ISSN 2603-6096


Paniagua López, Julián, «La última batalla de la guerra del Rif», Guerra Colonial, (2018), nº3, pp.63-81







La última batalla de la Guerra del Rif

(Rif`s war last battle)


Julián Paniagua López

UNED-Guadalajara


Recibido: 1/11/2018; Aceptado: 26/11/2018;





Resumen

En este artículo se explica la organización y estructura de la última  batalla de la Guerra del Rif, que se produjo días después de las  conversaciones de paz de Uxda entre abril y mayo de 1926. España desplegó un ejército dividido en cuatro secciones, compuesto por 40.000 soldados, más del doble que en el desembarco de Alhucemas. Esta presión,  ejercida desde el norte hacia el sur, provocó la huida de Abd-el-Krim que finalmente se entregó a los franceses y finalizó la guerra en la zona española del Protectorado.


Palabras clave

Guerra del Rif; organización militar; estrategia militar; Protectorado  español.


Abstract

This article explains the organization and structure of the last battle of the Riff War. It came days after the peace talks in Uxda between April and May 1926. Spain deployed an army divided into four sections composed of 40,000 soldiers, more than double of the Alhoucema’s landing. The pressure exerted from the north towards the south caused the flight of Abd-el-Krim and finally he surrendered to the French and it was the finish of the war in the Spanish Zone of the Protectorate.


Keywords

Riff war; military organization; military strategy; spanish protectorate





Introducción.

La Guerra del Rif no ha sido muy estudiada. Aunque casi 100 años después ya contamos con algunas investigaciones que nos aportan buenas explicaciones de aquel conflicto, si preguntáramos a personas ajenas a la historia contemporánea española, muy pocos acertarían a decir unas cuantas palabras. De hecho, el subtítulo de uno de los libros más citados de Rosa Madariaga, investigadora de esta guerra, es Crónica de una historia casi olvidada. Es un acontecimiento histórico que ha sido eclipsado por otros de mayor influencia durante la primera mitad del siglo XX, como son la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Es evidente que el impacto que tuvo la Guerra Civil en la sociedad española durante el siglo XX ha sido mucho mayor que la Guerra del Rif. No obstante, no la debemos excluir del análisis porque tuvo su relevancia. En primer lugar las guerras de Marruecos fueron muy largas. Duraron desde 1859 hasta 1927, lo cual produjo un grave y continuado proceso de desestabilización del Estado, tales como gastos económicos, conflictos políticos, nacionales e internacionales y, obviamente, la pérdida de vidas humanas. En segundo lugar, porque apenas nueve años después del final de la Guerra del Rif, los mismos militares que lucharon unidos codo con codo contra un enemigo común, se convirtieron en enemigos, por lo cual ambos bandos conocían mutuamente sus estrategias y modos de proceder (Nerín, 2005).

Este artículo estará centrado en la última batalla que provocó la rendición de Abd-el-Krim. Se tratará de apuntar también, aunque eso será objeto de otro trabajo, que la Guerra del Rif no la ganó Francia, sino España, a pesar de que una de las ideas hegemónicas sobre este conflicto es que si no hubiese intervenido Francia, España hubiera perdido la guerra. Tanto en este como en otros trabajos defiendo justo lo contrario. Fue Francia, a través del mariscal Petain, quien pidió ayuda a España y fue España quien ganó la guerra porque fue quien llevó la iniciativa en todo momento. Pero antes deseo exponer brevemente los hitos o acontecimientos más relevantes que hubo durante esa guerra; de esta manera el lector no especializado se puede hacer una idea tanto de qué ocurrió como del final de la guerra.

Breve resumen de los hitos más relevantes de la Guerra del Rif.

Creo que existe consenso en que una de las preguntas más importantes sobre la investigación de la guerra es la de las causas. Por regla general son varios los motivos por los que se llega a una guerra. En este caso la mayoría de los investigadores coinciden en señalar que al descubrirse una veta de hierro en los alrededores de Melilla y en el Rif provocó un fuerte deseo de gestionar esos recursos. En consecuencia, una de las causas de la Guerra del Rif fue económica (Morales Lezcano, 1975: 61; Ayache, 1981; Madariaga, 1990: 184-202; Díaz Morlán y Escudero Gutiérrez, 1999: 891-903; Moga Romero, 2010; Díaz Morlán, 2015). Pero aunque la economía suele ser la explicación más habitual, no es la única.

Otra de las causas de la guerra fue política y aquí hay que acudir tanto a las características sociológicas del norte de Marruecos como a la personalidad del líder rifeño Abd-el-Krim el Jatabi (Hernández Mir, 1926; Ruiz Albéniz, 1995; Woolman, 1988; Pennel, 1986; Campos Martínez, 2000; Madariaga, 2008; Madariaga, 2009).

