Junior. Además, encargó a Pulleine que tomase el mando de las tropas de infantería que se quedaron en el campamento y que organizase una línea cuyo objetivo fuese cubrir el regreso de las patrullas en caso de que fuesen atacadas y se tuviesen que retirar15. De esta forma, Shepstone se encontró con un pequeño grupo de zulúes que persiguió hasta darse de bruces con el grueso del ejército que se encontraba en el terreno bajo, formado por 20.000 zulúes dirigidos por Ntshingwayo y Mayumengwana. Comenzó la retirada seguido del inmediato ataque zulú al campamento.

El primer enfrentamiento importante tiene lugar entre la infantería dirigida por Russell que pertenecía a la patrulla de Durnford pero que, debido a su poca velocidad en comparación con el impi zulú, se vio obligada a establecer una posición defensiva antes de llegar al campamento. Sin embargo, la superioridad numérica del impi y la escasa disciplina de las tropas del CNN provocaron que la tropa fuese eliminada y con ella la batería de cohetes.

Por otra parte, ya en el campamento principal se veía como en el frente cada vez se acumulaba un mayor número de tropas zulúes. Además, la escasa experiencia en combate de Pulleine provocó que, ante semejante panorama, en vez de retroceder y posicionarse con la montaña a la espalda, prefiriese combatir en campo abierto, favoreciendo el éxito de la estrategia de «Cuernos de Búfalo».

Los británicos fueron derrotados en unas horas, dejando un espectáculo desolador para las tropas de Lord Chelmsford que volvieron al finalizar el día. Este consistía en 1.250 soldados del ejército británico muertos (727 europeos, 471 auxiliares nativos, 52 oficiales muertos) y en torno a 1.000 muertos zulúes (Holmes, 2007, 601). La victoria zulú se vio favorecida, aparte de por la superioridad numérica, por la delgada línea defensiva que había organizado Pulleine (lo cual también impidió que las tropas concentrasen su fuego), la ausencia de defensas (solo poseían dos cañones y ningún parapeto) y el defectuoso sistema de aprovisionamiento de municiones16.

El mismo día del ataque a Isandlwana, el 22 de enero, se produce otro combate en Rorke’s Drift (10 km al oeste de Isandlwana), el puesto defensivo británico donde Chelmsford había mandado guarnecer algunos regimientos para proteger la frontera con Zululandia. En este caso 140 europeos dirigidos por el teniente Chard, debido a que la parte de la guarnición nativa había desertado, sufrieron apenas 15 bajas, la mayoría provocada por los fusiles Martini-Henry que los zulúes habían robado a los cadáveres de Isandlwana, se enfrentaron a un contingente de entre 4.000 y 5.000 zulúes, dirigidos por Daulamanzi, un lugarteniente de Cetshwayo. La victoria fue para los británicos, que lograron resistir durante doce horas seguidas los sucesivos ataques africanos. Estos últimos, tras haber recibido entre 370 y 500 bajas y exhaustos por no haber comido bien durante 72 horas seguidas, deciden retirarse la madrugada del día 23 (Stapleton, 2010, 64; Knight, Castle, 1994, 57).

Como consecuencias de estas batallas, Stapleton comenta lo siguiente:

«Los sucesos de Isandlwana y Rorke’s Drift enseñaron a los británicos lecciones muy valiosas. Se volvió evidente que los zulúes podrían atacar en grandes números durante el día y que ellos podrían hacerles mucho más daño concentrando sus tropas y, con ello, su potencia de fuego. A pesar de que Cetshwayo esperaba llegar a un acuerdo tras Isandlwana, los británicos se volvieron más decididos a derrotar al Reino Zulú» (2010, 65)17



En lo que se refiere a quién tuvo la culpa del desastre, Richard Holmes y Martin Matrix Evans dicen lo siguiente:

«A raíz de este oneroso revés muchos escurrieron el bulto. Los partidarios de Chelmsford lo achacaban a Durnford, el mando superior en el campo de batalla, aunque llegado recientemente y por tanto aún no el comandante oficial de la columna. Estudios recientes parecen absolver tanto a Durnford como a Pulleine, y sugieren que Chelmsford cometió un error crucial al dividir su fuerza antes de haber localizado al enemigo. Un nuevo examen de las acciones del 24º Regimiento señalan que ni hubo fallos en el suministro de municiones ni se perdió la moral: sencillamente, un gran cuerpo de hombres muy valientes ganó una batalla frente a uno mucho más reducido en unas circunstancias en que la superioridad técnica no resultaba decisiva»(2007, 601-602).