Aunque el sultán de Marruecos, Abd el Aziz, firmara el Acta de Algeciras de 1906, origen jurídico del Protectorado de Marruecos, la realidad era que en aquel momento el país africano no era exactamente un Estado integrado y unitario, con una administración centralizada bajo la autoridad de Rabat, tal y como se entendía en Europa. Marruecos era un Estado en formación. La mayoría del territorio que le correspondió a España en su zona de Influencia pertenecía a las tribus alejadas de la dominación o administración del sultán. Es lo que se entendía como blad al-majzen y blad al-siba. El primer término se refiere a la tierra con gobierno, correspondiendo en su mayor parte a la población arabófona y ubicada al sur de la península de Yebala; mientras que el segundo era bereber, estaba ubicado en el Rif y las montañas del medio y alto Atlas y carecía de un gobierno centralizado. Esto significa que el Acta de Algeciras consideraba a la población marroquí como integrada política y jurídicamente en un Estado, el de Marruecos, dirigido por el sultán. Sin embargo, la autoridad y el poder del Majzen era muy limitado y rudimentario, apenas llegaba al norte de Marruecos. Como mucho se reconocía su autoridad religiosa. Los diferentes grupos tribales estaban divididos en kabilas y éstas en yemaas (Blond, 2012: 101-134; Fontella Ballesta, 2013: 135-160; Hart, 1999: 53-124; Mundson, 1999: 125-144). La autoridad la ejercía un kaid, una especie de juez que dirimía los conflictos, pero esta autoridad no llegaba mucho más allá de los vínculos de parentesco o relaciones de vecindad y, por supuesto, no se salía de los límites de la kabila. Desde la antropología política clásica es lo que se denominó una jefatura (Lewellen, 2009). Hay que destacar, además, la importancia política que tenía el zoco, el cual no hay que verlo únicamente como un centro económico donde se intercambiaban productos, sino lugar de reunión para establecer todo tipo de relaciones, sociales, comerciales y políticas, donde también se impartía justicia y se daban las noticias importantes de la comunidad (Ibn Azzuz Hakim, 1952: 63-74; Molina López, 2001: 189-204).

Esta situación política y sociológica cuestionaba radicalmente la legitimidad del poder durante el tiempo que durara el Protectorado, tanto el del Sultán como el de España. Esta deslegitimación de ambos poderes fue el argumento político principal de Abd-el-Krim para llevar a cabo su rebelión y el proyecto de creación de la República Islámica del Rif. Consideraba que la autoridad del sultán de Rabat nunca había estado presente en el Rif, por lo tanto no eran aplicables ni el Acta de Algeciras de 1906, ni el acuerdo posterior derivado de ella entre España y Francia de 1912. Esto sería, avant la lettre, la reivindicación del reconocimiento del Rif como sujeto político (Sánchez Díaz, 1986: 129-156). El otro argumento que defendió Abd-el-Krim para justificar la rebelión era económico: debido a que tanto el Majzen como los españoles eran elementos extraños en el Rif, la propiedad y gestión de los recursos mineros le correspondía a los rifeños. Esto lo expresó en una carta, su manifiesto anticolonial (citado en Madariaga, 2008: 579-581). El argumento político sirvió para conseguir los apoyos de la población para unirse a la rebelión, mientras que el argumento económico sirvió para completar el primero, introduciendo la esperanza de una mejora económica y, además, sirvió como moneda de cambio para negociar con agentes extranjeros y buscar aliados y, sobre todo, financiación (Caballero Echevarría, 2013: 55-127).

Ahora bien, Abd-el-Krim no fue un campesino analfabeto del Rif. Cursó estudios, tuvo una formación administrativa, conocía el contexto político y cultural de su época, tanto el musulmán como el cristiano europeo, e incluso llegó a solicitar la nacionalidad española (Madariaga, 2009: 64-80). Sabía lo que significaban y el alcance que tenían el Acta de Algeciras y los acuerdos entre España y Francia. Aunque, como he indicado, el poder del Majzen fuera muy limitado, no obstante existía y los países europeos (especialmente Gran Bretaña, Francia y España), así lo reconocían. La prueba de que ese poder del Majzen existía, fue el conflicto de legitimidades que se inició tras la muerte del sultán Muley Hassan en junio de 1894, que fue sucedido en el trono por su hijo Muley Abdelaziz, y las presiones que ejercieron dos líderes tribales, el Raisuni desde Arcila y El Rogi en la zona de Melilla para hacerse con el poder y, por ende, controlar las minas (Maldonado Vázquez, 1949; Tessainer y Tomasich, 1998; Rodríguez Rodríguez, 2015; Caballero Echevarría, 2013: 20-54). Otra prueba de que el poder del Majzen existía, aunque no al modo europeo, fueron los dos mil duros que recibió Abd-el-Krim como indemnización al haber sido incendiada su casa tras el descubrimiento del fallido desembarco de Alhucemas en 1911 (Madariaga, 2008: 113-114). Si el Estado marroquí no existía, tal y como él argumentaba, ¿por qué recibió esa indemnización? Algún poder tendría que tener quien pagaba ese dinero que reconocía con ello el daño causado. A pesar de todo, el líder rifeño no solo continuó una guerra ya comenzada (aunque no la inició él), sino que la incrementó organizando a la población para participar en ella.

Este era el contexto del inicio y causas de esta guerra. Pasemos ahora a los hitos más importantes que ocurrieron.

Julio de 1921: Desastre de Annual (Pando, 1999; Albi, 2014; Caballero Echevarría, 2013). El ejército español, al mando del general Fernández Silvestre, avanzó desde Melilla hacia el oeste con el objetivo de alcanzar Alhucemas. Sufrió una gran derrota y murieron entre 7000 y 10000 soldados españoles en apenas cuatro días. El ejército rifeño recogió todo el material de guerra, armas, municiones, alimentos, productos sanitarios y pertrechos para los soldados. Comenzó la Guerra del Rif propiamente dicha y su líder, Abd-el-Krim, vio posible la realización de su proyecto político.

Desde 1921 a 1923: proclamación y organización de la República Islámica del Rif. Abd-el-Krim creó una estructura administrativa y división de cargos en el gobierno (Goded, 1932: 87-98; Salafranca, 2004). Negoció con algunas empresas mineras para la concesión de futuras explotaciones en el subsuelo, siendo esta una de sus fuentes de financiación (Caballero Echevarría, 2013: 55-127). Con la ayuda de algunos aliados europeos, como John Arnall, miembro del Partido Laborista británico, intentó negociar en 1922 con la Sociedad de Naciones y con Gran Bretaña, para que la nueva república fuese reconocida a nivel internacional (Madariaga, 2009: 444-469). También, en 1923, una delegación de líderes rifeños viajó a París para tratar de hablar con políticos y empresarios franceses, con el propósito de comprar armas1. Abd-el-Krim negoció a la vez con el gobierno español, cuyo agente mediador fue el empresario Horacio Echevarrieta, para el rescate de los prisioneros por el que el gobierno español pagó cuatro millones de pesetas. También se organizó el ejército rifeño, estructurado en harkas y ayudado por agentes extranjeros. No tenía la disciplina al modo de un ejército europeo, pero ello no le restaba eficacia (Goded, 1932: 97-104). Las harkas rifeñas continuaron avanzando hacia el centro, en las kabilas de Gomara, y hacia el oeste, en las kabilas de Yebala.

Septiembre de 1924 y enero de 1925: retirada de Xauen (Fernández Riera, 2013). Meses después de Annual el ejército español había recuperado gran parte del terreno perdido en la zona este, pero no logró avanzar más. En la zona central el enclave más importante era la ciudad de Xauen, que fue ocupada por España en 1920. Estaba defendida por 90 blocaos dispersos a su alrededor, pero el terreno era muy montañoso y era muy difícil y arriesgado llevar los suministros de agua, alimentos y municiones. Aunque la ciudad era defendible, el ejército español se encontraba estancado, sin poder avanzar y perdiendo continuamente dinero y soldados debido a los frecuentes ataques de los rifeños que, o bien atacaban los blocaos, o bien atacaban la línea de suministros apropiándose de todo el material. En consecuencia el Directorio Militar, que en aquel momento era el gobierno de España presidido por Primo de Rivera, dio la orden de retirarse de Xauen hasta la zona cercana a Larache y Tetuán y construir una línea defensiva que protegiera la retaguardia. Esta retirada tuvo fuertes críticas en el interior del ejército, entre otros por el general Goded (Goded, 1932: 18). Las autoridades francesas se quejaron del aparente abandono y los periódicos británicos publicaron que Abd-el-Krim había ganado la guerra (Sueiro Seoane, 1993: 125-181). La situación se complicó aún más porque la kabila de Anyera, la que está más al norte, se rebeló, por lo que al principio no funcionó del todo la línea de protección de la retaguardia.

Octubre de 1924 y abril de 1925: creación y reestructuración de los servicios de espionaje e inicio del bloqueo de Tánger (Castillo Jiménez, 2014). El desastre de Annual había demostrado, entre otras cosas, que los servicios de espionaje habían fracasado, porque no habían informado correctamente de las capacidades militares de la kabila de Beni Urriaguel y las aledañas a ella. Por otro lado, Tánger era uno de los puntos principales de aprovisionamiento de las harkas rifeñas, así como centro logístico y de información de los espías de Abd-el-Krim. Una de las estrategias de Primo de Rivera fue el uso de la información como herramienta bélica y el intento de bloquear esa línea de suministros. Se crearon los Servicios Especiales Reservados, dirigidos por un civil, Ricardo Ruiz Orsatti y se reestructuró la Oficina de Información de Tánger, que se encontraba inactiva y sin fondos desde 1923, siendo dirigida por el capitán Joaquín Miguel2.