Ntombi y Hlobane

Tras la batalla y una vez conocidas las noticias el 11 de febrero por parte del gobierno británico y, como consecuencia por parte del pueblo británico, surge entre los mismos un sentimiento de humillación y venganza y, como se mencionaba en la cita de Stapleton unos párrafos más arriba, lejos de buscar la paz, los británicos se vuelven más decididos a acabar con los zulúes y, con ello, más crueles. Desde el 22 de enero y hasta el final del conflicto los británicos inician una guerra en la que se arrasa con todo. Solamente entre el 6 de junio y el final de la guerra se contabilizan 20.000 chozas destruidas, junto al grano almacenado de las cosechas. En una ocasión un grupo de mujeres y niños de un poblado ante el asalto inglés decidieron huir a una cueva y los ingleses la dinamitaron. De hecho, en la Cámara de los Comunes se llegó a discutir sobre cómo solucionar estos actos de crueldad, pero no se llegó a ningún acuerdo (Roca, 201).

En el apartado militar, los británicos se encontraban en la siguiente situación: la columna de Chelmsford había sido rechazada y sus restos habían regresado a Natal, la columna de Pearson se encontraba atrincherada en Eshowe en espera del ataque de un gran impi zulú y, finalmente, la columna de Wood parecía la más débil, ya que se encontraba en una posición más difícil de defender. De esta forma, los zulúes deciden atacar a Wood con el grueso de sus tropas.

El 11 de marzo comienzan a llegar los refuerzos a la colonia y se inician los preparativos para una segunda ofensiva en la que, en primer lugar se rompería el cerco al que se había sometido Eshowe y después se iniciaría una segunda invasión.

No obstante, el 12 de marzo los británicos volvieron a ser derrotados en el río Ntombe, donde casi toda una compañía de la Infantería Imperial fue destruida mientras escoltaba a un convoy. Además, el 28 de marzo los británicos eran derrotados por tercera vez consecutiva en la montaña Hlobane, donde una fuerza de la caballería irregular de Wood recibía un ataque de un contingente zulú en el que eran eliminados unos 200 soldados (cita de donde ha salido).



Segunda fase de la guerra

El 31 de mayo se inicia una segunda invasión en la que, esta vez, se engrosan las unidades (de hecho, solo se crean tres columnas y no cinco) y se organizan de la siguiente manera: una 1ª División de 7.500 soldados bajo las órdenes del general de división Henry Crealock; el cual avanzó por la costa, una fuerza de 8.000 soldados dirigida por Wood, que ejerció de columna volante por el norte; y, por último, una 2ª División de 8.000 hombres bajo el mando del general de división Frederick Marshall, acompañado por Chelmsford, se encargó de ocupar la columna central.

En esta fase destacan las batallas de Khambula, Gingindlovu y Ulundi, todas ellas victorias británicas.









Khambula y Gingindlovu

El 29 de marzo18 tendría lugar un enfrentamiento que cambiaría el curso de la guerra ya que devolvería la moral perdida al ejército colonial y propiciaría la posterior victoria del mismo.

Recordamos que la columna del noroeste, formada por 2.278 hombres y dirigida por Evelyn Wood, avanzó desde Utrecht (Transvaal) hacia territorio zulú a mediados de enero. Los jinetes coloniales voluntarios ocuparon el resto del mes atacando a diferentes grupos de zulúes bajo Redvers Buller. Al final de enero, cuando Wood recibió las noticias de lo sucedido en Isandlwana, retrocedió con su columna hasta el campamento fortificado que había en la colina Khambula y desde donde comenzó a lanzar asaltos contra algunas comunidades zulúes (es durante este periodo de «razias» cuando sufre las derrotas de Ntombi y Hlobane).

Una vez visto esto, aquella mañana del 29 de marzo, Wood se mostraba tranquilo ante un grueso de 23.000 guerreros19, y organizó dos posiciones defensivas: una más importante en la que se encontraba el grueso de las tropas tras un círculo de carros o laager y una segunda en la que una compañía del 90º Ligero de Infantería y dos cañones se defenderían en un bastión. La estrategia era de lo más ingeniosa ya que permitía que ambas formaciones se diesen apoyo entre sí y que los zulúes que intentasen atacar por los flancos coincidentes de las formaciones se viesen atrapados en un fuego cruzado.

De esta forma, exaltados por el éxito del día anterior20 el ejército zulú atacó los laagers del ejército británico por un espacio de tiempo de 4 horas hasta que, debido a su fracaso, se replegaron siendo perseguidos por la caballería irregular. Murieron 3.000 zulúes en esa batalla mientras que los británicos no sufrieron apenas bajas.

Ese mismo día, Chelmsford cruzaba la frontera en el Thukela para socorrer a Pearson en Eshowe y así poder recuperar sus tropas para la segunda invasión. Una vez dentro del territorio zulú serán atacados en Gingindlovu por el ejército que mantenía cercado a Pearson. Con una formación en laager, Lord Chelmsford logra rechazar a los zulúes y rescatar a Pearson y sus tropas.



Ulundi, el final de la guerra

La última batalla sucede en Ulundi, la capital zulú, el 4 de julio de 1879. Esta batalla se inicia cuando Chelmsford envía a cruzar el río Mfolozi Blanco a la segunda división y a la columna volante, y las despliega formando un gran cuadrado frente a la residencia del rey en Ulundi. Esta batalla no exige demasiada descripción ya que, al igual que sucedió con las anteriores Khambula y Gingindlovu, la posición esta vez firme de los británicos provocó que en media hora los 20.000 guerreros que se reunieron para atacarlos se dispersasen y, a continuación, fuesen perseguidos por el 17º de Lanceros.

De esta forma, acabada la guerra, las principales consecuencias para los zulúes fueron dos: en primer lugar, Cetshwayo fue derrocado, capturado y enviado al exilio en Ciudad de El Cabo y, en segundo lugar, la política de la Confederación fue abandonada.

En relación con eso último, el Reino Zulú se dividió en 13 pequeños reinos «fieles» a la corona británica. Sin embargo, ese territorio sería durante un tiempo un hervidero de revueltas e insurrecciones. Unos años después de acabar la guerra hay una guerra civil y los británicos devuelven a Cetshwayo para que se haga con el orden. Este será derrotado por Zibhebhu kaMapitha. Más tarde, habría dos rebeliones más cuyo objetivo era eliminar a los blancos que serían duramente aplastadas. Hoy día el país zulú forma parte de la República de Sudáfrica.

Tras la batalla de Ulundi y el consecuente final del conflicto, el territorio zulú se dividió inicialmente en trece reinos, uno de los cuales, que hacía de estado tapón entre la provincia de Natal y el resto del territorio zulú, fue gobernado por el británico John Dunn. Durante un tiempo, y hasta la muerte de Cetshwayo en 1884, algunos de los pequeños reyes de esos trece reinos, reclamaron la independencia del Reino Zulú, sin embargo, los británicos no estaban dispuestos a ceder ese territorio. Este periodo de división del territorio duró hasta 1887, cuando los británicos convirtieron el territorio en un protectorado unificado y que se encontraba legislado con el mismo código que Natal. Además, durante el periodo de división, la antigua república boer de Transvaal intentó independizarse en algunas ocasiones, llegando a ocupar alguno de estos reinos zulúes21.



Conclusiones

Una vez explicado el conflicto, queda reflexionar sobre el porqué de las complicaciones que jalonaron la campaña británica y que culminaron con el desastre de Isandlwana.

En primer lugar tenemos el armamento. Aunque ha quedado patente que el británico era inmensamente superior al zulú, hemos podido observar varios errores logísticos: la excesiva distancia de los carros de munición con respecto al campamento de Isandlwana, la mala distribución de rifles entre las tropas auxiliares del CNN y el mal funcionamiento de algunas armas como las baterías de cohetes, muy aparatosas y poco o nada eficientes.