Febrero de 1925: los rifeños atacaron la zona francesa y llegaron casi hasta la ciudad de Fez. Prácticamente todo el Protectorado español, salvo las ciudades, estaba controlado por Abd-el-Krim y en la zona francesa también se podía extender la revolución. Hay que resaltar que este ataque fue provocado por la estrategia elaborada por Primo de Rivera y el general Jordana. Al retirarse el ejército español de Xauen dejaban el territorio libre para la ocupación por parte de los rifeños, pero a la vez y esto es lo más importante, Primo de Rivera y los altos mandos militares conocían el estado de euforia en el que se encontraban las harkas rebeldes, por lo que sabían que más temprano que tarde atacarían la zona francesa. Esta información la conocían antes de la creación de los Servicios Especiales Reservados, que fue en octubre de 1924 y fue confirmada inmediatamente después de la puesta en funcionamiento de esa agencia de espionaje. Esta estrategia, que en rigor habría que referirse a ella como doble trampa puesta a la vez a los rifeños y a Francia, es aludida por el general Jordana en su libro (Jordana, 1976: 61-83). El general Goded, por su parte, que en su libro se mostró crítico con la retirada de Xauen, afirmaba también ese estado de euforia de los rifeños, que fue clave para que cometieran ese error (Goded, 1932: 77 y 11-113). Por todo ello, Primo de Rivera acertó al retirarse, porque provocó que los rifeños atacaran a Francia; ello implicaba que Francia necesariamente se veía obligada a intervenir. Además, implicaba que los rifeños consumieran más suministros y España los ahorrara, porque Francia atacaría a las harkas rifeñas. La retirada de Xauen y esta trampa con doble efecto fue el punto clave de la Guerra del Rif. Sostengo que no fue una retirada para evitar un segundo Annual, como señaló Fernández Riera en su estudio (Fernández Riera, 2013), sino una estrategia pensada sobre la base del ahorro de recursos propios y el gasto de recursos ajenos.

Junio y julio de 1925: España y Francia acordaron la colaboración militar para vencer a la rebelión y combatir el contrabando de armas (Jordana, 1976: 85-111)3. La reunión fue solicitada por Francia, que se vio desbordada por los acontecimientos al comprobar que el ejército rebelde estaba muy bien organizado y pertrechado siendo más fuerte de lo que habían pensado hasta ese momento y no sabían cómo enfrentarse a la situación4. Por otra parte Petain era consciente de que el problema se había agravado por la permisividad de las autoridades francesas al permitir o hacer la «vista gorda» en el trasiego de mercancías de una Zona a otra del Protectorado. Se acordó, entre otras cuestiones, el control del tráfico marítimo, el control de los suministros por el sur, en toda la zona del río Uarga y el control de Tánger.

Septiembre de 1925: desembarco de Alhucemas5. Por primera vez en la historia militar se emplearon los tres ejércitos en una campaña: aviación, marina e infantería, coordinados entre sí dentro de un plan de actuación previo y estructurado. Francia participó con dos barcos, pero se negó a que un solo soldado francés pisara tierra. También se hizo una proposición a Gran Bretaña, pero declinó su participación. En las conversaciones de junio y julio, Francia al principio se mostró contraria a una actuación de tal envergadura. Pero Jordana convenció a la delegación francesa de la necesidad de la campaña. En realidad, dijera lo que dijera Francia, en esa fecha el desembarco ya estaba planificado y se iba a producir. Desembarcaron 18.163 soldados. El ejército español tomó Axdir y comenzó el avance por el interior desde el norte hacia el sur. Desde la zona sur avanzó el ejército francés hacia el norte, con la intención de hacer la soldadura de ambos ejércitos, pero no se pudo producir por lo escarpado del terreno y la propia lentitud de los combates. El desembarco no fue una sorpresa para los rifeños, que pudieron instalar algunas defensas en la costa. El ejército rifeño trató de contrarrestar el desembarco atacando Tetuán, pero fue derrotado y tuvo que retroceder (Fleming, 1973: 155-177; Martín Tornero, 1991: 199-264; Álvarez, 1999: 77-98; Jiménez Moyano, 2007: 169-204). Unas semanas más tarde hubo un segundo desembarco, en Anyera, con menos hombres.

Febrero de 1926: comienzo de la labor política con los kaides de las kabilas para que depusieran las armas y celebrar la ceremonia de sumisión al Majzen6. Esta labor se realizó a lo largo de 1926 hasta el fin completo de la guerra. La dirigió el coronel Orgaz negociando con autoridades marroquíes influyentes que eran contrarios a la política de Abd-el-Krim por diversas razones, como por ejemplo que habían sido depuestos de sus cargos. Fue una labor lenta y no se usaron las armas. Comenzó desde el norte en la kabila de Uadrás, El Hauz, Beni Mensauar, Garbia, Beni Ider y Beni Hozmar, es decir, las más cercanas a Tánger y Tetuán.

Abril y mayo de 1926: intento de paz en Uxda7. Se acordó una tregua en los combates y se reunieron las tres delegaciones de españoles, franceses y rifeños para tratar de llegar a un acuerdo de paz. Las bases iniciales de la negociación fueron: sumisión de Abd-el-Krim al sultán; alejamiento de Abd-el-Krim; desarme de las tribus; entrega de los prisioneros (Sueiro Seoane, 1993: 313-322). Las conversaciones comenzaron el 9 de abril de 1926 y debían finalizar el 1 de mayo. Fueron muy complicadas porque la delegación rifeña se negaba a entregar a los prisioneros. Accedió a entregar a los heridos, pero no a los prisioneros sanos. No se llegó a ningún acuerdo y tras la ruptura de las negociaciones y dar un plazo de tres días para que la delegación regresara a su zona, los combates de reanudaron.

Mayo de 1926: campaña del Rif central y rendición de Abd-el-Krim a los franceses. Se organizó la última batalla contra el ejército rifeño. Fue diseñada por el general Manuel Goded. La orden fue dada el 29 de abril de 1926. Participaron 40.000 soldados8, más del doble que en el desembarco de Alhucemas. Abd-el-Krim se vio acosado y terminó entregándose a los franceses el 25 de mayo de 1926. Fue desterrado a la isla de Reunión. En la zona este, en Yebala, y en la central de Gomara, algunas harkas continuaron la guerra, pero ya solo fueron escaramuzas. Las últimas harkas de Gomara se rindieron en 1927. El comandante Fernando Capaz fue quien dirigió esas operaciones.

Julio de 1927: fin definitivo de la guerra, los últimos rebeldes entregaron las armas. España y Francia volvieron a reunirse para firmar un nuevo acuerdo que fijase con más precisión las fronteras del Protectorado. En la zona española no se volvieron a producir enfrentamientos, sin embargo, la zona francesa no fue pacificada hasta 1934.


Explicación de la última batalla de la Guerra del Rif

Según los documentos conservados en el grueso expediente citado en la nota 7, dedicado a la conferencia de paz de Uxda, la idea que planeaba entre las autoridades españolas y francesas antes de la celebración y, sobre todo, durante las reuniones, era que no se iba a llegar a algún acuerdo porque los rifeños, a pesar de ser conscientes de que la guerra estaba perdida, querían dilatar lo más posible la reunión. La delegación rifeña estaba liderada por Azerkan, apodado «el pajarito», y en varias ocasiones solicitó la suspensión de las reuniones para consultar con Abd-el-Krim. Debido a esa sospecha de que los rifeños no iban a aceptar ninguna de las propuestas que España y Francia les estaban ofreciendo, el Estado Mayor del ejército preparó la última batalla de la guerra. El objetivo era ocupar las kabilas de Beni Tuzin y Beni Urriaguel, tratar de capturar a Abd-el-Krim, que obviamente tuvo que huir de Axdir tras la toma del poblado después del desembarco de Alhucemas y por último, realizar la soldadura con el ejército francés que avanzaba desde el sur. En primer lugar explicaré la organización de la campaña, después describiré una parte de su equipamiento y por último, las instrucciones concretas que se dieron para ejecutar el plan de avance en el territorio.

Una enseñanza que el ejército español obtuvo de la derrota de Annual, fue que el sistema de construcción de blocaos como medio para avanzar y ocupar el territorio era ineficaz. La gran vulnerabilidad del blocao era la dificultad de entregar los suministros, alimentos, agua, municiones y medicinas. En consecuencia, el blocao permanente en un lugar como modo de avance fue sustituido por las columnas, que tenían más movilidad y era más fácil su abastecimiento (Goded, 1932: 49-63). Solo se construyeron blocaos provisionales para consolidar las posiciones, y se abandonaban conforme se avanzaba en el territorio. Otra ventaja que tenía la columna sobre el blocao era que al ser varias desplegadas en el territorio, desorientaba al enemigo y en caso de ser una atacada, podía ser ayudada por otras en muy poco tiempo.

Esta última batalla estuvo organizada por cuatro agrupaciones: grupo de acción sobre Beni-Tuzin, grupo de acción sobre Tensaman, cuerpo de Axdir y fuerzas del sector de Axdir. Las cuatro agrupaciones estaban equipadas de manera similar, aunque dependiendo de su cometido podía variar un poco, por ejemplo en elementos de caballería o artillería. A continuación transcribo la agrupación mejor equipada, la del cuerpo de operaciones de Axdir:


CUERPO DE OPERACIONES DE AXDIR:


Jefe: General de División, Excemo Sr. Don Alberto Castro Girona.

Jefe de E.M.: Coronel de E.M. Don Abilio Barbero.

Comandante de E.M: Larraz y Capitanes Osset y Roca.

Comandante Principal de Artillería: Coronel don Germán Sanz Pelayo.

Comandante Principal de Ingenieros: Coronel don León Sanchís.

Jefe de los servicios de Intendencia: Coronel don Francisco Calvo.

Jefe de los servicios de Sanidad: Coronel Médico don Wistano Roldán.


Se compondrá de cuatro columnas mixtas denominadas: izquierda, centro, derecha, reserva y una columna de caballería.


Columna de la izquierda:


Jefe: El coronel del Tercio.

Jefe de E.M: Teniente Coronel de E.M. Don José Martín Prat.