En segundo lugar, nos encontramos con un error aún más grave si cabe, la escasa preparación de algunos oficiales, como los encargados de dirigir el CNN, muchos de los cuales ni siquiera tenían preparación militar ni conocían el idioma de sus subalternos. También las malas decisiones, tanto las relacionadas con la logística mencionadas en el párrafo anterior, como las tácticas, patentes en el desconocimiento del territorio o la mala disposición de las tropas frente al campamento de Isandlwana, ayudaron al fracaso inicial de la campaña.

Esto último podría estar relacionado con la tradición militar británica, donde los altos oficiales, como el propio Lord Chelmsford, históricamente habían pertenecido a la nobleza, estando en esos puestos de poder más por su condición social que por sus méritos. Según como plantea Harcourt Bengouh:



«Había pocas dificultades en aquellos días para la obtención de una comisión en el ejército. En principio bastaba que tuvieras una recomendación influyente y pasaras el examen de Sandhurst, en el que se te exigían matemáticas, un dictado, conocer las fechas romanas, griegas e inglesas, cultura general, latín, el conocimiento de un idioma extranjero y pasar una exploración médica. La suma para la compra de un destino como oficial de infantería era de 7.000 libras para el nombramiento como teniente y 11.000 como capitán» (Roca, 2004, 73).



Aunque para este conflicto los requisitos para adquirir el rango de oficial se supone que habían aumentado, buena parte de la oficialidad de esta guerra y de algunas que libró Gran Bretaña posteriormente siguió siendo de origen aristocrático. Este asunto es realmente interesante, ya que el ejército británico a lo largo de los siglos XIX y XX ha sufrido múltiples desastres. Así, tenemos el ejemplo de la batalla de Gandamak durante la huida de Kabul, Balaclava y la carga de la famosa caballería ligera, las batallas de Bronkhorstpruit y Laing’s Nek en la primera guerra boer, la batalla del Somme durante la Gran Guerra, en la que en la primera jornada causaron baja 50.000 soldados británicos o, también, la Operación Market Garden, organizada por Montgomery en septiembre de 1944 con el objetivo de liberar Holanda y entrar en Alemania cruzando el Rin por Arnherm. Lo que mantienen en común estas derrotas, y otras tantas, es que la derrota viene determinada por un exceso de confianza con el que se tiende a infravalorar al enemigo.

En el caso de la guerra tratada en el presente artículo, la infravaloración del ejército zulú es muy probable que viniese determinada por un sentimiento racista hacia este pueblo. Como eran poblaciones tribales y aún usaban lanzas y escudos de piel de vaca, por qué iban a ser una amenaza.

De esta forma, en la guerra que nos atañe, los detonantes del fracaso vienen determinados por la unión de los tres factores explicados: la mala logística, la escasa preparación de los oficiales debido a los malos criterios de reclutamiento, más relacionados con la compra de cargos que con la meritocracia22 y, por último, la infravaloración del enemigo por motivos principalmente racistas. Solo queda, y esto ya no incumbe a la presente investigación, descubrir si estos patrones se repiten en el resto de derrotas sufridas por Gran Bretaña en época contemporánea, algunas de las cuales ya se han enumerado en estas mismas conclusiones.









Bibliografía

Alfonso González, Julio A., «Amanecer Zulú: Iklwas, Martini-Henrys y celuloide», Revista Guerra Colonial, núm. 1, 27-46.

Cambridge University, The Cambridge History of Africa, Vol. 6, 1870-1905. Nueva York, Cambridge University Press, 1985.

Castle, Ian, Zulu War – Volunteers, Irregulars & Auxiliaries. Oxford, Osprey Publishing, 2003.

Cmdt. S. Bourquin, DWD, «The zulu military organization and the challenge of 1879», Military History Journal, Vol 4 No 4, Enlace: http://samilitaryhistory.org/vol044sb.html.

Colenso, F. E., History of the Zulu War and its origin. Londres, Chapman and Hall, 1880.

Hamilton, Carolyn; Mbenga, Bernard K. y Ross, Robert, The Cambridge History of South Africa, Vol. 1, From Early Times to 1885. Nueva York, Cambridge University Press, 2010.

Holmes, Richard; Marix Evans, Martin, Campos de batalla, los conflictos más decisivos de la historia. Barcelona, Ariel, 2007.

Knight, Ian; Castle, Ian, Guerra zulú de 1879, el crepúsculo de una nación de guerreros. Coslada, Ediciones el Prado, 1994.

Knight, Ian, The anatomy of the Zulu Army: from Shaka to Cetshwayo 1818-1879. Londres, Greenhill Books, 1995.

Knight, Ian, The Zulu War 1879. Gran Bretaña, Osprey Publishing, 2003.

Malatesta, Stefano, La vanidad de la caballería. Barcelona, Gatopardo ediciones, 2019.

Morris, D. R., The Washing of the Spears: The Rise and Fall of the Great Zulu Nation. Londres, Abaco books, 1985.

O’Connor, Damian, «The causes of the Anglo-Zulu War of 1879», Endumeni 130th Conference on the Anglo-Zulu War of 1879, enero de 2009, 28-36.

Roca, Carlos, Zulú: la batalla de Isandlwana. Barcelona, Inédita Editores, 2004.

Stapleton, Timothy J., A military history of South Africa: from the Dutch-Khoi wars to the end of Apartheid. California, Praeger, 2010.

Stapleton, Timothy. J. (ed.), Ecyclopedia of African Colonial Conflicts. Santa Barbara, California, ABC-CLIO, 2017.

Weltig, M. S., The Aftermath of the Anglo-Zulu War. Minneapolis, EEUU, Twenty-First Century Books, 2009.












































www.guerracolonial.es

1 Sobre la segunda de éstas, Amanecer Zulú, existe un artículo en esta revista sobre el grado de veracidad del film en relación con cómo se desarrolló la auténtica batalla (Alfonso González, 2017, 27-46).

2 Antes de la anexión del Transvaal de 1877, la colonia del Cabo y Natal se encontraban administradas por un comisionado dirigido por Theophilus Shepstone. Desde el momento en que se añade a las colonias sudafricanas el Transvaal boer, el gobierno británico decidió crear un alto comisionado que se encargase de administrar las tres colonias a la vez. El alto comisionado pasó a estar dirigido por Sir Henry Bartle Edward Frere a partir del año de la anexión de la república boer. Información más detallada sobre la política del comisionado británico de Shepstone en relación a los conflictos fronterizos entre las colonias británicas, la República del Transvaal y los conflictos de esta última con los zulúes, veáse: Weltig, 2009, 7-20; Colenso, 1880, 1-20.

3 Texto original: «Few things struck me more tan the evident haste and temporary caricature of the defensive measures undertaken by the English part of the population» (Colenso, 1880, 2).

4 La lista completa de las trece medidas puede verse en la obra de Colenso (1880, 237)

5 Uno de los planes era introducir al ejército zulú de más de 40.000 hombres en el ejército colonial.

6 El rifle Enfield fue el arma estándar del ejército británico durante la década de los ’60 del siglo XIX.

7 Existe un artículo de Ian Castle titulado Brave Men Indeed’ Zulu Warfare throught the eyes of the british soldier en el que a través de testimonios de algunos oficiales y soldados británicos explica la actuación de los zulúes en las diferentes batallas. Este artículo se encuentra online en el siguiente enlace: https://www.anglozuluwar.com/Websites/azwhs/images/Example_Articles/Brave_Men_Indeed..pdf

8 La dimensión de guerra civil que adquirió el conflicto se debió principalmente a la más que notable participación de zulúes huidos del reino de Cetswhayo entre las filas del Contingente Zulú de Natal (7.000 fueron reclutados solamente en las semanas previas al conflicto). Estas huidas venían ocurriendo desde la llegada al poder de Shaka provocadas por el fuerte autoritarismo de la monarquía. Además, ya en época de Cetshwayo, la prosperidad de las colonias británicas en comparación con la pequeña y atrasada nación zulú, aceleró este proceso. (Cmdt. S. Bourquin, Vol 4 No 4)

9 Consistía en 30 libras por día durante un periodo de veinte días antes de la guerra y, durante la misma, 60 libras al día hasta que finalizase su servicio.

10 Es importante destacar que al final del artículo se ha facilitado una serie de mapas en un apéndice para que el lector pueda comprender mejor el desarrollo de las campañas.

11 Este grupo estaba formado por tropas procedentes de tribus africanas nativas de la colonia, como bien indica su nombre. Este aspecto resalta un hecho que pocas veces es tenido en cuenta en este conflicto y es que tenía mucho de civil. En el ejército británico incluso se podían encontrar zulúes (algunos de sus mejores exploradores lo eran).