Oficiales de E.M.: Capitanes Rubio y Rivero.

Comandante de Artillería:

Comandante de Ingenieros:


Composición:


Harka de Melilla (2 Tabores de Infantería).

Grupo de Regulares de Melilla (3 Tabores de infantería y 2 Escuadrones)

Dos banderas.

Batallones de Cazadores de África nº 13, 14 y 15.

Una Batería de 7 cm. De Melilla que está en Axdir y otra de 10,5 cm de Melilla.

Un Parque móvil con 30 cargas de Infantería y 45 de Artillería de Melilla.

Un grupo de 3 compañías de Zapadores (dos de Melilla que están en Axdir y una de Larache).

Un grupo de comunicaciones de Melilla con una estación óptica a caballo, dos ópticas a lomo, una radio a lomo y una sección de tendido.

Una ambulancia de montaña de Melilla con 35 artolas.

Una sección de camilleros de 50 hombres de infantería de Melilla.


Columna de centro.


Jefe: Coronel de Infantería don Amando Balmes.

Jefe de E.M.: Comandante de E.M. Don Miguel Iglesias.

Oficiales de E.M.: Capitanes Martín Naranjo y Bonets.

Comandante de Artillería: Comandante Don Pedro Yeregui.

Comandante de Ingenieros: Comandante Don Arturo Revoltos.


Composición:


Dos Tabores de Harka de Tetuán.

Grupo de Regulares de Ceuta (3 Tabores de Infantería y 2 escuadrones).

Un Tabor de Infantería Regulares Larache.

Una Bandera del Tercio.

Batallones de Cazadores de África n.º 3 y 5.

Una Batería de 7 cm., dos de 10,5 cm y una de 7,5 de Ceuta.

Un Parque Móvil con 30 cargas de Infantería y 45 de Artillería de Ceuta.

Un Grupo de tres compañías de Zapadores de Ceuta.

Un grupo de comunicaciones con una estación óptica a caballo, dos estaciones ópticas a lomo, una estación radio a lomo y una sección de tendido; todo ello de Ceuta.

Una ambulancia de montaña de Ceuta con 35 artolas.

Una sección de camilleros de 50 hombres de infantería de Ceuta.


Columna de la derecha.


Jefe: Coronel de Infantería don Benigno Fiscer.

Jefe de E.M.: Comandante Don Rafael Domínguez Otero.

Oficial de E.M.: Capitán Villanueva.

Comandante de Artillería: Don Santiago Freire.

Comandante de Ingenieros: Comandante Don Anselmo Loscertales.


Composición:


Mehal-la de Melilla (Infantería).

Un Tabor de Infantería Regulares Larache.

Dos Banderas del Tercio.

Batallones de Cazadores de África n.º 7, 8 y 9.

Una Batería de 7 cm., otra de 7,5 y otra de 10,5 cm de Larache y una batería de 7,5 de Melilla.

Un Parque Móvil con 30 cargas de Infantería y 45 de Artillería de Larache.

Un Grupo de tres compañías de Zapadores de Larache.

Un grupo de comunicaciones de Larache, compuesto de una estación óptica a caballo, dos estaciones ópticas a lomo, una sección de tendido y una estación radio a lomo.

Una ambulancia de montaña de Larache con 35 artolas.

Una sección de camilleros con 50 hombres de infantería de Larache.



Columna de reserva.


Jefe: General de Brigada, Excmo. Señor Don Ángel Dolla.

Jefe de E.M.: Teniente Coronel Don Manuel Pereira Miño.

Oficial de E.M.: Capitán Ramírez.

Comandante de Artillería: Comandante Don Antonio Pérez Cano.

Comandante de Ingenieros: Comandante Don Roger Espin.


Composición:


Mehal-la de Tetuán (2 Tabores de Infantería).

Batallones de Cazadores de África n.º 4 y 17.

Una Bandera del Tercio.

Seis Baterías: 2 de 7 cm de Melilla que están en Axdir.

2 de 7,5 cm de Melilla.

1 de 10,5 cm de Ceuta que está en Axdir.

1 de 15,5 cm de Ceuta.

Un Grupo de tres compañías de Zapadores de Ceuta.

Un Parque Móvil con 30 cargas de Infantería y 45 de Artillería.

Un grupo de comunicaciones compuesto de una estación óptica a caballo, dos estaciones ópticas a lomo, una estación de tendido y una estación radio a lomo de Ceuta.

Una ambulancia de montaña de Ceuta con 35 artolas.

Una sección de camilleros de 50 hombres de infantería de Ceuta.


Columna de Caballería.


Jefe: Coronel de Caballería Don Miguel Ponte.

Oficial de E.M.: Capitán de E.M. Angel Riaño.


Composición:


Un Tabor de Caballería de la Mehal-la de Melilla.

Un Tabor de Caballería de Regulares de Tetuán.

Un Escuadrón de Regulares de Ceuta.

Un Escuadrón de Regulares de Melilla.

Escuadrón de ametralladoras de Vitoria.