12 «However, Chelmsford’s staff had inaccurate maps, no idea of the location of Zulu forces, adn a serious underestimation of Zulu military abilities».

13 Era una tribu que se encontraba al norte del territorio zulú, entre el Transvaal y este y que fue aliada de los británicos. Otro ejemplo más de esa guerra civil existente dentro del conflicto anglo-zulú.

14 Ha de decirse que la llegada de Durnford fue a las 10:00 de la mañana del día 22 y ya desde las 8:00 los británicos estaban formados porque las patrullas de Puelleine habían detectado un contingente zulú cerca del campamento.

15 Al parecer hubo problemas entre Drunford y Pulleine ya que Chelmsford antes de irse había puesto al cargo del campamento al segundo, pero el primero tenía un mayor rango. Además, alguna de las ordenes que Durnford intentaba dar a Pulleine se contradecía con lo que Chelmsford le había dicho antes de irse, de esta forma, se organiza un descontrol jerárquico en el campamento.

16 Existe un artículo online del Mayor Felix Machanik en el que habla de los problemas que hubo con las municiones. Se encuentra en este enlace: http://samilitaryhistory.org/vol046fm.html. Según este documento, los dos principales problemas de munición que sufrieron los británicos y que les costaron la batalla fueron: la dificultad para abrir las cajas, ya que en estas, para evitar que la munición se mojase con las lluvias, los cartuchos se encontraban cubiertos por una lámina de zinc que provocaba que los cartuchos estuviesen encajados y fuese difícil extraerlos; además, la tapa de la caja se encontraba asegurada con unas bandas de cobre por sus extremos. Éstas estaban pensadas para ser extraídas fácilmente mediante el uso de destornilladores, pero había escasez de los mismos en el campamento y los soldados debían forzarlas con las bayonetas u otras herramientas. El otro problema viene determinado porque los dos convoyes de munición se encontraban estacionados a 1,6 y 1 kilómetro de la línea de frente, con lo cual la llegada de cartuchos nuevos al frente era excesivamente lenta. Estos problemas se acentuaban aún más cuando la demanda de munición creció debido a que cada soldado llevaba consigo en el momento en que se inicia la batalla 40 cartuchos en lugar de los 70 reglamentarios. Esto se debe a que el ataque zulú les pilló en el momento del desayuno y no les dio tiempo a recoger los cartuchos adicionales.

17 «Events at Isandlwana and Rorke’s Drift taught the British valuable lessons. It became obvious that the Zulu would attack in large numbers during the daytime and that the British colud inflict massive casualties by concentrating their forces and firepower. Although Cetshwayo had hoped for a negotiated settlement, after Isandlwana the British became more determined to crush the Zulu Kingdom».

18 Si bien es cierto que sucede antes del 31 de mayo, esta batalla se enmarca en la segunda fase de la guerra debido a que cambio el curso de la misma.

19 Esta cifra es la que da el propio Wood y, quizá esté inflada, pero desde luego el contingente fue uno de los más grandes reunidos en la guerra. Además, su tranquilidad viene determinada no tanto por su sangre fría, que también la tenía, sino porque no descubrió este dato hasta después de la batalla (Roca, 200-201).

20 Esta batalla se vuelve realmente interesante ya que es la «Isandlwana de los zulúes», debido a la incompetencia de los mandos. Cetshwayo había ordenado al impi que se dirigía contra Wood que, si encontraban posiciones defensivas muy fuertes no atacasen directamente y les ordenó que, en tal caso, creasen una distracción dirigiéndose al Transvaal para obligar a Wood a moverse para poder defenderlo y, en ese desplazamiento atacarlo. Sin embargo, el éxito de la reciente batalla de Hlobane (el día anterior), hizo que la tropa se precipitase y atacase, desobedeciendo las órdenes de Cetshwayo.

21 Una información más completa sobre las consecuencias de la Guerra Anglo-Zulú de 1879 se encuentra en las obras de Donald R. Morris (1985, 595-613), la historia de África de la universidad de Cambridge (1985, 393-399)

22 Sobre este asunto y se habla en un ensayo muy interesante publicado en España recientemente y citado aquí en la bibliografía (Malatesta, 2019)