Escuadrón de ametralladoras de Taxdir.

Tres estaciones ópticas a caballo.

Una ambulancia con 12 artolas.

Un Parque Móvil con 12 cargas de Infantería.


Otro tipo de equipamiento que se utilizó en esta batalla fue el siguiente:


Material de fortificación.

A medida que la comandancia de Melilla lo vaya adquiriendo y se reciban además de la península los envíos anunciados, se constituirán los repuestos siguientes:


1 millón de sacos terreros.

257 km de alambre espinoso.

9700 estacones de madera y su dotación de grapas.

3925 elementos de alambrada arrojadiza de 10 m.

39.250 piquetes de hierro.

8750 rollizos

8750 chapas de zinc.

700 escudos de tirador.

100 chapas de blindaje.


Aparte del equipamiento de las armas y otros pertrechos, un asunto muy importante en cualquier campaña militar es el alimento. Si un soldado está hambriento difícilmente puede enfrentarse a un enemigo. Respecto a los víveres el documento analizado dice lo siguiente:


«Víveres: se reunirán tres meses de ranchos calientes para 31.000 hombres de ellos 8000 indígenas; tres meses de pienso para 5300 cabezas de ganado a razón de cinco kilos de cebada para todas y cuatro de paja para ganado de artillería interés para el resto; estos repuestos se cuidará Melilla de mantenerlos en todo momento. 200.000 ranchos en frío, de ellos 50.000 indígenas cuya reposición se realizará según mis órdenes. En los repuestos de rancho caliente se considerarán incluidos los elementos para la confección del plan de oficiales, tropa y hospitales».


Es de destacar en este aspecto la importancia que los mandos militares daban a la alimentación y a la salud de la tropa. Dentro de las instrucciones, se indicaba explícitamente que en una campaña de varios meses de duración la proporción de bajas por enfermedad era mayor que la producida por las armas, en consecuencia cualquier descuido en la alimentación, el aseo, el calzado, etcétera, podía tener muy negativas consecuencias. Se ordenaba extremar la atención a la hora de elaborar los ranchos calientes, darlos siempre que fuera posible, cuidar que todos los soldados llevaran llena su cantimplora de agua y su paquete de cura individual.

Las instrucciones concretas para la ejecución de las operaciones abarcaban todos los aspectos del ejército, retaguardia, sanidad, víveres, zapadores, caballería, artillería, el apoyo de la aviación y finalmente la expansión a lo largo del territorio de las cuatro agrupaciones.

Comenzaban con el servicio de retaguardia. Se indicaba que para el abastecimiento de toda clase de elementos se usaría el transporte por automóvil hasta donde fuera posible. En la cabeza de la etapa se ubicarían los depósitos avanzados provisionales que, o bien podrían avanzar más adelante, o desdoblarse según conviniera fraccionar a las columnas. De este modo, tanto los abastecimientos como las columnas de soldados estaban en continua comunicación y movimiento según fuera necesidad concreta. Una segunda fase se refería al transporte a lomo de mulos, que se reservaban para los días de combate y los servicios de carácter urgente, pero indicaba que en cuanto terminase su misión deberían regresar a la cabeza de la etapa para evitar la desaparición prematura de los animales.

Respecto a la estrategia bélica propiamente dicha, las instrucciones indicaban en primer lugar que debía evitarse tener a las formaciones concentradas en un solo lugar, porque de ese modo serían más vulnerables para el fuego de cañón enemigo. Asimismo se debía hacer saber al soldado que el efecto del fuego de cañón y de las granadas de mano era «más bien moral» (sic), muy inferior al de fusil, por lo que la tropa no se debía atemorizar ni quebrantar el espíritu porque la protección más eficaz era la trinchera estrecha que después se perfeccionaba cubriéndola con rollizos, chapas y tierra. Lógicamente, una vez conquistado un territorio o área, la primera tarea era la fortificación, y para ello cada soldado debería llevar dos sacos terreros, de esa manera un primer paso era la fortificación con los propios medios antes de la llegada de los zapadores.

Se preveía que los rifeños atacarían más por la noche que durante el día, por lo tanto se ordenaba que las unidades tuvieran elementos de refuerzo, que supieran combatir de noche y que aunque fueran atacados con granadas de mano no debían retroceder. Las instrucciones advertían también sobre una táctica muy empleada por los rifeños, el denominado «paqueo». Eran disparos aislados realizados individualmente por sorpresa, pero que eran muy certeros y debido a que no se sabía de dónde procedían, minaban seriamente la moral de la tropa. Se ordenaba que no debían responderse porque lo que buscaba el enemigo era descubrir las posiciones y que consumieran municiones inútilmente. Era mejor observar al enemigo y dejar que se acercara a la posición para así repeler la agresión mejor.

Una característica de esta batalla fue la movilidad. No era necesario permanecer en las posiciones como en Xauen, porque ya la retaguardia en el norte estaba cubierta y el enemigo huía hacia el sur. La estrategia era ocupar el territorio avanzando. En este sentido las instrucciones para la artillería fueron las siguientes:


«Siendo en esta guerra los objetivos corrientes muy numerosos y de corta duración, se evitará el realizar frecuentes transportes de fuego que restan toda eficacia a la acción artillera por falta de tiempo para su debida corrección atendiendo únicamente a los objetivos esenciales previamente marcados o que excepcionalmente surjan durante el combate».


El despliegue del ejército en este caso fue mucho mayor que en el desembarco de Alhucemas y además, continuaba estando apoyado por la aviación para algunos ataques concretos y por los barcos fondeados en la bahía de Alhucemas, que servían a la vez de depósitos para los suministros que se necesitaran y de hospital. En realidad esta campaña fue una continuación del desembarco, pero ya, obviamente, desarrollada solo en tierra y reforzada con un incremento sustancial del número de soldados. Ya no se trataba de ocupar una playa y avanzar unos kilómetros hasta tomar la ciudad de Alhucemas y Axdir, sino de vencer al ejército rifeño y ocupar una mayor extensión del territorio, con ello además, se iba desarmando al enemigo.

El resultado final fue que Abd-el-Krim se vio totalmente acosado y acorralado y terminó entregándose a los franceses. La campaña duró menos de un mes.


Conclusión

La Guerra del Rif fue el gran problema de España durante los años 20 del siglo pasado. El desastre de Annual de 1921 no solo significó una derrota militar, sino un enorme desprestigio en la política exterior porque implicaba que el cometido internacional al que se comprometió España con la firma en 1912 del tratado con Francia podía no ser cumplido. Primo de Rivera hizo todos los esfuerzos, no solo económicos sino también estratégicos, para resolver el problema de Marruecos. Hay que tener en cuenta que Primo era de la opinión que España debía abandonar Marruecos, pero el acuerdo mencionado se lo impedía, en consecuencia la única salida era ganar la guerra. Lo hizo no solo con el desembarco de Alhucemas, sino reorganizando los servicios de espionaje y «obligando» a intervenir a Francia, con ello se ahorraban recursos y forzaba a que los rifeños usaran más. El gran despliegue demostrado en esta última batalla viene a confirmar que el objetivo de Primo de Rivera era firme y por ende, enviaba el mensaje a Francia y a Petain de que la rebelión de los rifeños no era solo un asunto interno de España sino que afectaba a todo el entramado internacional derivado del Acta de Algeciras. Posteriormente a esta batalla ya solo hubo escaramuzas en la zona española, que fue totalmente pacificada y desarmada unos meses después.


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1La documentación sobre el seguimiento de este viaje se encuentra en las cajas 81/9979 y 81/9980.

2Las cajas de archivo donde se encuentran los documentos de creación y funcionamiento de estos organismos son: 81/673, 81/674, 81/675, 81/676, 81/10494 y 81/10495. Se incluyen los informes de los espías, cartas y telegramas entre las autoridades y la contabilidad de ambos organismos.

3Las cajas del archivo que hay que consultar para el estudio de la Conferencia de Madrid son: 81/9987, 81/9988, 81/10012, 81/10013, 81/10014.

4En la caja 81/9988 se encuentran los documentos que corroboran esta afirmación. En concreto hay un expediente titulado «Conferencia de Madrid, 1925» en el cual se incluye un documento titulado «Notas sobre las próximas negociaciones Hispano-Francesas» redactado por Primo de Rivera y que se entregó a los integrantes de la delegación española. Era un documento de uso interno que describía la permisividad que tuvo Francia desde el inicio de la guerra con el tráfico de armas y mercancías en la frontera de ambas Zonas del Protectorado. También se incluyen los telegramas que intercambiaron Petain y Primo de Rivera. Para España el contrabando más peligroso era el terrestre, que provenía de la Zona francesa, no el marítimo.

5Los documentos originales de la preparación y desarrollo del desembarco de Alhucemas se encuentran en las cajas 81/9992, 81/671 y 81/9985. Esta última caja es especialmente importante porque consta de tres expedientes, entre los cuales se incluye el proyecto original presentado al gobierno por el general Gómez Jordana-Souza, el principal diseñador del desembarco, así como el diario de campaña. También contiene algunos telegramas del fallido desembarco de 1913.

6La información sobre las negociaciones de sumisión de las kabilas y las correspondientes ceremonias de sumisión, con el acto ritual propiamente dicho, se puede encontrar en las cajas 81/672, 81/658 y 81/666. En esta última se encuentra un expediente titulado «Sumisiones. Organización política e instrucciones provisionales para el Sector Norte de la Zona Occidental. Condiciones que se han de cumplir para la sumisión». Son instrucciones y criterios para la ceremonia de sumisión de la kabila.

7Los documentos de la conferencia de Uxda, cartas, telegramas, informes previos, transcripción de las conversaciones e informes finales se encuentran en la caja 81/9989.

8Este documento se encuentra en la caja 81/9989. Es el objeto de análisis de la segunda parte de este artículo.